Sánchez va a sacar a Susana Díaz y hasta a Chaves, como fantasmas lorquianos y encalados del cortijo andaluz, para enfrentarse a Moreno Bonilla. Era de esperar, porque Sánchez lo ha agotado todo y ya sólo puede buscar algo por nebulosas lejanas y cementerios hundidos. Sánchez se ha agotado a sí mismo hasta quedarse en un caparazón con púas, ha agotado a su partido hasta dejarlo tirado por los cerros provinciales como la rueda de un carromato, ha agotado a la izquierda de flauta y perro hasta quitarle la flauta y el perro, y nos ha agotado a todos entre mentiras, corrupción y bailoteos. Se tiene que ir a las estrellas, a las guerras universales o teológicas, o se tiene que ir a la tierra mojada de huesos y escarabajos, de donde ya sacó a Franco como un botijito arqueológico y ahora va a sacar a Chaves y a Susana, como un rey también arqueológico, godo y de naipe (don Heraclio Fournier hizo una baraja goda) con su hija urraqueña. Algunos dicen que Sánchez se ha venido arriba con los resultados en Castilla y León, pero cuando uno se viene arriba no recurre a los muertos, sino que se va solo y glorioso, entre ciegos y hojas de palmas, a hacer el milagro. Lo que pasa es que Sánchez lo va intentar todo, incluso el vudú con sus ancestros, sus antiguos enemigos y hasta con él mismo.
Sánchez se engaña un poco con las elecciones castellanoleonesas, o nos intenta engañar para que parezca no sólo que puede volver el sanchismo sino que puede volver hasta el socialismo señorito, rentista, absentista, aguinaldero, feriante y camastrón que era o sigue siendo el socialismo andaluz. Lo de Castilla y León en realidad tiene truco, o al menos una explicación menos milagrera que el renacer del sanchismo a partir de sus cenizas o pellejos: no sólo la absorción de la extrema izquierda por parte del PSOE, sino también el menudeo de Alvise, que hizo bailar varios escaños de la derecha (Alvise podría vivir de cobrar por no molestar, como un violinista de bistró, y de hecho casi lo va ofreciendo). Así que no es tanto un renacer como una feliz coincidencia de varios desastres y frikadas ajenos. Claro que las coincidencias son lo contrario de los milagros, así que esto es lo que intenta espantar Sánchez.
Invocando para las próximas elecciones a Chaves y Susana, dos espectros que ya estaban hace mucho con pijama de mármol o camisón de loca, Sánchez quiere que no pensemos en la casualidad sino en una especie de necesidad o confluencia histórica que desemboca otra vez en él a través de ancestros líricos y profetas con escudilla. Y la verdad es que no hay mejores ancestros líricos ni profetas con escudilla que los socialistas andaluces, con su reino celestial de moscas sobre flores de gitana y alpechín sentimental. Tampoco quiere Sánchez que pensemos en los muertos que se nos pudren ante los ojos, él el primero, así que nos presenta a los muertos como vivos con lira y plumaje, a Chaves y a Susana como si se hubieran muerto Tom y Jerry. Todo el socialismo, presente y pasado, vivo y muerto, amigo y enemigo (porque Susana fue y no sé si sigue siendo enemiga) se sintoniza así con la inevitabilidad histórica de Sánchez. Y esto suena bastante mejor que un par de escaños de rebote a cuenta de unos fiesteros que dicen que se acabó la fiesta y de unos revolucionarios de mentira que vendieron una revolución que también fue siempre mentira como estafa doble y perfecta.
Lo que pasa es que el socialismo andaluz todavía se recuerda muy bien allí, y eso unido a la evidencia presente del sanchismo no le ayuda
Sánchez está tan obsesionado con vender ese renacimiento, esa resurrección de la carne putrefacta y esa comunión total del socialismo bajo sus manos de ramajo que no repara en que Chaves y Susana fueron el peor socialismo de España. Chaves fue como un rey de Andalucía aburrido desde el primer día de ser rey, el “candidato a palos” de Felipe que sin embargo consiguió perfeccionar el felipismo convirtiendo el socialismo andaluz en una especie de religión imperial. Condenado por el Supremo, salvado luego por un tribunal político (eso es el Constitucional), no es que Chaves estuviera ahí cuando los ERE, sino que los ERE formaban parte del propio sistema: clientelismo y reparto de esa clientela, igual que del poder y del presupuesto, entre jefes, clanes, esbirros, vasallaje y “criaturitas”. El sanchismo yo creo que se inspiró en el socialismo andaluz, además de en el nacionalismo catalán, aunque ellos nunca se atrevieron a prescindir de la ideología, como Sánchez.
Susana sólo fue una heredera del cafetal, casi de telenovela, que siguió aplicando las tradiciones, la jerarquía y los repartos, sólo que con un estilo diferente, entre maternal, pastoral y coleguita. Nadie manejó nunca las listas de afiliados y las elecciones internas tan bien como Susana, con telefonazo, guiño, favorcito y a veces triquiñuela. Pronto pasó de ser una promesa en Triana, con apología del botellón y pelo de C.C. Catch, a ir sustituyendo o envenenando a sus jefes hasta que la jefa fue ella. Susana escogió a Sánchez como hombre de paja, porque quería triunfar en Madrid después de haber envenenado también un poco a Rubalcaba. Pero Sánchez demostró ser más descarado o despiadado que ella y, como sabemos, se le rebeló, fue defenestrado y, finalmente, se vengó. La venganza todavía dura, así que esto es lo que se me hace más difícil, que Susana se vuelva ahora sanchista después de muerta y humillada. Aunque de ulular por los cementerios y las tertulias también se cansa uno. Además, quizá en el fondo Susana admira a Sánchez por hacerlo todo mejor que ella.
Sánchez va a sacar a Chaves y a Susana, quizá porque los muertos son más dóciles y quizá también porque suenan a milagro, que es lo que él busca. No es por sentirse fuerte, ya digo, sino porque cada vez tiene menos a lo que recurrir, de manera que ya está por el fondo de armario de los fondos de los cementerios y por los fondos sentimentales de los viejos enemigos, que son los mejores conversos. Lo que pasa es que el socialismo andaluz todavía se recuerda muy bien allí, y eso unido a la evidencia presente del sanchismo no le ayuda. Pero Sánchez lo tiene que intentar todo. De momento, le esperanza que la gente vuelva a creer en milagros, convulsiones y muertos que se levantan desde su caparazón seco, o que regresan arrepentidos para preguntar por lo suyo, para volver a armar el viejo socialismo imperial, el viejo tinglado que es casi igual que el nuevo salvo por algún detalle de folclore y de roneo, por alguna diferencia en los peroles, las castañuelas, las mentiras, los cortijos y los cementerios.
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