Decía el domingo Pedro Sánchez en una entrevista en La Vanguardia: "Yolanda Díaz es una de las mejores políticas que tiene España. Así lo digo, claramente, no solamente por las cosas que ha hecho, también por la intuición política que he observado en ella". Sorprende que a ninguno de los dos entrevistadores (Jordi Juan y Enric Juliana) les entrara la risa en ese instante. Pero no se arriesgaron y no se atrevieron a preguntarle al presidente dónde o en qué ha observado esa "intuición política".
Las expectativas de Sumar en la media de encuestas le adjudican al partido de la vicepresidenta del gobierno en torno a 11/12 escaños. Es decir, 20 menos de los que tiene ahora en el Congreso. Su liderazgo está cuestionado internamente hasta el punto que la semana pasada, IU, el partido con más peso en Sumar, ha dicho en su informe político que "Sumar ya no es un instrumento capaz de aglutinar al conjunto de organizaciones políticas y personas conjuradas para evitar un gobierno de PP y Vox".
Tanto el presidente como los ministros socialistas del Gobierno están hartos de las salidas de tono de Yolanda Díaz. La última, la semana pasada a cuenta de la propuesta para beneficiar fiscalmente a los propietarios que no suban los alquileres a sus inquilinos. Pero a Sánchez no le interesa que Sumar desaparezca, o que quede engullida en una amalgama de grupos, o tal vez devorada por Podemos. De ahí sus piropos a la ministra de Trabajo. Sin embargo, tal como están las cosas, a Díaz ya no hay quien la salve.
La extrema izquierda vive momentos de penuria. Tras un leve respiro en Extremadura, donde la unión de Podemos e IU dio a su candidatura siete escaños, ahora viene el reto de Aragón, donde han sido incapaces de llegar a un acuerdo y habrá tres partidos que aspiran a recoger el voto de ese sector a la izquierda del PSOE: Chunta, Podemos y Sumar e IU.
La vicepresidenta del Gobierno, piropeada por el presidente, es la responsable de la irrelevancia de Sumar
El desastre está asegurado y sus dirigentes dan por perdido este año. Antonio Maillo, líder de IU, cuestiona ya sin tapujos el liderazgo de Yolanda Díaz e incluso de la marca Sumar. Es evidente que Maillo y Pedro Sánchez no coinciden en la valoración de su "intuición política".
Pablo Iglesias, fundador de Podemos, y padre de la criatura –fue él quien elevó a Díaz las alturas, e incluso auguró que sería la futura presidenta del Gobierno– llegó a su tope en las elecciones generales de 2015, en las que Podemos obtuvo 69 escaños, sólo once menos que el PSOE. Iglesias dilapidó ese activo por tres motivos: falta de capacidad, ansias por tocar poder y pérdida de credibilidad ante su electorado. Dejó pasar una oportunidad histórica a cambio de una vicepresidencia y un chalet en Galapagar. Eso habla mucho de su cortedad de miras. Aún así, sigue dando lecciones a los demás desde los medios en los que sigue predicando, algunos de ellos públicos. También él tiene una elevada autoestima.
Ni Iglesias ni seguramente Díaz se han percatado de que la única posibilidad de que la extrema izquierda tenga opciones de gobierno es que el PSOE se hunda. Mientras el PSOE sea el partido hegemónico de la izquierda, la extrema izquierda será… un cero a su izquierda.
Sánchez, que es mucho más listo que Iglesias y tiene muchísima más intuición que Yolanda Díaz, hizo de la necesidad virtud, metió a Podemos en el Gobierno y dejó que los votantes que querían asaltar el cielo se desilusionaran para siempre comprobando que el cielo era algo privativo de sus líderes. Ahora, el partido que hizo temblar el sistema se debate por sobrevivir con sólo cuatro escaños.
A la izquierda le va mal en Europa, como también a la extrema izquierda. Pero, en los países donde tiene alguna posibilidad es en los que los socialistas están claramente a la baja. En las elecciones generales en Alemania de 2025, Die Linke (La Izquierda) logró 64 escaños (un 8,8% del voto), mientras que el SPD se desplomaba hasta los 160 (con una caída del 9,3%). En Francia, La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon obtuvo en las últimas elecciones 74 escaños, quince más que el PS.
Tanto en Francia como en Alemania (en el resto de los países el papel de la extrema izquierda es irrelevante), La Izquierda y La Francia Insumisa han abanderado la oposición a los gobiernos de derechas, al mismo tiempo que han sido muy críticos con los partidos socialdemócratas. Por eso han crecido, en lugar de perder peso e influencia, como ha sucedido en España.
Hoy por hoy, la extrema izquierda no es más que la muleta en la que se apoya Sánchez para seguir gobernando. Tiene la misma utilidad para él que ERC, que Junts o que Bildu. Con la diferencia de que esos partidos le sacan rédito a ese apoyo, mientras que Sumar se desangra.
Probablemente, la única que se haya sentido a gusto el domingo con la entrevista de Sánchez –entre los miembros de Sumar y de IU– haya sido la propia Yolanda Díaz, que también tiene un alto concepto de sí misma. Pero, si tuviera un poco más de intuición, se guardaría de los piropos de Sánchez. Si, llegado el momento, el presidente tiene interés en defenestrarla, lo hará sin derramar una lágrima.
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