Opinión

EL GOLPE

Ábalos y Koldo, en el banquillo como en el Peugeot

Ábalos y Koldo, en el banquillo como en el Peugeot
El exministro José Luis Ábalos (i) junto a su exasesor Koldo García en el banquillo de los acusados | EFE

Lo que parecen Ábalos, Koldo y Aldama en el banquillo son frailes, mendigos o compinches eternos de la España eterna, al lado del fogón y del racimo, al borde de la gloria, la diarrea y la vergüenza. Lo que parece el hermano de Koldo es el gemelo sorpresa de una obra mala y lo que parece la Jesi es la vaquera de la Finojosa que vive de lo mismo desde el principio de nuestro petrarquismo de cachondos de palacio y mesón. Ha empezado el juicio del caso Mascarillas, uno de tantos que quedan, y también el de la Kitchen, al otro lado de Madrid, del espectro y de la historia, con Fernández Díaz con cara de comendador con estocada de espada ropera. Se está juzgando ahora el pasado y el presente de la corrupción, o sea la eternidad de la España corrupta, que viene desde el duque de Lerma, o incluso desde los régulos íberos, y llega hasta nuestra engolada democracia o partitocracia, alimentada de grandes palabras y grandes mangazos. El PP sólo mira el ahora y el PSOE habla de Rajoy y de Aznar (está gracioso Sánchez haciendo oposición a Aznar, casi más que con la camiseta de la Selección, que se ha puesto como un mozo tras la rifa, encima de la camisa de domingo). Lo que pasa es que en esta España eterna o siempre en retrospectiva hacía mucho que no estaba tan cerca de caer un principal como Sánchez.

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Por Ábalos y Koldo parece que han pasado, como antepasados con papada barbada, Juan Guerra o Roldán; por Aldama y su solapa parece que ha pasado una mano desenguantada y aceitosa del Bigotes; por Fernández Díaz parece que ha pasado toda una lista de esquelas, comisarios y damas de la Restauración, todos como victorianos de Rajoy. Y es que se nos repiten las tramas y los personajes sin que aprendamos la lección. El hermano de Koldo, que ya digo que es como el gemelo que usa un mago malo para el truco malo, contaba cómo iba a Ferraz a recoger dinero fresco o calentito, según se mire, y pasaba el detector y el torno, y subía a la planta noble, que uno imagina con olor a moqueta y a peluquería (el poder huele siempre un poco a laca, a gominilla, a tinte de canas y a uña del pie pintada), y pasaba a recoger el sobre con los billetes como pescado congelado o chistorras calientes, según se mire, y todo era como los duros, las cosechas, el palacio y el caciquismo de Romanones. O sea, Ferraz como un sitio donde se cuenta y se distribuyen el grano, el dinero, el poder y los gansos, seguramente por la misma persona señorial o señoreada, gobernante o gobernanta. 

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Entre el dinero que entraba en Ferraz, como afirma la empresaria Carmen Pano, en bolsas como capazos, y el dinero que salía de Ferraz, según ha contado Joseba García con desenfado como de fontanero (fontanero de verdad), lo que nos queda es una sede del PSOE que era como una tahona o una lonja del dinero, calentito o fresquísimo, ya digo, según se mire. Y es que hay cierto nivel en el chanchullo, en el negocio o en la política en el que la cosa se aristocratiza, se socializa, se normaliza y hasta se celebra como un baile de embajada. No se intercambian el dinero o el favor en un callejón con orquesta de jazz de gatos y tapacubos, ni siquiera en un mesón con reservado de celosía (algunos mesones parecen tener capillas como otros parecen tener mazmorras). No, la gente va y viene, carga y descarga, parte y reparte en la misma sede de Ferraz, donde ha desaparecido la vergüenza del mercadeo con sus potestades, que para los señores es sólo derecho de abolengo. Recordemos que allí en Ferraz mandaron, sucesivamente, Ábalos y Cerdán, a los que uno no ve ni pudorosos ni sigilosos ni andarines. Para qué irse a otro lado, que Ferraz ya era el callejón, la capilla, la mazmorra, la cocina, el palacio, la caja y el cajón.

Lo que pasa es que en esta España eterna o siempre en retrospectiva hacía mucho que no estaba tan cerca de caer un principal como Sánchez

Todo se nos repite, hasta la señorita florero y en flor que acompaña al señor en calzoncillo (hay señores que parecen o a los que nos imaginamos todo el tiempo en calzoncillo). Sí, algo así como la vicetiple que antes acompañaba al señor con chistera, lo que pasa es que ahora, en la política, el calzoncillo puesto o quitado equivale a la chistera puesta o quitada. La Jesi podría haber sido amante de Roldán, o reposacubatas en las juergas de Roldán, o foto de Interviú con Roldán, que a lo mejor Ábalos quería mimetizarse en Roldán desde el principio. La querida de mercería, de café cantante o de corte y confección (la odontología puede ser el equivalente actual), a la que se le ponía el pisito y se le compraba el pendiente y el picardías, es tan literaria como la pastorcilla de égloga, la moza de molino o de pajar que te hacía el equivalente histórico y lírico a la lechuga de Jesulín. La Jesi, disfrazada como Sia, con peluca de muñeca por los ojos, hablaba de eso mismo, de su pisito, de su enchufe de mercería (o más bien de estanco, que tiene otra cosa estatal, como las cédulas del Estado), y de un ideal de romance que incluía pagos más que romanticismo, o sea de ese amor, más verdadero que el verdadero, que existe sin el amor.

Todo en este caso es como la novela española, pícara, barroca y eterna. Pero ya digo que sólo estamos empezando, que Koldo y Ábalos, y las celosías y los diezmos de Ferraz, estaban por todas partes, que el negocio no eran las mascarillas sino el poder, que el poder en España está concentrado en el Partido y en el Partido manda sólo uno o muy pocos. En el caso del sanchismo, por cuyo líder se activan purgas y fontaneros (los de la otra clase), y se sacrifican ministros descalzos, elecciones autonómicas, toda la reputación histórica del partido y toda la reputación democrática del país, uno cree que eso está más claro que nunca. Y aún falta mucho, de Leire Díez a Begoña, de Cerdán a Zapatero, de la obra pública a los rescates, de los enchufes a la financiación, de los ministerios a los paraísos fiscales, de la Moncloa a las autonomías, de Dominicana a Marruecos, de los mindundis al Uno.

Sí, todo se repite, y hasta la Kitchen nos remite a Sánchez, que yo creo que el caso le debe de dar como envidia, porque ellos tiraron directamente de escalafón para las cloacas en vez de tirar de fontaneras con escobilla de mierda. Se repite todo, o casi todo, pero cree uno que nunca estuvo tan cerca de caer un presidente, no ya en la desgracia sino a la sombra. En realidad lo que parecen Ábalos y Koldo en el banquillo, y más a la espera de Cerdán y de quien falta, es que están sentados en el Peugeot.

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