Venezuela vive uno de los momentos más complejos desde el Pacto de Puntofijo de 1961, cuando todos los partidos de la oposición a la dictadura decidieron acordar un frente común para el restablecimiento de la democracia. La incursión de Estados Unidos en Caracas del 3 de enero, cuando los Delta Force capturaron a Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, marcó el inicio de este periodo de excepción.

Rápidamente la sala constitucional del Tribunal Supremo de Justicia sentenció que era obligatorio que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumiera la Presidencia por incapacidad temporal del presidente. De esta manera, el propio sistema se daba 180 días, que, mezclados con la declaración del "estado de conmoción interna", atribuían a la vicepresidenta unos poderes excepcionales como presidenta encargada, y el propio Estado también asumía dicha excepcionalidad para gestionar los derechos y libertades.

Y es en este punto donde la realidad y el relato difieren cada vez más. Antes debemos tener presentes una serie de hechos para entender el contexto. En primer lugar, hay que comprender el bolivarianismo como ideología. No es una creación de Hugo Chávez aunque mucha gente así lo presuponga. Esta corriente de pensamiento surge cuando vivía aún Simón Bolívar, y atribuye al libertador una manera de gobernar única en forma de cesarismo bondadoso. El conservador Laureano Vallenilla atribuyó a los países liberados por Bolívar esta manera de dirigirse. A ello se suma el pensamiento del presidente Antonio Guzmán Blanco, quien hacia 1870 consideró que Bolívar había atribuido a los militares la responsabilidad histórica de gestionar la política cuando el pueblo lo necesitara. Chávez fusionó todas estas ideas, y creó la revolución bolivariana, con un fuerte carácter popular y democrático y un fuerte poder político de los militares.

Bajo Hugo Chávez, la revolución bolivariana significó el destierro de las ideas del Pacto de Puntofijo. Con el antiimperialismo y la revolución como bandera, se abrió el proceso constituyente de 1999, y con el resultado a favor se estableció la V República. Venezuela se convertía en la República Bolivariana de Venezuela, y el bolivarianismo pasaba a ser doctrina de Estado. Bajo esta bandera se nacionalizaron recursos, se limitó la libertad de la oposición, y se estableció un intrincado sistema institucional y político donde militares y civiles impulsaban la revolución bolivariana. Con este marco doctrinal el país se acercó a las izquierdas latinoamericanas. Y el poder presidencial se empezó a deformar hacia un control total del Estado de todos los aspectos públicos. Todo era revolucionario, todo era bolivariano. Incluso políticas públicas cotidianas tenían un fuerte carácter patriótico y revolucionario bolivariano.

Después de Chávez llegó Nicolás Maduro, y la fuerte crisis económica empezó y continúa. Pero Maduro no procedía del ejército venezolano, no podía abanderar cierto bolivarianismo porque este implica que los militares sostengan el poder. Y después de diferentes equilibrios y depuraciones con sectores del chavismo, se consolidó un chavismo sin Chávez. Y fuertemente bolivariano. Pero se tensaron las relaciones con la izquierda latina, y quedó más aislado, siendo sus principales socios Cuba, Rusia, China e Irán. Además, al no tener el carisma de Chávez, se incrementó el poder represivo del Estado. La inhabilitación de partidos políticos y el encarcelamiento o exilio de líderes opositores definen este período más que los baños de masas de la época de Chávez. Los militares ganaron poder político, y se introdujeron más aún en la vida institucional del Estado. Todo bajo el precepto de la revolución bolivariana.

Y llegamos al período de Delcy Rodríguez. Arranca como presidenta encargada de la República. Bajo los preceptos de Bolívar y Chávez, jura el cargo frente a la Asamblea Nacional. Con su discurso empieza el delcynismo, una nueva etapa de la revolución bolivariana. Bajo la tutela de Estados Unidos.

