En plena efervescencia periodística por la desclasificación de documentos del 23-F, Yolanda Díaz anunció que no se presentaría a las próximas elecciones generales. Publicó una carta y un vídeo en redes sociales. Esta vez, Tejero y su secuaces le ganaron la batalla de la imagen a la ministra de Trabajo. Si eligió ese momento para anunciar su retirada, alguien que cuida tanto la imagen, será por algo.

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No por barruntada, la noticia deja de ser trascendente. Desde hacía semanas, sobre todo desde Izquierda Unida, se venía diciendo que la única forma de resucitar Sumar, o como se llame cuando le pongan nombre, era que Yolanda diera un paso atrás. Ella lo ha dado y dudo que sea para no poner palos en las ruedas a la izquierda de la izquierda. Mi teoría es que no se quiere responsabilizar de un posible descalabro electoral (ella no suele aparecer en las campañas en las que se prevé un batacazo de su formación) y que ya tiene apalabrada alguna poltrona por parte de Sánchez, si es que se vuelve a repetir una aritmética parecida a la que se produjo con las generales de 2023.

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Dicen en la izquierda de la izquierda que la salida de Yolanda podría facilitar la vuelta de Podemos al redil, donde ya estuvo. Pero dudo que Irene Montero esté dispuesta a hacerlo si no va de cabeza de cartel. También es dudoso que en el nuevo partido o confluencia se le dé un lugar preeminente a la ex ministra de Igualdad, porque eso sería tanto como reconocer el error de Yolanda cuando la vetó en las listas de Sumar.

La mitad de los votantes de Sumar no sabe quién es Bustinduy, según la encuesta de enero del CIS

La reacción de los líderes de la izquierda a la retirada de Díaz fue unánime: "La mejor ministra de Trabajo de la democracia". Pero ella sigue como ministra, por eso el elogio tiene trampa. Nadie dijo que había sido "la mejor líder posible de Sumar", lo que debería mosquearla.

En fin, que tras la espantada de Yolanda, su mundo se encuentra huérfano. De liderazgo, de programa e incluso de nombre (aunque se baraja el nada original Nuevo Frente Amplio, para lo que tendrían que pedir copyright a Pablo Iglesias, y este, a su vez, a José Múgica, verdadero padre de una idea, que no es más que la reinvención del Frente Popular, pero sin el PSOE dentro).

Hace gracia observar las contradicciones en este mundo tan peculiar. Todos sus dirigentes dicen que "esto no va de nombres", cuando de lo único que se habla es de nombres. Lógico. Un partido sin líder es como un jardín sin flores.

Nadie, por ahora, se ha atrevido a dar el paso, de decir el "sí quiero". Maíllo se descarta porque para él lo importante es Andalucía. Para Mónica García y Rita Maestre lo importante es Madrid... Así que en ese páramo ha surgido la idea de lanzar a Pablo Bustinduy, actual ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. Algunos voceros de la izquierda, como Máximo Pradera, ya le jaleó desde su cuenta de X el pasado jueves: "Yolanda abandona el terreno de juego. Calienta que sales @pbustinduy".

Ha sido Pradera hijo quien ha bautizado a Bustinduy como Pequeño Gran Hombre. No está mal. Máximo ha tenido siempre cierto ingenio, como cuando llamaba en Radio El País a José Barrionuevo Peña, el "ministro de la leña".

En fin, la operación está en marcha. Dicen que una de sus virtudes, aparte de sus buenas formas, es que no pertenece a ninguna de las familias que se disputan la hegemonía de ese espacio. Ahora bien, van a tener que hacer un esfuerzo grande para que le voten, porque Bustinduy, según el CIS de enero, tan sólo es conocido por el 30% de los españoles. La mitad de los votantes de Sumar ni siquiera sabe quién es. Sale bien puntuado en esa misma encuesta (4,8 -empatado con Margarita Robles-), pero eso es tal vez porque no se le conoce bien.

A mí me cuadra Bustinduy. Tiene buena formación, se licenció en Políticas en la Complu, pero luego estuvo en Paris y en Nueva York, donde llegó a dar clases en la Universidad de Columbia. Es un perfil que cuadra bien con esta izquierda que ve a los obreros como esa especie a la que hay que proteger.

Cuando Bustinduy tenía 10 años, ya veía a su madre ir al trabajo en coche oficial, era ministra de Sanidad y Consumo (su hijo ha seguido sus pasos). Algo debe marcar ese pertenecer a una casta superior. Tras salir del Gobierno, Ángeles Amador -la madre de Pablo- fue colocada en el consejo de Red Eléctrica, donde se mantuvo durante doce años, en los que se embolsó la nada despreciable suma de dos millones de euros. ¡Cómo no entender a los que sufren los desahucios!

Esta izquierda, que quiere salvar los muebles en las próximas elecciones, sólo sabe de la lucha de clases lo que ha leído en los libros, por eso en los barrios no les votan. Recuerda Emmanuel Carrère en su último libro (Koljós, un coñazo) una frase de Lenin: "Si juzgáis a alguien no le preguntéis si ha hecho bien o mal; preguntadle de qué clase social es". Si sus ideas acabaran imponiéndose, Bustinduy acabaría ingresando en La Lubianka. Cosa que no le deseo ni a él ni a nadie.