Una reportera de Canal Red ponía este domingo un micrófono delante de un venezolano que la emprendía contra quienes se manifestaron frente a la Embajada de Estados Unidos en Madrid para protestar por el “intolerable” bombardeo de Caracas y la subsiguiente detención de Nicolás Maduro.
Se escuchaban de fondo los gritos de amables manifestantes españoles que se referían al exiliado como “fascista” y “gusano” y le emplazaban a marcharse a Miami, parece ser que porque no cabía en España. El régimen bolivariano pagó complicidades con petróleo en el Caribe, pero también engordó a políticos que exportaron a España ese particular socialismo, pacífico y democrático, que tan poco tolera la crítica allá donde se implanta.
Es normal que quienes se han lucrado de esta larga dictadura la califiquen como la más democrática de la historia. “La oposición gobierna 122 municipios”, decía Pablo Iglesias hace un tiempo, sin atreverse a recitar el nombre de cinco ciudades del país. También es perfectamente legítimo que miles de personas se movilizaran este fin de semana para denunciar el imperialismo estadounidense que, a su juicio, es el germen del problema, dado que asfixia territorios con bloqueos hasta provocar su rendición y, entonces, extraer su petróleo.
Esto jamás lo haría Rusia con los recursos del Cáucaso o las aguas del Mar Negro; o Marruecos en el Sáhara Occidental. China tampoco hostiga el Tíbet ni a los uigures. Por eso, el foco debe centrarse sólo en el imperio yanqui. Quienes la emprenden contra sus dirigentes están en su total derecho.
Incluso es legítima la figura del tonto útil que no es de izquierda, pero que ha demostrado en estos días atrás un más que escrupuloso respeto a la legalidad internacional y sus dudas sobre las pretensiones de Estados Unidos, al no querer situar mañana mismo a María Corina Machado al frente de un país liberado, en el que, sin duda, lo iban a poner sencillo los 200.000 militares, comandados por generales con marca e implicación en el narcotráfico y algunos conectados con bandas criminales como el Tren de Aragua; o con guerrillas marxistas como el ENL o las FARC, tal y como denuncia la fiscal de Nueva York que comanda la acusación contra Maduro.
El derecho internacional
No cuestionaré las dudas hacia Donald Trump de tanto periodista híper-dignificado porque el personaje inspira una total desconfianza, pero a lo mejor habría que preguntarse si alguno de quienes pontificaron conocen el origen de esos grupos, que está en la Revolución Cubana y en ese ideal foquista que defendía Ernesto Guevara de llevar el socialismo por toda Iberoamérica, desde Bolivia hasta Patagonia, del cual desconfiaba la URSS, pero nunca detuvo porque, en realidad, era una forma de debilitar a su enemigo del norte. De ahí la fuerza que adquirieron desde Montoneros hasta Tupamaros, quienes surgieron durante democracias y las desestabilizaron. En el caso de Uruguay, con atentados, asesinatos e incluso con la toma de la ciudad de Pando, causante de decenas de víctimas y que, digámoslo así, como el terrorismo global -- desde el narcoterrorismo hasta el 7 de octubre de Hamas -- no son precisamente respetuosos con la legalidad y el derecho.
El Plan Cóndor, creado en los 70, sirvió para intentar aplastar las guerrillas de liberación hispanoamericanas, de ahí que surgieran repugnantes dictaduras militares en todo el continente impulsadas y respetadas por la CIA, que hizo la vista gorda frente al terrorismo de Estado de Videla, Geisel, Pinochet, Banzer o Stroessner, que en algunos casos demostraron una crueldad similar a los nazis e incluso los admiraban, como en el caso del chacal paraguayo.
Aquello fue parte de la Guerra Fría periférica, como en realidad lo fue el revisionismo marxista que derivó en la creación del socialismo del siglo XXI ante el fracaso de la socialdemocracia. Aquello derivó en Chaves, en Evo Morales y en Correa. Es decir, en líder con un ideario nacionalista y populista — nunca ocultado — que incluía planes de reformas para mejorar el sistema democrático en todos los países, pero que no era más que el camino hacia pseudo-tiranías o tiranías, las cuales se conseguían a través de reformas constitucionales o de la negación de la legitimidad de las asambleas, como en Venezuela.
Mientras Estados Unidos prestaba atención a los frentes asiáticos tras el 11-S, China, Rusia e Irán comenzaron a ahormar un bloque de países aliados en la zona con diplomacia, pero también con armas -- ¿quién entrenó milicias en Nicaragua o Venezuela -- y con el afán por conseguir importantes recursos. Supongo que a ‘los ecuánimes’ de esos días pasados no se les habrá pasado por alto este detalle. Lo digo porque les pareció repugnante la sinceridad de Trump al hablar de explorar el petróleo en Venezuela.
Represión en Venezuela
Dado que compran todos los marcos mentales de una izquierda española cómplice de aquello — ¿a quién se le puede tener respeto tras defender una dictadura, sea cual sea la ideología de quien la comanda? —, se les ha olvidado echar un vistazo a los informes de Amnistía Internacional que, sin ir más lejos, el pasado agosto denunciaron detenciones arbitrarias y recrudecimiento de la represión desde las elecciones de 2024. Uno de los hombres a los que citaban en ese comunicado era Alberto Díaz, opositor que fue torturado hasta la muerte el pasado diciembre, mientras el tirano bigotudo pregonaba eso de “peace, no war” y el medio de Pablo Iglesias reivindicaba la legitimidad del chavismo directa o indirectamente a través de la propaganda china en su canal.
Sobra decir que sacar a la fuerza a un dirigente político del país es cuestionable, pero también lo es que en Nueva York se enfrentará a un juicio con todas las garantías, al contrario de lo que sucede con los presos políticos del Helicoide -- una cheka caraqueña -- o con cualquiera que intente expresarse de forma libre en los países del bloque que aspira a derrocar a la potencia hegemónica, donde se aplica la pena de muerte a la disidencia. No es un sistema perfecto ni limpio de polvo y paja el estadounidense, pero el orden occidental respeta los preceptos de la democracia liberal, amenazada estos días por sus enemigos, que son esos.
Es comprensible que figuras políticas españolas — desde Monedero hasta Zapatero, observen sus partidos y sorpréndanse con el nivel de podredumbre que ha causado aquí lo de allá — lamenten estos días lo que sucede por allí. También es respetable que haya quien se manifieste contra “el imperio” y contra la violación del derecho internacional de la extracción no tan quirúrgica de Maduro.
Pero no está bien lo de tomar por tonto al personal y explorar un hecho sin detallar el contexto. Y eso ha sucedido en Canal Red, pero también dentro del periodismo fetén patrio, al que tampoco se le puede pedir conectar, qué se yo, esto con la inestabilidad en el Golfo Pérsico... porque ni siquiera es capaz de conectar la trama de los hidrocarburos con el Caribe o con algún despacho rimbombante por aquí.
Pese a todo, sólo queda felicitar a los venezolanos en el exilio, en Madrid, ciudad que han engrandecido y en la que estos días, sin duda, han tenido que comerse algún sapo al observar las complicidades de tanto desinformado y tonto útil. Por suerte, aquí podrán decir lo que piensan de todos ellos y sólo queda desear que también sea posible hacerlo en el lugar en el que nacieron.
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1 Comentarios
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hace 16 horas
Nunca llueve a gusto de todos, pero, este comienzo de año, Francis nos está trayendo nieve… y ya se sabe, año de nieves, año de bienes.