Las perspectivas económicas continúan condicionadas a corto plazo por las implicaciones de esta nueva ola de la pandemia, los elevados niveles de inflación o la crisis energética, agravada con las tensiones geopolíticas en Ucrania. Una combinación de factores que proyecta una moderación del crecimiento global en este primer trimestre del año, en línea con las previsiones de los principales organismos internacionales. En este sentido, tras constatarse una significativa ralentización del avance del PIB de la Eurozona en el último trimestre de 2021 a un 0,3% trimestral, el invierno estará marcado por la desaceleración a la espera del repunte de la actividad a partir del segundo trimestre.

Todo ello en un contexto en el que se ha observado el impacto de la falta de suministros, materias primas y personal en la producción industrial de la zona monetaria europea, contrayéndose el pasado mes de diciembre en el caso de Alemania un 0,3% mensual y en el de España un 2,6%. Una situación que continúa afectando al tejido empresarial europeo como han reflejado los últimos datos del Indicador de Sentimiento Económico (ESI) de la Comisión Europea. En este trimestre, un 54% de las empresas de la Eurozona afirma encontrarse afectada por la escasez de insumos y un 26% por la de trabajadores, su mayor nivel histórico.

Junto a estas presiones inflacionistas, se mantiene la preocupación por la evolución del coste de la energía debido a sus repercusiones en el nivel de precios y, por tanto, sobre la competitividad de las empresas y la capacidad de compra de los consumidores. El repunte de los precios del petróleo y del gas natural, ante los reducidos niveles de inventarios y los riesgos en torno a Ucrania, mantendrán elevados los costes de la energía al menos hasta 2023. No obstante, su impacto en términos de inflación se está produciendo de forma asimétrica entre los Estados miembros, principalmente por la heterogeneidad del diseño de sus mercados minoristas de electricidad y las medidas que están adoptando los gobiernos para reducir la factura eléctrica de los hogares. 

De esta forma, las disrupciones de oferta y la crisis energética dibujan un entorno de mayores niveles de precios en 2022, y crecientes riesgos de efectos de segunda ronda en la inflación. Así, la Comisión Europea en su actualización del escenario macroeconómico ha revisado significativamente al alza sus previsiones de inflación, proyectando que alcance en la Eurozona en el conjunto de 2022 un 3,5% anual (2,2% previsto en noviembre), frente a un 2,6% en 2021. En concreto, estima que tras cerrar este trimestre en un 4,8% anual, comenzará a moderarse hasta un 3,0% en el tercer trimestre y un 2,1% a finales de este año. Una senda que de producirse podría situar la tasa de variación promedio del IPC en un 1,7% anual en 2023 (frente a un 1,4% en su estimación anterior), por debajo del objetivo del 2% del BCE.

Las mayores tasas de inflación en 2022 se esperan en Italia (3,8%), Alemania (3,7%) y España (3,6%)»

Estas previsiones se han realizado a la espera de las que presentará la autoridad monetaria europea el próximo mes de marzo, que podrían señalar no sólo hasta qué punto la persistencia de la elevada inflación representa un riesgo para el crecimiento a corto plazo, sino también el ritmo al que se producirá la normalización de la política monetaria de la Eurozona. Una desviación al alza de las estimaciones de inflación podría llevar al BCE a realizar una primera subida de tipos de interés en la segunda parte de este año con el objetivo de anclar las expectativas de los agentes económicos y progresivamente ganar margen de maniobra ante nuevos escenarios.

En este entorno, entre las principales economías de la Eurozona las mayores tasas de inflación esperadas en el conjunto de 2022 se registrarían en Italia (3,8%), Alemania (3,7% anual) y España (3,6% anual), mientras que en Francia (2,8%) se mantendría al igual que el año pasado por debajo del promedio de la zona monetaria europea. De ahí la importancia de que en nuestros países se moderen las presiones inflacionistas para evitar un mayor retraso de la recuperación económica frente al resto de Estados miembros, y un menor dinamismo de la actividad ante el deterioro de la renta disponible de los hogares y de los márgenes empresariales y el aumento del coste de financiación, que ha comenzado a observarse en la curva de tipos de la deuda pública española.

Las actuales incertidumbres y la pérdida de dinamismo de la economía explican la revisión a la baja de la CE del avance del PIB de la Eurozona a un 4,0% anual este año, frente a un 4,3% proyectado el pasado mes noviembre. En este sentido, será clave el repunte de la actividad a partir de marzo, la moderación de las tensiones inflacionistas y geopolíticas en Europa del Este, y el avance en el despliegue de los fondos de recuperación Next Generation UE. Todo ello condicionado la evolución de la pandemia, y al grado de normalización de la política monetaria del BCE y de endurecimiento de las condiciones financieras a nivel global, por sus implicaciones en el sector exterior europeo.

Factores que determinarán, junto a las decisiones de política económica y la confianza de hogares y empresas sobre las perspectivas socioeconómicas de nuestro país, si España alcanza un avance del PIB de un 5,6% anual en 2022, logra recuperar los niveles de producción previos a la pandemia y construir una senda de crecimiento sostenible.

Alicia Coronil Jónsson, Economista jefe de Singular Bank