Opinión

EL GOLPE

Vox, la herencia del viento

Vox, la herencia del viento
El presidente de Vox, Santiago Abascal | César Vallejo Rodríguez / Europa Press

Vox parece que va subiendo y desintegrándose a la vez, como un petardo español, como la traca festera y destructiva que suele ser casi todo lo español. Abascal dirige el partido (o eso nos hace creer) a gorrazos de señorito, no deja de expulsar a rebotados, a críticos y a históricos, esos padres fundadores de Vox como con gorro de hebilla que salen luego por ahí llorando, unos por el alma perdida del partido y otros por la silla de fraile también perdida. Sólo va a quedar Abascal con su cara de medallón o de sumo sacerdote, más un coro o secta de gente indistinguible, brumosa y encapuchada detrás. Lo de la secta, con yunque ario, espada artúrica o Corazón de Jesús con luces de autos de choque, como un santo de Almodóvar, será o no leyenda (aunque Macarena Olona o Jiménez Losantos están bastante seguros). Pero, de todas formas, no es normal que haya tanto hereje ni tanta hoguera sin que haya detrás gente que maneje esos conceptos, ese martirio, esa determinación y esa escatología. La gente no suele huir ni señalarse en los partidos, que están hechos de silencio y paciencia como un cristo sedente. Menos aún si se supone que están en la cresta de la ola o de la nube gótica, que van a gobernar, que van a cambiar España o el mundo. Algo no funciona.

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Macarena Olona, con resolución y presencia de guardia civil guapa; Rocío Monasterio, con autoridad e hilo de voz de monja bajita; Ortega Smith, como un confederado descabalgado; Iván Espinosa de los Monteros, que hablaba y sigue hablando desde los cuadros como los señores de las cámaras de comercio o de las camiserías antiguas… Ahora ya no está ninguno, por el gorrazo de Abascal, por la luz de gas o por lo que sea. Otros también se fueron o se alejaron, como Vidal-Quadras, quizá demasiado clásico para los populismos de talega y mamporro, o Juan Luis Steegmann, que tenía la españolísima y maldita condición de liberal (aquí nunca se ha sabido qué es eso) y además se vio venir las maguferías y santerías en las que empezaba a meterse Vox, ya más de agua bendita que de vacunas. Por las provincias hay algunas otras víctimas, incluso asambleas enteras voladas por el rayo de Bambú, pero éstos que he mencionado eran los que hacían que Abascal no pareciera un ermitaño o un endemoniado, que había algo más detrás, gente, estructura, partido, cabezas. Ahora, es justo eso lo que parece Abascal, un ermitaño o un endemoniado con sus rezos y sustos, solo, suficiente, convencido, orgulloso o loco.

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Lo que está haciendo Abascal es eliminar a cualquiera que cuestione la fantasía, que como toda fantasía depende de que el personal se la crea

Este descabezamiento, esta limpieza, esta purga de Vox no la veíamos desde Podemos, que ya hemos dicho muchas veces que es como su hermano especular, el populismo al otro lado del espectro y de la cueva (y aun así está la diferencia de que su mesías, Pablo Iglesias, desertó, no se quedó en el castillo ya vacío, como Abascal o como Drácula). Lo que extraña es que la gente suele enfrentarse o escaparse cuando el partido está en descomposición, no cuando está rozando ese Cielo con visillos o con reja que también creyó tocar Podemos. No sólo Vox está gobernado desde un torreón con veleta, aunque en el de Vox haya más armaduras y fantasmas. Todos los partidos son verticales, eclesiales, siempre manda el que manda con esa corte como romana de escribas, aduladores y envenenadores. Por eso mismo el que está en política suele obedecer y esperar, incluso durante los terremotos, y ahí tenemos al PSOE sanchista. Si la pelea en Vox es por sillones, no debe de haber muchos disponibles, contradiciendo el futuro que se promete Abascal. Y si es por el dogma o la pureza, entre tantos y tan significativos, es que Vox está perdiendo el rumbo. En cualquier caso, se trata de una pelea por la supervivencia (si tu ideología no sobrevive, no hay ni sillones ni puristas). Y, en cualquier caso también, el partido está decepcionando a demasiados, dentro y fuera del castillo.

Abascal yo creo que tiene el síndrome del emperador, la paranoia de ser destronado por un cuñado o un legionario (en Vox hay muchos) o ser asesinado por un copero. Al principio, los enemigos son ideológicos, que es lo que ha pasado cuando se ha ido purgando a los liberales para dejar sólo la rama falangista y nacionalcatólica (otra vez quieren dividirse el país entre señores con bigotillo y curas con pistola). Luego, cualquiera que cuestione al líder o su estrategia es una amenaza, hasta el confederado Ortega Smith. La verdad es que yo creo que el miedo de Abascal está justificado, que sabe que su estrategia y su apuesta son más débiles de lo que puede parecer cuando lo vemos empalomado en las campañas. Primero, Abascal tiene miedo a gobernar porque, como todos los populismos, no está hecho para eso y decepcionará. A la vez, sabe que si no gobierna se convertirán en un partido inútil y lo dejarán de votar igual. Segundo, su apuesta total por Trump, por Orban, por los terraplanismos y la xenofobia (verdadera fobia, o sea cague), por los autoritarismos de cascajo, posverdad y ultranación, puede ser una apuesta por una moda que ya no dure mucho (lo que ocurre con los autoritarismos, como el de Trump o el de Sánchez, es que son muy pedagógicos).

El Vox de Abascal es una frágil fantasía, puede esfumarse si gobierna y si no gobierna, si gana Trump y si pierde Trump… Lo que está haciendo Abascal, o los que mandan con el yunque o el cilicio por encima de Abascal, es eliminar a cualquiera que cuestione la fantasía, que como toda fantasía depende de que el personal se la crea. Abascal ha apostado por su ínsula trumpista y por su Occidente calatravo y ha ligado su futuro no tanto a que se haga realidad su fantasía como a que su votante, que se cree a Torrente de verdad, se la crea. Espinosa de los Monteros, desde su cuadro de comerciante o camisero, ya maneja números sobre los votos que tendría un nuevo partido, que como todos los nuevos partidos sería el más puro y prometedor. Aunque lo más gracioso es imaginarse a Sánchez dándose cuenta de que todavía puede haber algo mejor que Vox para él, y es otro Vox más. Y es que está escrito: “El que turba su casa heredará el viento”.

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