En la madrugada del 8 de abril se anunciaba un acuerdo entre EEUU e Irán, apadrinado por Pakistán, para establecer un alto el fuego de dos semanas durante el que se negociarán los detalles de un pacto básico en torno a diez puntos, consensuados por el gobierno pakistaní (con apoyo de Omán, Turquía y Egipto), con Teherán y Washington.
Los dirigentes políticos occidentales y, sobre todo, las economías han respirado con alivio: el petróleo ha comenzado a bajar de precio, las bolsas han subido y una dosis nueva de anestesia ha ingresado en las venas de los gobiernos europeos y de parte del establishment de EEUU más preocupado por las elecciones de noviembre y la posibilidad de que Trump pierda la mayoría en el Senado que en resolver con ventajas la crisis iraní en lo que se debería ser asegurar la victoria y explotar sus consecuencias.
Pero entonces ha estallado la confusión en medio de una campaña de engaños y desinformación. Los 10 puntos que se suponen sustentan el acuerdo, filtrados por Irán, no son una buena noticia ni una buena base. Y Trump se apresura a matizar que ese documento no es exactamente el acuerdo. Los diez puntos sobre los que se habría pactado el alto el fuego según Irán no serían exactamente una victoria de los ayatolá como pretende la teocracia de Teherán pero sí significarían, aunque sólo fueran un punto de partida, un certificado de la vanidad y la irresponsabilidad de quien hoy dirige políticamente al país más poderoso del mundo.
Según ese documento Irán habría conseguido convertir una vía libre al comercio internacional, que era la situación antes de la guerra actual, en parte de su soberanía con derechos a control e imposición de tasas de circulación por el Estrecho de Ormuz; se acepta que Teherán diga que se compromete a no tener armas nucleares (algo que siempre ha dicho sin dejar de prepararse para construirlas) y no se entrega el uranio ya enriquecido que sólo tiene sentido para un destino militar. Además, en el punto 7 se admitiría el “reconocimiento por parte de Estados Unidos del derecho de Irán a enriquecer uranio y negociación sobre el nivel de enriquecimiento”.
Trump no debería acusar a los iraníes de desinformación porque esta es un arma más en la guerra y debe analizar si cayó en las trampas verbales de Irán por precipitación. Cabe recordar aquí la enseñanza del escritor y analista Robert D. Kaplan cuando sostiene que “incluso con los mejores espías, vigilancia por satélite y los mejores expertos en la región, subsiste siempre una carga crítica de oscuridad provocada no sólo por la ausencia de información sino también por su exceso y la confusión en la que éste puede desembocar”.
Pero ha sido el asunto del Líbano el que ha puesto sombras sobre el acuerdo e Irán ha vuelto a entorpecer el paso por Ormuz que durante unas horas estuvo abierto.
El Líbano como test
Israel es un protagonista clave en la vida de Oriente Medio y un estrecho socio de Estados Unidos. Es más, la secular persecución a los judíos que alcanzó su cumbre criminal en la Europa de la primera mitad del siglo XX y la posterior constitución del Estado de Israel donde la población árabe de ciudadanía israelí tiene los mismos derechos democráticos que el resto de los israelíes, otorga una razón moral y política para la defensa de ese Estado. Y ahora el terrorismo de Hizbullah y sus ataques desde el sur del Líbano constituyen la principal amenaza a Israel en este momento, incluso más que la llegada de misiles desde territorio iraní.
Por eso, a pesar del punto 1 del documento iraní que exigía el “cese total de cualquier agresión contra Irán y los grupos de resistencia aliados”, Israel nunca aceptó la inclusión del frente libanés en el alto el fuego ni EEUU, aunque hubiera sido ambiguo en ese punto como plantea Pakistán, pensó que pudiera imponerse. Irán necesita a sus extremidades terroristas en el exterior como instrumentos de influencia y amenaza, e Israel, una vez aliviada la presión en Gaza, no puede aceptar más ataques desde el sur del Líbano.
Las dificultades en las horas inmediatas del alto el fuego con ataques de milicias proiraníes habían sido previstas por la Inteligencia israelí ya que “este es el patrón habitual de Irán y sus aliados en el eje chií de la resistencia". A las pocas horas del anuncio del alto el fuego, se produjeron ataques con misiles contra los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Baréin y Kuwait. Y de ahí el ataque masivo a centros de mando y almacenes de Hizbullah en las últimas horas.
Ahora, Irán alega ese hecho como pretexto a nuevos ataques contra Qatar y amenazas de volver a atacar a Israel.
Pero Israel quiere medir bien sus pasos. En Jerusalén, los expertos en seguridad consideran que la situación es muy delicada y muestran cierta prevención al valorar el alto el fuego.
El analista del Jerusalem Posto, Zvika Klein, subraya que Irán perdió sus aliados, sus misiles, su infraestructura nuclear y, en su lugar, descubrió un instrumento con mayor poder de negociación que todos ellos combinados: la capacidad de interrumpir el suministro mundial de petróleo en una quinta parte. “Irán apostó a que la presión interna doblegaría a Trump antes de que la campaña militar los doblegara a ellos. No fue así. Pero Ormuz sigue siendo una opción”.
Por el momento se mantiene la cita en Islamabad para negociar y habrá esperar a los próximos pasos.
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