Se está quejando el personal izquierdoso de la turra semanasantera de TVE, que a ratos parecía un mueble de la abuela. A lo mejor Pedro Sánchez también se está haciendo católico cultural, que son esos católicos dulceros, plateros, campaneros, folclóricos o iconófilos, muy variados y ostentosos en todo caso, tiren hacia la torrija, el Vigía de Occidente o la New Age, esa vieja chatarrería espiritual. A lo mejor Sánchez se está volviendo ahora capillita, igual que se ha vuelto tantas cosas antes. O va de penitencia detrás de Rosalía, que ahora se viste de monja de sanatorio, de blanca toca, blanca palangana y blanca e imaginada lencería, y convierte en heroínas pop a santas de escudilla seca y alma lacerada (antes de Rosalía ya jugaron con el concepto Alaska o la mismísima Madonna). Hay quien dice que el catolicismo vuelve, como casticismo, bisutería, moda, druidismo o búsqueda de identidad fuerte (es decir, como nacionalcatolicismo). El caso es que si hay un nuevo catolicismo pop, vintage o tiktokero, molón y juvenil, como si volvieran los curas con guitarra y futbolín, y Sánchez ha visto ahí mercado, yo ya lo veo convertido, comulgando con obleas y procesiones toledanas.
Sánchez nos ha dado mucho cirio, mucho arroz con leche, mucho cristo de cuartel y mucha virgen de torero. Nos ha dado mucho Getsemaní con higuera del pueblo, mucha moza enviudada del Señor como de un cadete, mucho mozo cargando con el calvario como con un aparador, mucha Sevilla de joyerito y mucha Castilla de tocón. Nos ha dado mucha callejuela enredada en los pies de los nazarenos, mucha flor enredada en los clavos, como un tatuaje, y mucha plata enredada en las heridas, cosidas en plata por apóstoles y Magdalenas de corte y confección. Nos ha dado Sánchez (la TVE de Sánchez, como todo el Estado de Sánchez) mucha receta de bacalao, mucha tamborrada para desclavar la mañana, mucho cura herrero, mucho sahumerio legionario. Nos ha dado mucho viacrucis romano, mucho papa carolingio o quizá céltico, con el Coliseo como un gran altar de druida, de piedra y sangre muy llovidas. No ha calculado uno si ha sido mucho más que otros años, pero parece que el personal sí se ha quejado más que otros años de esta TVE pía y nacional, con mantilla, orzuelo y bula como doña Carmen Polo.
Uno es que ha hecho una Semana Santa inversa, quizá del ateo o quizá sólo del que tenía otros planes, con vacaciones antes y distancia durante (en Madrid en realidad no hace falta tomar distancia ni cambiar tus itinerarios, que las pocas procesiones ni te atropellan ni te acorralan, tiene uno que ir a buscarlas casi paganamente, como a la Mariblanca o al Ángel Caído). O sea, no he visto la Santa TVE poniéndose aún más santa, pero sí he visto el ruido en las redes, con algo de banda de música atea, de armados macarenos de la izquierda. Y la verdad es que uno entiende el mosqueo, porque en vez de los tertulianos curiles, o de Broncano con guitarra, un gozo en el alma y sudario de bandera republicana, se encuentran con curas de verdad sacando a su dios con el bombo de Broncano, colgándolo y descolgándolo como una bandera o una sábana blanquísima (yo diría que Jesús sale de la muerte como del cajón de la sacristía). Sí, en vez del sermón de Sánchez o de Yolanda se encontraban con el sermón del papa, también con mangas de ángel como la vicepresidenta, y en vez de mujerío poderoso, furioso o sólo lila se encontraban mujerío de encajito y pedrería negros. Sin duda, estos protestantes o protestones no se habían dado cuenta de que tenían una televisión pública ideológica y con mesías hasta que la han visto con otra ideología y otro mesías.
A uno lo que le extraña no es que la TVE se ponga ahora católica de paellera, católica de piercing gótico o simple y verdaderamente nacionalcatólica, sino que Sánchez divida su divinidad, su poder y sus heraldos"
A uno lo que le extraña no es que la TVE se ponga ahora católica de paellera, católica de piercing gótico o simple y verdaderamente nacionalcatólica, sino que Sánchez divida su divinidad, su poder y sus heraldos. Quizá es que Sánchez está animando su propia resurrección con la más tradicional Resurrección de Cristo, real, escultórica, folclórica o simbólica, pero desde luego más familiar (Jesús parece resucitar el domingo como el hijo que salió el viernes). O es que Sánchez no desprecia ningún mercado ni ninguna conversión. Parece que la juventud se está volviendo más nacionalista y más católica (o sea nacionalcatólica), quizá por reacción a una izquierda coñazo que es más santurrona que las santas con éxtasis teológicos o berninianos; una izquierda que en realidad no es laica sino anticristiana, una izquierda que no es internacionalista sino nacional-tribal (aquí, el único nacionalismo que desprecian es el español). Sánchez, simplemente, mira el mercado, y si resulta que lo que vende es Rosalía y la Esperanza Macarena, pues pone a TVE a tono, con santas tatuadas y saeteros con yugular de Berruguete.
Sánchez seguro que no es católico como no es nada, sólo sanchista. En realidad España tampoco es católica, como ya dijo Azaña aunque nunca se le ha entendido bien esto. Lo que quería decir es que ya no tiene sentido la expresión “España es católica” porque el Estado moderno no puede tener religión. Claro que tampoco puede tener ideología, y eso no lo han entendido nunca la mayoría de los que se tienen por republicanos y por laicos. Lo que pasa es que uno duda de que lo nuestro sea ya un Estado moderno, siquiera una democracia liberal. TVE puede ser nacionalsanchista, o nacionalcatólica, y hasta sanchista-católica, o lo que haga falta, porque no es una televisión pública sino de partido o, más bien, de palacio. Como lo es todo el Estado, que es sanchista como si fuera macareno.
Sánchez puede salir de penitencia como sale de senderismo, puede ser católico como puede ser otro ayatolá con gafa gorda, que él es un pescador de poder como de almas. Aquí, la religión sigue siendo consuelo, identidad y espectáculo, como el fútbol (ya no se puede ver la Semana Santa sin asiento de grada). Como el fútbol o como la política. Sánchez no sólo quiere a los jóvenes que se vuelven tradicionales como rebeldía, sino que quizá quiere apropiarse del catolicismo, del de verdad o del de tenderete, de su lenguaje, de su ritual, de sus iconos, de su lucha contra demonios y potestades. Yo diría que ya nos da la receta contra el odio como una receta de bacalao. Creíamos que Sánchez quería ser presidente de la República o dictador ecuestre, y a lo mejor sueña con ser papa de su Palmar de Troya, que para eso no necesita ni resurrección.
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