“Ministro, ¿cómo hacen (ustedes) frente a la campaña de intoxicación que está en marcha?”. He aquí la pregunta que Silvia Intxaurrondo trasladaba este lunes a Óscar Puente, en alguna parte de la entrevista de 56 minutos que han mantenido en su programa. Mientras hablaban, los trenes de Rodalies de Cataluña sufrían de nuevo problemas, tras varios días con el servicio casi suspendido, algo que ha alterado la rutina de cientos de miles de personas y que a lo mejor debería acarrear consecuencias políticas, pero que aquí se pasa por alto. Aquí lo importante es hacer frente a los bulos. A las fake news, que siempre tienen su origen en la trinchera contraria.

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Ya lo advirtió Pedro Sánchez la pasada semana, en las horas posteriores al accidente de Adamuz. "Infórmense por canales oficiales" y "huyan de la desinformación". Parece que Inxaurrondo se ha tomado en serio estas palabras, de ahí su campaña contra las noticias contaminantes, que pueden ser falsas o no, pero que siempre son aquellas que, por lo que sea, ponen en duda la versión gubernamental, que es la que evidentemente defienden los ministros, pero deberían confirmar o desmentir los medios públicos en función de si es verdadera o falsa.

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A esta periodista no le premió el PSOE de Madrid por hacer bien su trabajo, como tampoco el Gobierno situó a Miguel Ángel Oliver al frente de la Agencia EFE. Esta última empresa ha realizado una labor propagandística muy afinada durante los últimos días. Ya el día después del accidente, a las 10.56 horas, cuando acababa de llegar a Atocha el último autobús con los pasajeros del tren Iryo accidentado, difundió el siguiente teletipo: “Adif y Adif AV completarán en 2026 una inversión de 24.100 millones en cinco años”.

¿No te da vergüenza, Miguel Ángel? ¿No te da vergüenza, Silvia? ¿No sentís cierta tensión interior por utilizar para eso los impuestos de los ciudadanos? Podría decirse que no, ante la seguridad que demuestran al desempeñar su trabajo, que es sorprendente. Sugiere una convicción a prueba de balas o una renuncia total a ejercer su labor de forma limpia.

Las filtraciones

Porque quien actúa como ellos, enfanga. No hay una forma más precisa de definir el trabajo de alguien que pregunta al ministro por “las campañas de intoxicación que están en marcha” después de que, durante los últimos días, hayan aparecido en la prensa afín las grabaciones de la caja negra del Iryo o la conversación entre la interventora del Alvia y el centro de control. ¿Filtró la oposición esos documentos o fue el Gobierno? ¿Y para qué lo hizo? ¿Acaso para señalar a un maquinista y a un funcionario para que los ciudadanos dejaran de mirar hacia el ministro?

Hubiera sido muy interesante el preguntar a Puente con respecto a estas filtraciones, aunque, en ese caso, a lo mejor a Intxaurrondo no le volvía a premiar el PSOE.

También hubiera estado bien plantear al ministro si se confundió o confundió a sabiendas al asegurar que “la vía es una vía totalmente renovada”, al referirse al tramo donde se produjo el accidente. Lo digo porque eso sucedió antes de que El Mundo mostrara trozos de vía de 1989 y, entonces, el ministro explicara que las obras “de renovación integral” no implican la sustitución de todos los elementos de la infraestructura ferroviaria.

Nadie en su sano juicio culparía directamente al Gobierno de las 45 muertes, pero a lo mejor sí que se puede empezar a pensar que, durante la última semana, han realizado todo tipo de piruetas para intentar controlar el relato y así evitar pagar consecuencias políticas sobre lo sucedido, aunque eso haya implicado la negación y la ocultación de la realidad.

Una huida obscena

Recordemos que, hace una semana, llegaron a calificar de “bulo” que el descarrilamiento se hubiera producido como consecuencia de un problema en las vías. Era el momento de señalar a Iryo, empresa privada, como la posible responsable del suceso.

Cuando la investigación avanzó y se habló de una deficiencia en la infraestructura, se desdijeron. Rectificaron y, con ellos, todo ese grupo de presentadores de medios públicos de comunicación que actúan como perros vigilantes. Este lunes, cuando las pesquisas apuntaban a un defecto en la soldadura, el telediario de las 15.00 horas abría con un titular, que relacionaba los problemas de Rodalies con un ciberataque. Así lo dijo el ministro que llegó a hablar de “sabotaje”, hace unos meses, para explicar el desastre que había producido el enésimo incidente en la catenaria.

Mientras Silvia Intxaurrondo asiente e ingresa su suculento sueldo por parte de RTVE, la totalidad de las líneas de alta velocidad de España han registrado problemas. Se puede culpar a los maquinistas de haber comenzado a reportar de forma abusiva estas incidencias; o se puede plantear una pregunta que Miguel Ángel Oliver no se atrevería a hacer al Gobierno que tan bien le ha tratado: ¿Estas deficiencias son nuevas o se han detectado ahora? ¿Se puso en riesgo con anterioridad la vida de los pasajeros al no disminuir la velocidad en algunos tramos?

A lo mejor al PSOE de Madrid no le gustan estas preguntas y no te galardona el año que viene si las planteas. Estás en todo tu derecho. Quizás si hicieras bien tu trabajo, querida Silvia, el ministro no se despediría de la entrevista con una frase laudatoria: “así da gusto”.

Lo que está claro es que, a la vista de tu labor y de lo que representas, quizás deberías demostrar cierta vergüenza torera e inhibirte de denunciar “campañas de desintoxicación” o de encabezar manifiestos contra el mal periodismo. Porque eso que haces ni se le parece. Eso es otra cosa. Y, ojo, cada cual hace lo que considera y se gana la vida como puede, pero, en determinadas circunstancias, conviene ser más prudente.