Cree en la Revolución Bolivariana, en Dios y en la familia. También rinde culto al gurú indio Sai Baba y confía en los oráculos del I Ching. La primera y más firme combatiente, autoproclamada hija de Chávez, Cilia Flores es la mujer más poderosa de Venezuela. Su marido es el presidente Nicolás Maduro.

Acaba de ser elegida como miembro de la Asamblea Nacional Constituyente, junto al hijo del primer matrimonio de su marido, Nicolasito Maduro. “La justicia llegará. Que se vayan preparando todos los que atacaron, agredieron y asesinaron al pueblo. El pueblo salió a votar que quiere paz y habrá paz… Han subestimado al pueblo y al presidente”, dijo tras la votación con la que Maduro dilapida la Asamblea Nacional, con mayoría opositora tras las elecciones de diciembre de 2015. “Tiene carácter, candela pura”, dice de ella el presidente.

“Flores ha sido la pieza clave en el desarrollo organizativo del chavismo y hoy es la mujer más poderosa del país”, reconocía el politólogo Nicmer Evans a la agencia France Presse. Aunque no es fácil determinar hasta qué punto su capital político es independiente del que tiene Maduro, como afirma el investigador Jesús Azcagorta en Deutsche Welle, “ocupa una posición prominente en el movimiento chavista desde su origen”.

Ha sido clave en el desarrollo organizativo del chavismo y hoy es la mujer más poderosa del país», dice Nicmer Evans

De su determinación habla su trayectoria vital. Como cuenta el propio presidente, que presume del origen humilde de su pareja, nació hace 63 años en Tinaquillo (Cojedes) “en un rancho con piso de tierra”. Es la menor de seis hermanos y a los cuatro años se trasladaron todos a la periferia de Caracas, en las Flores de Catia.

Licenciada en Derecho por la Universidad Santa María, se especializó en penal y laboral. Su vida cambió cuando entró a formar parte en 1992 del equipo de juristas que defendió al entonces teniente coronel Hugo Chávez. De sus charlas con su cliente, surgió una amistad férrea. Quedó para la Historia la voz de Chávez que aceptaba, «por ahora», su derrota. En 1994 Chávez logró el indulto.

Maduro hacía las veces de escolta de Chávez y así se conocieron. “Encontré a Cilia en la vida. Era abogada de varios militares patriotas presos. Era abogada del comandante Chávez cuando bueno, ser abogada del comandante Chávez en la cárcel era duro… La conocí en esos años de lucha y después ella me empezó a picar el ojo, a hacer ojitos”, ha contado el propio Maduro, diez años más joven que ella.

La conocí en esos años de lucha y después ella me empezó a picar el ojo, a hacer ojitos», ha contado Maduro

Cilia Flores se compromete en esos años políticamente con el movimiento bolivariano y está junto a Chávez y Maduro cuando el comandante se hace con la victoria electoral en 1998. Primero fue diputada y en 2006, se convirtió en la primera mujer que presidía la Asamblea Nacional.

Severa en las formas, implacable con los escasos adversarios que le salían al paso, de esa época se recuerda cómo favoreció hasta unos 40 parientes y amigos para lograr puestos en la administración. Lo denunciaron los sindicatos y se hicieron eco los periodistas, “mercenarios de la pluma” en su ideario. Les negó la entrada al hemiciclo. Después de su paso por la Asamblea, fue designada procuradora general en 2012.

Devoción por la familia

La familia es su devoción y uno de sus mayores quebraderos de cabeza. Tiene tres hijos de su primer matrimonio con Walter Gavidia, uno de ellos juez. En una entrevista publicada en 2002 por Ultimas noticias, reconocía que su primer marido le había sido infiel. “Como esposo no funcionaba porque es mujeriego”, decía Cilia sin rubor.

En su programa de televisión Cilia en Familia, la primera combatiente, a quien le gusta vestirse con los colores de la bandera venezolana, ya sea chándal o traje pantalón, combinaba un elogio a los valores de la revolución con un ensalzamiento de la unión familiar al estilo siciliano. Es una especie de Aló Presidenta, en el que se deja querer por venezolanos que muestran los beneficios que les ha traído la revolución bolivariana.

Las ovejas negras de la saga han sido dos de sus sobrinos, Efraín Campo Flores, y Franqui Flores, a quienes detuvieron en Haití en noviembre de 2015 en un operativo de la DEA, a quien Cilia acusó de “secuestro”.  Les han declarado culpables de conspirar para introducir 800 kilogramos de cocaína en territorio estadounidense. Están pendientes de condena, que se conocerá en septiembre, pero la fiscalía pide cadena perpetua y la defensa trata de que la pena sea inferior a diez años.

Leal a los suyos, mantiene la defensa de sus sobrinos, a quienes presenta como víctimas del imperio, así como protege a chavistas como Maikel Moreno, presidente del Tribunal Supremo de Justicia, a quien impuso en el cargo pese a que fue condenado por matar a una mujer y fue investigado por formar parte de una banda criminal. También forma parte de su círculo más íntimo el ex ministro de Educación Elías Jaua, ahora también miembro de la Constituyente.

También es tenaz como enemiga. Desde 2014, cuando impidió que ocupara el cargo su amiga Miriam Morandy, mantiene una lucha a muerte con la fiscal Luisa Ortega, quien se ha erigido en la estandarte del chavismo más crítico con Maduro. Ortega está en contra de la Constituyente (ANC) y acaba de ser destituida por la ANC. Ha denunciado que pretenden ocultar pruebas de corrupción y le han confiscado sus bienes y le impiden salir del país.

Estábamos unidos desde nuestra alma con Dios, en Dios y por Dios, pero decidimos pasar a la legalidad», dijo Cilia sobre su boda

Cilita, la bonita, como suele decirle en su tono de broma Maduro, se casó con el presidente en 2013, tras casi 20 años de relación entre bambalinas. “Estábamos unidos desde nuestra alma con Dios, en Dios y por Dios y con nuestra familia, pero decidimos, una decisión sabia, buena decisión, pasar a la legalidad de la Constitución de nuestras leyes”, afirmó Flores, devota cristiana.

Maduro ya anunció que no sería primera dama, concepto burgués que no es del gusto de los bolivarianos. El presidente Maduro dijo de ella que sería “la primera patriota, la primera socialista, la primera mujer del pueblo en los barrios, en las calles”. Ahora seguirá con su misión desde la controvertida Asamblea Nacional Constituyente, que dice nacida para la paz, en un país cada vez más dividido y más desangrado.

Reconoce que en los momentos cruciales consulta el I Ching como los emperadores chinos. En la víspera del golpe contra Chávez, asegura que leyó: “Lo vulgar, lo oscuro lucha contra lo noble, lo fuerte. No lo hace directamente sino que lo socava lentamente con su acción hasta que finalmente lo derrumba”. En este momento el oráculo también habla a Cilia Flores.