¿Cómo explicar esa vigilancia externa? En su discurso frente a la Asamblea Nacional Delcy Rodríguez dijo que estaba abierta a mantener relaciones diplomáticas con Estados Unidos porque el legado de Bolívar así lo exigía. Se basaba en el precedente de que Simón Bolívar y el enviado especial de Estados Unidos Juan Bautista Irvine habían mantenido correspondencia en 1818, a pesar de ser discrepantes. Y, por lo tanto, restablecer relaciones con Estados Unidos era bolivariano. Pero el discurso avanzaba, y presentó la reforma parcial de la Ley de Hidrocarburos, donde se liberaliza la explotación petrolífera, y se facilita la entrada de capital extranjero en el país. Bajo el marco de la Revolución Bolivariana, ya que los beneficios repercutirán en el pueblo. De este modo, se abría el proceso legislativo con la entrada de inversión estadounidense en el país. Y además se remarca que mantener relaciones cordiales con Estados Unidos favorece la posibilidad de regreso de Maduro y la primera combatiente.

Esta semana la Fuerza Armada Nacional Bolivariana ha designado a Delcy Rodríguez como comandante. Esto es importante porque dentro de la retórica bolivariana las Fuerzas Armadas tienen un especial peso político e institucional. Y llama la atención porque es comandante en jefe a pesar de que de momento es "presidenta encargada", no presidenta de la República. La Constitución sólo atribuye tal cargo al presidente. Por lo tanto, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, dirigida por el general Vladimir Padrino, reconoce a Delcy Rodríguez como presidenta. Padrino, junto con Diosdado Cabello y los hermanos Rodríguez son los cuatro pesos pesados del sistema político de Venezuela. Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, hermano de Delcy, se refirió a la reforma de la ley de hidrocarburos con una máxima de Deng Xiaoping, aunque él se la atribuyó a su abuela. "No importa que el ratón sea blanco o negro, mientras cace ratones". Lo que antes era contrario al socialismo (sistema bolivariano), ahora es socialista (sistema bolivariano) porque el partido (el delcynismo) así lo decía. 

Los Estados Unidos de Donald Trump se han convertido en los principales custodios y valedores de esta nueva etapa de la revolución bolivariana"

Y lo mismo pasa con Venezuela ahora. Aquello considerado contrario a la revolución bolivariana ahora es parte de la revolución. Aquello contrario al chavismo, ahora pasa a ser chavismo. Aquello contrario a Bolívar, ahora pasa a ser propio de Bolívar. Se persiguió a la oposición bajo la justificación de ser contrarios a la revolución, y ahora la revolución implica que se libere a los presos políticos. Se volvía a un férreo control y proteccionismo sobre el petróleo bajo los principios de la revolución, y ahora la revolución dicta que se ha de liberalizar el sector. La revolución exigía romper relaciones con Estados Unidos, y ahora la revolución pasa por restablecer vínculos con Estados Unidos. Como dijo Fidel Castro, dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada.

El mismo Fidel Castro que construyó un protectorado cubano en Caracas hasta el punto de que los guardias que protegían a Maduro la noche de la operación de EEUU eran cubanos. Y es que quizás la cuestión más importante a que se hace frente ahora en La Habana es que sin Caracas, por la influencia de Rubio en la diplomacia venezolana, solamente queda un México que les aprovisiona combustible como fin humanitario y en aplicación de la doctrina Estrada. Tampoco sabemos cuánto tiempo se va a mantener Cuba en pie después de la amenaza de Donald Trump de imponer aranceles a todo aquel que negocie con la isla.

En conclusión, los Estados Unidos de Donald Trump se han convertido en los principales custodios y valedores de esta nueva etapa de la revolución bolivariana. A pesar de que el gobierno venezolano dice que nadie les ordena lo que deben hacer, casualmente cumplen con aquello que Marco Rubio, secretario de Estado trumpista, dice desde Washington DC que se tiene que hacer en Caracas. La propia reapertura de la embajada de Estados Unidos en Caracas es la principal muestra de apoyo de Trump a Rodríguez, como también que las concesiones nuevas de PDVSA favorezcan a Estados Unidos, y a empresas europeas vinculadas España e Italia. Tendremos que estar atentos a las próximas semanas, pues como como dijo Pierre Vergniaud, la Revolución devora a sus hijos.


Guillem Pursals es doctorando en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.