Uno no puede evitar sentirse un poco chivato al decir “Phil Collins no sabe solfeo”. Pero en realidad, lejos de ser algo que denosta al gran músico, es un piropo. Y no solo por aquello de “y mira dónde ha llegado” sino porque necesidad obliga, y él se inventó su propio sistema de notación. Ahí es nada.

Puestos a añadir una canción de su carrera musical a nuestra lista, he elegido la que vino a presentar a nuestro país un día muy concreto de 1991 cuando apareció por el estudio, educado, serio… y flemático. Muy british, si me permiten los ingleses. Inciso: no he podido evitar escribir estos días sobre algún artista de esa isla, con la que les y nos está cayendo. Y digo un día muy concreto porque eso fue lo que arruinó el encuentro. Traducimos directamente del inglés:

– Gracias por venir, Phil, en un día que sé que es señalado.
– De nada. ¿A qué te refieres?
– Al cumpleaños de tu hija. ¡Ya tiene dos años!
-… Hola. Me tengo que ir.

Dicen que volvió directo a Torrejón a subirse al avión privado y dejó colgado todo el plan de promoción en toda España por aquella tonta forma de saludarle. Mis queridos compañeros de todas las TV y del resto de radios supongo que se quedarían esperando a que llegase el ex batería de Genesis, sin éxito. Al día siguiente apareció en la redacción una queja formal de su discográfica, alegando que su vida personal no guardaba ninguna relación con su disco, etc. Juro que no he sido ni seré nunca amarillista ni me he asomado al mundo del cotilleo. Sencillamente, en una época sin internet, me gustaba prepararme las entrevistas leyendo todo magazine musical que cayera en mis manos. Cuando descubrí la fecha en la que nació su ahora también célebre hija, no pude evitar darme cuenta de que justo cumplía dos años durante la visita de su papi a España.

Anecdotario aparte, se le reconoce a Mr. Collins una serie de méritos que empiezan con un tambor de juguete a la tierna edad de 5 años. Mucho tuvo que aporrear el instrumento el gran músico para que su madre, representante teatral, prefiriera que se dedicara a actuar. Ahora viene cuando te cuento que aparece en la película de The Beatles A Hard Day’s Night. De fondo, pero está entre el público enfervorizado de uno de los conciertos del film. No sintió que los designios del Destino le llevasen por la trama actoral cuando siguió aporreando baterías cada vez más y más grandes, hasta montar un grupo llamado The Real Thing. No serían demasiado buenos si la banda se deshizo tras su primera gira. Sin embargo, no se rinde y responde a un anuncio en una revista. Unos chicos muy modernos que se hacían llamar Genesis buscaban batería. Tras un pequeño “casting” en casa de los papás de Peter Gabriel, comenzó haciendo suplencias para acabar convirtiéndose en voz solista del grupo. Por cierto, en alguna ocasión confesó que pasó el examen gracias a llegar pronto y aprenderse de memoria lo que tenía que tocar. Y lo hizo escuchando a los que iban antes que él. Porque, como ya vimos, lo que es solfeo… nada.

A ver quién no siente máxima admiración por un hombre sin solfeo pero que ha recibido todo tipo de reconocimientos universitarios, como el doctorado de música en el Berklee College of Music. O, atentos a la proeza, un doctorado honorario de Historia por la Universidad McMurry en Abilene, Texas. Nada que ver con las baquetas. Le fascinó desde pequeño la batalla de El Álamo y se hizo coleccionista de objetos relacionados con ese momento histórico, además de publicar algún libro sobre el tema.

A pesar de no dedicarse en cuerpo y alma, aparecer de extra en una película de The Beatles no ha sido lo único que ha hecho en el mundo del cine. Desde la película Buster hasta el Oscar por la música de Tarzán, no olvidó las clases de interpretación que recibió con apenas 14 años por recomendación de su madre. Una mujer a la que, seguramente, no habría perdonado que se hubiera olvidado de su cumpleaños.