Muchos políticos dicen querer una defensa europea. ¿Saben de lo que hablan? Eso igual es otra cosa porque para ser autónoma estratégicamente, Europa requerirá una disuasión nuclear, y, en materia de defensa, junto a la solidaridad prima el reparto de cargas. En materia nuclear eso significa que no es aceptable que unos estén mejor protegidos que otros o que unos se sitúen en una menor vulnerabilidad.
El referéndum de permanencia en la OTAN de 1986 se aprobó con tres condiciones que no dejaban de ser un paquete ligado conjuntamente. Permanecía España en la OTAN, pero sin ingresar en la Estructura Militar Integrada de la Alianza (EMI). Asimismo, nuestra prevista aportación militar a la misma (que se materializaría posteriormente mediante Acuerdos de Coordinación entre Mandos españoles y aliados) justificaba una reducción de la presencia militar estadounidense en nuestro país. Un argumento peregrino, pero fue el empleado. En esas condiciones no parecía necesario modificar la situación acordada en tiempos de Franco con Washington de que no habría en España ni despliegues ni almacenamiento de armas nucleares, una concesión, asimismo, a sectores pacifistas.
Esta postura entrelazada fue aprobada por un referéndum. Sin embargo, se ha ido recortando con los años sin referéndum alguno. La anulación se ha hecho con la aprobación parlamentaria en un caso y, luego, firmando un acuerdo con los EEUU que, después, se comunicó, por lo que quedó claro que la condición principal es la primera y que las otras dos le estaban subordinadas. El paquete se ha desvirtuado y se puede dudar, pues, de la oportunidad de la tercera condición.
Aznar fue responsable de la primera dentellada al paquete con el voto favorable del PP y la abstención del PSOE. Quedaba claro que los socialistas no se oponían. Ingresamos, pues, en la EMI. Una buena decisión, pero, de hecho, quedaban desvirtuadas las otras dos condiciones porque el no ingreso en la EMI era la condición más determinante de las tres.
La segunda dentellada fue de Zapatero. Olvidándose de su sentada en un desfile al paso de la bandera estadounidense cuando todos los demás se pusieron de pie y arrinconando lo a gusto que se quedó, como él mismo dice, sacando nuestras tropas en un instante de Irak, complicando así su sustitución (lo mismo en Kosovo pocos años después), Zapatero coronó sus ocho años de gobernanza firmando con el Secretario de Defensa americano, Panetta, en Bruselas, un acuerdo para el fondeo de cuatro buques norteamericanos en Rota componentes en parte del escudo antimisiles de la OTAN, también una buena decisión, elevando, pues, la presencia militar estadounidense en España que González había rebajado. Con Sánchez se ha incrementado aún más al aceptar recientemente el fondeo en Rota incluso de un sexto buque.
Queda la tercera condición, la nuclear. Desaparecidas las dos anteriores sin un referéndum, esta también podría anularse por voluntad gubernamental y un eventual respaldo parlamentario.
No es concebible, una defensa europea autónoma sin disuasión nuclear. En la UE Francia puede ofrecerla y en Europa lo mismo puede hacer el Reino Unido"
Como más arriba se ha dicho,no es concebible, una defensa europea autónoma sin disuasión nuclear. En la UE Francia puede ofrecerla y en Europa lo mismo puede hacer el Reino Unido. No asumirlo es no formar parte de la defensa europea, que parece ser el caso español al negarse Sánchez a aceptar la protección del paraguas nuclear francés con lo que solo nos queda, paradójicamente, el estadounidense que Trump, enfadado con los europeos en general y con Sánchez en particular, igual retira algún día.
Hay quien pensará que la negativa de Sánchez es porque no podríamos participar en ejercicios con Francia sobre disuasión nuclear por nuestra antes referida condición nuclear. En la OTAN sí lo hacemos y nunca ha implicado ello no tener en cuenta nuestra peculiaridad nuclear. Lo de negarse al paraguas nuclear francés es simplemente un sinsentido.
Una postura insostenible si verdaderamente se pretende una defensa europea autónoma sin perjuicio de que no se renuncie a la vinculación transatlántica. Al norte de Europa lo han entendido y países que prohibían despliegues nucleares ahora parecen dispuestos a ello. Alemania recuerda que, si bien no posee bombas nucleares, tiene la capacidad de portar las de otros países con aviones suyos bajo la fórmula llamada de la “doble llave”. Una actitud, digamos, intermedia y que da derecho a opinar con fuerza en el caso de un empleo nuclear sea americano o francés, aunque solo el dueño de un arma nuclear tiene el dedo en el gatillo.
En las nuevas circunstancias internacionales en las que comprobamos que el mundo es más peligroso y que Europa debe hacer mucho más por su defensa, sin perjuicio de desear un planeta gobernado por el derecho internacional, puede no tener ya sentido mantener en España esa tercera condición que en un marco aliado y europeo es insolidaria y puede contravenir incluso un plan de defensa común. Es, además, una ingenuidad creer que ello nos protege de un ataque nuclear. También puede ocurrir lo contrario, que por no tener armas nucleares en nuestro territorio sea más tentador para un enemigo bombardearnos en primer lugar con las suyas.
Tiene esta condición un corolario ridículo. ¿Qué pasa cuando un buque extranjero dotado con armas nucleares fondea en un puerto o en aguas españolas? ¡Pues que no preguntamos si las tienen! Es lo acordado con los americanos y lo que hacemos por analogía con otros. Imaginen montarse en un avión y que baste con que a usted no le pregunten si lleva una pistola encima.
Como poco se debate en este país, y menos en el Parlamento, el presidente del Gobierno de turno hará lo que le dé la gana argumentando que hacía falta. Como con un contrato de telefónica se les dirá a las Cortes que firmen abajo. Y quizás sea lo mejor, porque los debates en España sobre seguridad no solo son escasos, son pobres y la tentación es de resolverlos con el demagógico y facilón No a la guerra como si esa declaración para simples de espíritu nos pudiera proteger.
Carlos Miranda. Embajador de España
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