Se quejaba amargamente Juan Carlos Monedero en un artículo en Público de la falta de generosidad de Yolanda Díaz el día en que presentó Sumar en Matadero (Madrid). Venía a decir el que fuera uno de los fundadores de Podemos que la vicepresidencia no tuvo ni una mención de reconocimiento a la formación, heredera del 15-M, que la llevó a ser lo que era, entre otras cosas ministra y vicepresidenta de Gobierno.
Aquel 8 de julio de 2022 hacía calor en Madrid. Yolanda llegó con cierto retraso a la cita, vestida con pantalón blanco y camisa rosa, ella siempre bien conjuntada, con su melena rubia y sonrisa permanente. La de abrazos que dio ese día. Había más de 5.000 personas en Matadero. La plaza muy cerca del Manzanares, en el antiguo mercado de Legazpi, recordaba aquellas movilizaciones del mes de mayo de 2011, aunque ya muchas cosas habían cambiado.
En aquel acto se habló de ilusión, de unidad de la izquierda, de ganar, de frenar a la derecha...
El sábado 21 de febrero, se celebró en el Círculo de Bellas Artes (Madrid) otro acto de reconstrucción de la izquierda, con lemas poco originales, como "un paso al frente", o "no nos resignamos". ¿No nos resignamos a qué?
No estuvo Yolanda Díaz, que se hace querer y saludó desde X el evento. Ella dice que esto no va de personas, "sino de movilizar". No había más de 400 personas en ese acto y tampoco había nadie de Podemos, que ya ha dicho, por boca de Ione Belarra que con ellos no cuenten para esa resurrección de algo que parece destinado a la irrelevancia. Había incluso más gente en la charla de Delgado, Rufián y Santaolalla que en el relanzamiento de Sumar en el Círculo. Eso debería hacerles reflexionar.
La política moderna es, sobre todo, un líder. Si no, que se lo pregunten a Pablo Iglesias... o a Pedro Sánchez. Pues bien, en el Círculo no había ningún líder ni nadie que aspirase a serlo. En segundo lugar, hace falta un programa ("programa, programa, programa", que solía decir Julio Anguita). Tampoco hubo programa, más allá de cuatro generalidades y de los ataques cansinos a la ultraderecha y al fascismo que nos amenaza.
En realidad, el acto se convocó para insuflar ánimos a ellos mismos y a los suyos. Para decirles -para autoconvencerse- que no todo está perdido, que las encuestas mienten. Sí, fue un acto más que de refundación, de supervivencia. Hasta los escenarios electorales más optimistas, como cuenta hoy Ángel Carreño en El Independiente, incluso con la inclusión de Podemos, dan una caída en la expectativa de voto en unas elecciones generales.
¿Cómo despertar la ilusión viendo los resultados de las últimas elecciones en Extremadura y en Aragón? ¿Qué le espera a Sumar en Castilla y León?
El acto del Círculo de Bellas Artes fue, ante todo, una reunión para insuflarse ánimos ante lo que se viene encima
Para reactivar un movimiento político lo primero que hay que hacer es analizar por qué se ha llegado al punto en que ya no se crece sino que se cae a plomo en las urnas. A eso no hubo respuesta. Tan sólo Rufián en la charla del Galileo se atrevió a decir que lo que pasa es que "ser facha está de moda". ¡Menudo diagnóstico!
Tampoco en el Círculo se dijo nada sobre las causas de la debacle. Porque si la culpa la tienen Trump y los tecno oligarcas, entonces apaga y vámonos.
Cuando el 15-M, los jóvenes que levantaron la bandera contra la casta no formaban parte de la casta. Decían aquello de que el PP y el PSOE eran lo mismo, incluso que había que asaltar el Congreso. Había mucha ingenuidad en aquello, algo del mayo del 68, la necesidad de romper con todo lo anterior. Los responsables de la falta de expectativas eran los que tenían el poder. Ese movimiento, luego cristalizado en Podemos, llegó incluso a amenazar la hegemonía del PSOE, y alcanzar en 2015 los 69 escaños. ¡Uf! Que mal lo pasó Pedro Sánchez entonces. "Nuestro enemigo", me confesó una noche en una terraza de Rosales el entonces secretario general del PSOE, "más que el PP es Podemos". No les voy a recordar lo que paso sólo tres años después.
El problema que tiene esta pijo izquierda es que ya no representa a aquel movimiento, porque ellos están en el poder. ¿Cómo van a echar las culpas a la derecha del problema de la vivienda si la izquierda lleva casi ocho años gobernando? ¿Cómo van a hablar de frenar a la ultraderecha si desde que gobierna Sánchez Vox no ha hecho más que crecer?
Los barrios no les votan porque ellos ya no viven en los barrios. Hasta sus actos los hacen en sitios guay. Del Matadero hemos pasado al Círculo de Bellas Artes. Si continúan así, el próximo lo harán en el Palacio de la Moncloa.
A Pablo Iglesias -coleta, desaliñado, residente en Vallecas- la gente de los barrios le veía como a uno de los suyos. ¿Cómo verán a Rita Maestre, a Urtasun o a la ausente Yolanda? Esos jóvenes que no tienen vivienda ni esperanza de tenerla, que sufren la inseguridad de las bandas, que no se creen eso de que España va como un tiro, no pueden votar a alguien que está en el gobierno. Antes de eso, muchos votarán a Vox.
Ese es el drama de esta izquierda pija, que nunca ha tenido que hacer horas extra para pagarse el alquiler.
Hacía mención Monedero en su artículo en Público a El cielo puede esperar (el profesor de la Complu siempre ha sido muy aficionado a trufar sus reflexiones con películas). Lo hacía porque en la política la memoria siempre es necesaria, como en la vida. Sumar nació sin memoria y casi sin proyecto, sólo con el cálculo electoral de que había que sumar siglas para sacar escaños. Ahora ni eso. El asalto a los cielos -que preconizaba Iglesias- habrá que dejarlo para otra década.
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