Luchar contra el discurso del odio obliga, a veces, a incurrir en ciertas contradicciones para mantener las posiciones que hemos alcanzado durante este tiempo de pugna por la verdad. Por eso, sería contraproducente que dejáramos a los fascistas expresar su opinión y diseminar en nuestra sociedad mensajes que conducirían a España unas cuantas décadas atrás, hacia lugares donde el mero hecho de expresar tus ideas podía buscarte algún problema con la autoridad, que incluso podía encarcelarte y humillarte, cuando no someterte a torturas.
Podría parecer que Antonio Maestre se comporta como un incendiario a la hora de referirse como “gusanera fascista” a los venezolanos que se manifestaron en la Puerta del Sol para celebrar el secuestro de Nicolás Maduro por parte del ejército imperialista yanqui. “Gilipollas hay en todo el mundo y de todas las nacionalidades, pero la peculiaridad de la gusanera fascista venezolana en España no podemos eludirla porque tiene la capacidad de mover la sociedad española a posiciones reaccionarias a través de su poder económico y de su influencia política”, expresó desde su tribuna en LaSexta, que se llama Todo está en Bordieu, prueba del bagaje intelectual del autor, excelso y quizás inigualable.
No podemos dejar que circulen por nuestras calles venezolanos que piensen así. Ese hilo argumental es un peligro para nuestra seguridad y para nuestros hijos. Quizás, como afirma Maestre, la política solidaria de España para con estos individuos ha generado un problema cultural serio en nuestro territorio. “El mayor error del Gobierno socialista de estos años es haber sido tan laxo con la concesión de asilo a una caterva de fascistas que representan lo peor de la ultraderecha mundial”.
Lo suyo hubiera sido que, antes de conceder asilo a estos venezolanos fascistas, se les preguntara acerca de su opinión sobre el imperialismo estadounidense y sobre el presidente Maduro. Ya se sabe: uno abre las fronteras con toda su buena voluntad y, al final, se le cuelan elementos radicales que pueden socavar nuestra propia democracia.
Venezolanos ricos
Con la “gusanera venezolana” también conviene preguntarse de dónde saca tanto dinero, que inunda el Barrio de Salamanca, lubrica la restauración madrileña y ayuda a que los tiburones del real estate vivan estos días como en La hoguera de las vanidades. Explica Maestre que su composición sociológica “es completamente diferente a la de cualquier otro grupo de inmigrantes porque una parte de sus miembros tiene "mucho más poder económico que el que puede tener toda la izquierda poscomunista española”.
Interesante apreciación la de Maestre. ¿Por qué sucede eso que indica? ¿Quién ha robado el dinero de ese pueblo caribeño durante las últimas décadas? ¿Quién ha gobernado PDVSA y gestionado sus yacimientos de metales preciosos? ¿Quién infló al Tren de Aragua y al ENL? Sin duda, los 7,89 millones de exiliados. Jamás, pero jamás, cometería ese latrocinio un Gobierno democrático elegido en las urnas.
Por suerte, España cuenta con personas claramente alineadas con el chavismo que, con valentía y sin paños calientes, como Maestre, denuncian la tiranía a la que la oposición venezolana ha conducido a ese país, que también quiere para España. Su artículo ha provocado el efecto de las trompetas de Jericó: ha derribado el muro que se había levantado con la victimización de este tipo de anélido caribeño. La lombriz exiliada. El inmigrante que debería volver a su país. ¿Qué sabrá de España un venezolano, si ni siquiera tiene ni idea de lo que sucede en Venezuela, que lo deja caer Antonio?
Porque la realidad es tozuda, pese a lo que indica el discurso del odio que vierten en sus tribunas elementos radicales, incendiarios, brutos e intelectualmente mínimos que crecen en las televisiones nacionales gracias al padrinazgo de líderes de la comunicación conocidos por todos y reconocidos por unos cuantos; los cuales utilizan a monigotes hiperventilados para que expresen las manías que ellos no quieren reconocer.
Ningún ser humano es ilegal
Aquí nos conocemos todos. Sabemos quién rema siempre a favor de obra y quién, como Maestre, nos cuenta las cosas tal y como son. Y es que ningún ser humano es ilegal, salvo que vengan a tu país y, en lugar de ser agradecidos contigo, decidan expresarse con libertad y repudiar al Gobierno que los ayudó, conduciendo a España hacia el precipicio del fascismo. Que yo soy muy tolerante y tengo muchos amigos inmigrantes, pero si los venezolanos son de derechas, que se vuelvan a su país.
Gracias, Antonio, por contribuir con tu pluma a crear un país más democrático, sosegado y centrado, como la Venezuela - libre - chavista, un Estado fallido donde los generales controlan todas las empresas de las que se puede robar, donde las mafias se alinean con el Gobierno para hacer negocietes y donde los retenes que montan los militares corruptos en diferentes puntos de las carreteras piden a los paseantes que les enseñen el teléfono móvil, por si hubiera que detener a alguien por un comentario en Facebook o un mensaje de WhatsApp favorable a la oposición.
Gracias también, Antonio, por pasarte por el forro los informes de Amnistía Internacional para mostrarnos dónde está el verdadero peligro con tu sobresaliente presbicia. Harían falta muchos más como tú. España no se puede permitir mantenerse tan lejos del paraíso chavista, del que tantos han huido con los bolsillos vacíos y la sensación de que el país que conocieron nunca volverá existir... porque lo ha destrozado una banda ladrona y cruel.
Sucede en el periodismo español como en la política: hay quien ha dejado de distinguir los espejos y pierde mucho tiempo despellejando su reflejo, pensando que es el enemigo. El fascista.
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