En el mes de marzo, cuando se produjo el cambio de posición sobre el Sahara, tanto el presidente del Gobierno como el ministro de Asuntos Exteriores lo justificaron porque de esa forma se garantizaba la integridad territorial de España. Sin decirlo expresamente, lo plantearon como un do ut des: cedemos a Marruecos la soberanía sobre el Sahara a cambio de que Marruecos renuncie a la reclamación de soberanía sobre Ceuta y Melilla.

Aunque las relaciones con Marruecos se han normalizado, a costa de estropearlas con Argelia, ni Mohamed VI ni nadie del gobierno marroquí ha hecho mención del asunto. Pero tanto Pedro Sánchez como Albares han insistido en distintas comparecencias en el Congreso en el asunto de la «integridad territorial» cuando se ha debatido sobre la cesión sobre el Sahara.

La cumbre de la OTAN se presentaba como una oportunidad para que la Alianza saliera de la ambigüedad en lo referente a la cobertura de Ceuta y Melilla en el caso de que estas plazas fuera atacadas por un país no miembro de la Alianza. En entrevista ayer en La Vanguardia, Sánchez afirma: «Para España es muy importante que el concepto estratégico de la OTAN incluya en flanco sur».

También ayer, El País titulaba en su portada: «La Alianza Atlántica protegerá por primera vez a Ceuta y Melilla». De ser así, estaríamos ante la resolución de la ecuación que el propio Gobierno planteó en marzo. Se cede ante Marruecos, pero, a cambio, se garantiza la españolidad de Ceuta y Melilla. Lo haría la OTAN que, lógicamente, contaría con el plácet de Marruecos para ello. Una resolución de la Alianza en ese sentido haría innecesaria una declaración del Rey de Marruecos renunciando a su reivindicación histórica sobre las plazas de soberanía españolas.

Sin embargo, ese cambio respecto a la indefinición del Tratado respecto a Ceuta y Melilla no se ha producido. Ayer mismo, Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, eludía entrar en esa cuestión, y dijo que, en todo caso, para la aplicación del artículo 5 del Tratado de Washington (el que se refiere a la intervención en defensa de los países miembros) si se produjera una agresión -él nunca mencionó a Ceuta y Melilla- se requeriría de un acuerdo por consenso del Consejo Atlántico, ya que se trata de una «decisión política». Ni que si, ni que no. La protección de Ceuta y Melilla sigue en un limbo, a pesar de que el Tratado garantiza «la integridad territorial» de sus miembros.

Mientras se hacían los últimos preparativos para la cumbre de Madrid, el pasado viernes se produjo un intento masivo de salto a la valla de Melilla. Preguntado por los incidentes -ya se hablaba de que había varios muertos- Sánchez se limitó a elogiar la labor de las fuerzas de seguridad de Marruecos, en lo que calificó como un trabajo «bien hecho».

Ese mismo día se difundieron unas imágenes captadas por las organizaciones humanitarias de Nador, en las que se veía a cientos de migrantes amontonados en el suelo, mientras eran apaleados sin contemplaciones por la policía de Marruecos.

Mientras Sánchez renuncia a exigir una explicación a Marruecos, la soberanía sobre Ceuta y Melilla sigue en el aire. La OTAN no ha cambiado su ambigua posición al respecto

El sábado, cuando ya se hablaba de más de 20 muertos, el presidente del Gobierno fue preguntado en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros extraordinario que aprobó el nuevo plan anti crisis. Sánchez insistió en que el asalto había sido violento y culpó a las mafias de lo sucedido.

Ayer mismo (cuando la cifra de muertos se elevaba oficialmente a 23 y extraoficialmente a 37) en la entrevista en La Vanguardia, el presidente se limitaba a decir: «Lamentamos la pérdida de vidas humanas… Agradezco la labor de la Gendarmería marroquí».

En la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros celebrado ayer, la ministra portavoz, Isabel Rodríguez, reprodujo ese mismo mensaje. Lamentó las muertes, recalcó la importancia de la «integridad territorial» y acusó a las mafias de lo sucedido. Por cierto, no permitió contestar a las preguntas sobre ese mismo suceso a la ministra Irene Montero, que permaneció callada con cara de circunstancias, pero que no atrevió a decir lo que pensaba de la represión salvaje de Nador.

El Gobierno no ha condenado los hechos y no va a solicitar una investigación sobre lo sucedido. Mientras, los muertos son enterrados en fosas sin que se haya llevado a cabo ninguna autopsia. Huelga decir que Marruecos no hará nada para aclarar lo sucedido.

Sánchez, que comenzó su estancia en Moncloa con el recibimiento alborozado al buque Aquarius en Valencia, califica ahora de «bien resuelto» el chapucero trabajo de la Gendarmería de Marruecos, que ha costado la vida a, al menos, 23 personas. La realpolitik tiene sus inconvenientes. Pero cuando un gobernante se traga un sapo del tamaño del de Nador, lo menos que se le debe exigir es que esa vergüenza sea a cambio de algo sólido, palpable y medible. Ese algo -en una lógica que desde luego no comparto- debería ser la integridad territorial, la garantía de que Marruecos nunca intentará arrebatar a España Ceuta y Melilla. Pero por ahora, esa es sólo una aspiración. Un deseo. La renuncia del presidente a sus principios, sin embargo, es una realidad incontestable, casi un insulto a los que confiaron en él.