Las tensiones entre la Unión Europea y Estados Unidos por Groenlandia no tienen que ser excusa para que la UE descuide las relaciones transatlánticas. Y menos aún, que esto sirva de excusa para acercarnos más a China. El impulso del Mercosur, ahora suspendido por el Parlamento Europeo, demuestra que las relaciones con América Latina son fundamentales para el desarrollo de una autonomía europea. Pero también tiene que ser necesario un impulso diplomático con América del Norte. Norteamérica no solo son los Estados Unidos, también están México y Canadá, y aquí surgen necesidades mutuas. Por un lado, la UE necesita reducir la dependencia de Estados Unidos y China. Por otro, México y Canadá necesitan impulsar sus motores económicos de manera global para acabar con la imperiosa dependencia de su vecino del norte.

La imposición de aranceles a las exportaciones mexicanas por parte de Trump ha creado una extrema sensibilidad económica, sobre todo en la industria automotriz. Guanajuato, Querétaro, Aguascalientes y San Luís de Potosí se pueden ver afectadas por las nuevas exigencias de la Administración Trump. De la misma manera que muchas Tier 2 y Tier 3 (proveedores medianos) han frenado expansiones por el temor de que sus productos ya no califiquen como "originarios", quedando sujetos a aranceles del 2.5% al 25%. En la frontera norte, Ciudad Juárez, Tijuana y Reynosa también se resienten por las políticas de Trump, ya que son los principales lugares de paso entre ambos países. La lentitud en la revisión de las aduanas genera pérdidas millonarias para las empresas exportadoras. Y, por último, el triángulo de Monterrey y Saltillo ha perdido velocidad después de las políticas fiscales que ha impulsado Trump para que las empresas vuelvan a Estados Unidos.

Al imponer Trump aranceles aún más agresivos a China y la Unión Europea, México se ha consolidado como un "mal menor" para los importadores estadounidenses. Esto ha permitido que, a pesar de los aranceles propios, México mantenga su posición como el primer socio comercial de Estados Unidos, aunque con márgenes de beneficio mucho más ajustados. En julio próximo habrá que revisar el T-MEC, y por lo tanto se establecerá la relación comercial entre Estados Unidos y México entonces. Frente a ello, la Unión Europea y México tienen una oportunidad histórica para fortalecer su alianza. Más allá de su inseguridad, que va reduciéndose gracias al papel de la Defensa Nacional contra el crimen organizado transnacional, México tiene una estabilidad política e institucional importante.

Es importante dejar de considerar que todo lo vigente hasta hoy, mañana seguirá vigente. Y en el caso de México, a pesar de enfocar su economía a una extrema dependencia de los Estados Unidos en un 80%, es importante diversificar para ganar robustez y soberanía económica. De la misma manera que la Unión Europea se encuentra económicamente atada a China por el traslado de los polos económicos e industriales europeos allí.

Frente a unos Estados Unidos que buscan en México su taller, la Unión Europea ve en México un socio económico y diplomático"

Debemos ser conscientes que la Unión Europea solamente supone el 5% de las exportaciones de México, pero la UE va más allá, y ofrece una estabilidad y una voluntad creciente de querer invertir y convertirse en un aliado de la administración mexicana en la palestra internacional. Frente a unos Estados Unidos que buscan en México su taller, la Unión Europea ve en México un socio económico y diplomático.

La reunión del grupo de trabajo mexicano-alemán en Infraestructuras de la Calidad muestra cuál debe ser la tendencia europea. Es necesario ayudar a la administración mexicana a desarrollar un crecimiento económico, facilitar las transacciones entre mercados y avanzar en la confianza para conseguir una inversión y un flujo comercial a medio plazo. De esta manera Alemania ayudará a la digitalización de las infraestructuras de calidad, en el comercio electrónico, la electromovilidad hacia una economía sostenible y a fomentar la inteligencia artificial en México. El desarrollo de las infraestructuras mexicanas es fundamental para el fomento de la confianza en la inversión. Es un hecho que juega también a favor de países como Francia, España o Portugal.

Las tensiones generadas por Donald Trump en la política arancelaria y en la cuestión de Groenlandia abren un período excepcional para México y la UE. Para la administración es el socio que permite diversificar su dependencia de EEUU; para Europa, México es un interlocutor estable y con valores compartidos en foros como el G20. Esta alianza no solo intercambia bienes, sino que defiende el multilateralismo en un orden global cada vez más fragmentado.

Además, puede ayudar a reducir las dependencias económicas con Estados en tensión como China por un lado con las escaladas en Taiwán, y Estados Unidos con su incertidumbre. Y frente a ello, al lado de la Unión Europea aparece Canadá, donde Mark Carney con su discurso en Davos se vuelve a posicionar al lado de una visión compartida con Europa, después de cerrar acuerdos comerciales con China.

Debemos considerar que, como consecuencia de las amenazas de Trump sobre Groenlandia, la respuesta europea se acerca a la tensión comercial y el uso de las herramientas anticoerción, y pueden provocar la suspensión de los tratados comerciales con Estados Unidos. Canadá surge en el norte como un aliado indispensable de la Unión Europea, y más aún después del refuerzo del acuerdo sobre economía y comercio, el CETA. Ottawa también es un aliado militar, ya que se ha integrado formalmente en los programas de defensa europeos para las compras conjuntas de equipos. También colabora activamente con la UE para reforzar la vigilancia y defensa en la región ártica. 

En un mundo de 'hombres fuertes', la única respuesta de las potencias medias es el bloque"

Europa y Canadá han dejado de ser los secundarios del multilateralismo para convertirse en sus guardianes armados. La autonomía estratégica ya no es un eslogan de Bruselas, sino una necesidad operativa compartida con Ottawa. Han comprendido que en un mundo de "hombres fuertes", la única respuesta de las potencias medias es el bloque. No es una cuestión de ideología, sino de supervivencia institucional, como afirmó en su discurso Carney en Davos. El nacimiento de una nueva visión de los Estados medianos tiene el mismo sentido del orden internacional que el nacimiento de los no alineados durante la guerra fría, y frente al discurso de Trump, Carney ofrece una alternativa a Trump sin caer en el polo de China.

En conclusión, tanto el Acuerdo Global Modernizado entre México y la Unión Europea, y el apoyo incondicional de los líderes europeos al discurso de Mark Carney sobre las potencias medias, evidencian la necesidad de crear vínculos en el Atlántico Norte más allá de Estados Unidos. Así se evita depender económicamente de China, y políticamente de China. Frente a esta tercera posición marcada por el discurso de Donald Trump, o por la creciente esfera de influencia de China, la Unión Europea, México y Canadá se encuentran en el mismo lado. Quizás por ello sería necesario empezar a dar relevancia a los acuerdos entre estos tres actores, como también empezar a ser conscientes que el mundo que parecía hegemónico y tranquilo ya no lo es. 


Guillem Pursals es doctorando en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.

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