A los grandes morosos del país los saca ahora Hacienda como un anuncio inverso de la España de la lotería, del jamón york y del Varón Dandy. Hay otra España que vive sin pagar, que gasta sin tener, que figura sin ser, y puede que sea una España más verdadera que la del currante con su sueño de cupón y café con leche. En el listado de morosos está Kiko Matamoros ahí como en su ambiente, como un ruso con discoteca; está Mario Conde, que es como un lord Byron eterno de la deuda, más melancólica que financiera; está hasta IU de Madrid, no tanto porque hayan olvidado la cosa pública sino porque esta gente siempre ha confundido lo público con lo suyo. Nuestros morosos son morosos de varietés porque España es un país de varietés, y hacen todos como una gran charanga, un gran belén o un gran plano secuencia de Berlanga lleno de artisteo, famoseo, postureo y motocarros con letra impagada.

Futbolistas de cliché, actrices con filtro de gasa, escritores de esas novelas que parecen cajas de polvorones, grandes empresarios que no conoce nadie, como empresarios de pompas fúnebres, multinacionales que se hacen las suecas siendo de California o se hacen las españolas por estar en España… Aquí la deuda, el impago, el gorroneo, las largas, el españolísimo sablazo de sable de as de baraja, todo eso siempre ha tenido prestigio. El dandismo español es el del tieso, el éxito español es el del hortera con taco, la inteligencia española es la del gañoteo, la política española es la de tomar lo público para lo propio, y todo esto coincide en intentar aflojar lo menos posible, lo mismo a Hacienda que al camarero. Es toda una conjura cultural, que incluso nos copian los de fuera cuando llegan. Pensándolo bien, la lista de morosos de España a uno le parece una pinacoteca gloriosa e histórica, como el Prado, llena de gorgueras, dinastías, bufones, bodegones podridos como una Santa Cena podrida, señores de la lorza y diosas del tirabuzón.

En la lista hay famosillos, futbolistas, multinacionales y gente desconocida. Y está IU, que al hurtar impuestos hace un monumento a la ironía que parece un monumento soviético al cosmonauta»

En el listado están futbolistas como Dani Alves, Eto’o o Milito, que tienen como defensa precisamente ser futbolistas, no saber de cuentas o no saber de nada, como no sabía Messi y por eso interrogarlo era como interrogar a un gorrioncillo mojado. Al futbolista, como al torero, siempre lo lleva una especie de apoderado que lo salva de leer, de pensar, del tocomocho y de contar los billetes, por eso siempre parecen más inocentes, como si sólo hubieran roto de un balonazo de millones la ventana de la delegación de Hacienda. En el listado está el cocinero Sergi Arola, que a lo mejor tampoco es tan extraño porque toda esa cocina moderna siempre resulta sospechosa, como el arte moderno, ahí entre la gaseosidad y la estafa. Está el mismísimo Twitter, al que quizá le ha fallado la inteligencia artificial para los impuestos, como le falla para todo lo demás. Está, ya hemos dicho, IU de Madrid, que al hurtar impuestos hace un monumento a la ironía que parece un monumento soviético al cosmonauta.

Pero no sólo hay famosillos, futbolistas, multinacionales, sino gente más o menos desconocida u olvidada que de repente se convierten como en folclóricas, como en Lola Flores con su éxito de Lola Flores y su deuda de Lola Flores, pidiendo pesetas al español. A mucha gente no le sonará Bartolomé Cursach, pero quizá gracias a esta lista descubra que es como el ruso que no puede ser Kiko Matamoros. O Agapito García, el español que más debe a Hacienda, o sea el faraón de la lista, que resulta que sólo es rico en deudas y eso a uno le parece muy español, como una feria sevillana con señorito a dos velas. Esta lista incluso puede resucitar a gente que uno pensaba que ya no estaba en los negocios ni casi en la vida, como el mismo Mario Conde, que parece condenado a la angustia financiera como a una angustia de tirantes apretados. O Paz Vega, que uno tenía ya sólo por una bella luz agonizante, pero ahí está, debiendo sus buenos dineros al fisco, como si cobrara por ser moza de lata de aceite o de cartel con guitarra.

Lo más raro y sospechoso de la lista, sin embargo, le parecen a uno los escritores. No ya que deban dinero en plan chungo, como si fueran José Luis Moreno, o en plan bohemio, a lo Max Estrella, que sería lo normal. No, lo más sospechoso es que ganen para estar ahí, al lado de futbolistas con esmoquin de bombillas o de empresarios de la noche con un imperio de jacuzzis, gorilas y gogós. Uno cree que el escritor rico no puede ser sino un usurpador, porque o no está haciendo literatura, que ya no vende, o no es rico. Al menos, mientras yo no sea rico, por supuesto. El caso es que Ildefonso Falcones, con su nombre y su estilo de oficinista con novia imaginaria, debe 1’3 millones. Y César Vidal, más telepredicador que otra cosa, entre lo que es de Dios y lo que es de César debe 2’6 millones. Lo de la deuda casi me da igual: si IU puede deber a Hacienda, puede cualquiera. Pero estos escritores ricos deberían ser expulsados del gremio literario, como los reguetoneros deberían ser expulsados del gremio musical. Ser, también, sólo varietés. 

Ahí están nuestros grandes morosos, ahí está nuestra España, el espabilado, el despistado, el santo, el señorito, el Partido, el banquero, la empresa sin empleados, el rico sin blanca, el artista con la gloria invertida en bonos, el futbolista como un niño grande con su propio cromo, el señor de cementera con su saco de billetes como un saco de jamones, el aristócrata con agujero en los codos y bastón de Antonio Gala, el juncalismo, el berlanguismo, el pelotacismo, el larrismo. Deben con pedigrí, deben con chulería, deben con pena, deben con pereza, deben con bata de cola, deben con vergüenza, deben porque es su oficio o porque es su destino, deben sin medida y sin remedio y sin hora. Hay de todo en nuestras varietés, de tragafuegos hasta reyes, y no nos extraña. Es lo demás, la nómina, el IVA, la póliza, la cuenta sin borrón, el jamón york, la primitiva del jueves, la otra España, lo que parece mentira.