Opinión

Asim Munir, el comandante pretoriano de Pakistán, nexo entre Trump y los ayatolás

Un grupo de paquistaníes celebra el alto el fuego con la imagen del comandante Asim Munir en Lahore
Un grupo de paquistaníes celebra el alto el fuego con la imagen del comandante Asim Munir en Lahore | Efe

En el complejo tablero de ajedrez que es 2026, el mariscal Asim Munir, recientemente ascendido al rango de mariscal de campo, ha logrado algo que parecía imposible: ha convertido a Pakistán en el interlocutor indispensable entre la Casa Blanca de Donald Trump y la República Islámica de Irán. Como dijo Voltaire sobre Prusia, la mayoría de los Estados tienen un Ejército, pero en Prusia el Ejército tiene un Estado. Y en el caso de Pakistán se aplicaría la misma máxima. La importancia del mariscal Munir como comandante en jefe del Ejército sería la misma que la del comandante de la guardia pretoriana en la Roma imperial.

PUBLICIDAD

La relación de Munir con Irán no es de amistad, sino de un realismo geográfico asfixiante. Tras el estallido de las hostilidades regionales a principios de año, Munir ha asumido el rol de "mensajero de confianza". Trump lo llama su "mariscal favorito", y esa cercanía personal ha permitido que Islamabad sea la sede de las conversaciones de paz que buscan reabrir el estrecho de Ormuz. La ironía, mecanismo diplomático en la región del Golfo Pérsico desde tiempos inmemoriales, vuelve a sus andadas. Un general formado en la doctrina de la contención es hoy quien debe convencer al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) de que el camino de la escalada es un suicidio financiero para todos.

PUBLICIDAD

Munir no utiliza la retórica de la fraternidad islámica; emplea la gramática del poder. Su mensaje a Teherán es seco: "No nos obliguéis a elegir". Pakistán tiene un pacto de defensa mutua con Arabia Saudí firmado en 2025, y Munir ha dejado claro que un ataque iraní a Riad arrastraría inevitablemente a Pakistán al conflicto. Pakistán actualmente es, además, uno de los aliados más próximos a Turquía, y también recordemos que es potencia nuclear.

Es fascinante observar a Munir en sus viajes a Teherán y Washington. Alterna el uniforme de campaña, para hablar de tú a tú con los generales iraníes sobre la seguridad fronteriza, con el traje de negocios occidental cuando viaja a Washington para vender a Pakistán como el único actor capaz de influir en el pensamiento iraní.

La trascendencia de Munir en este complejo ejercicio de equilibrismo reside en lo que podríamos denominar su doble póliza de garantía. Para el régimen de los ayatolás, es importante recordar que Pakistán se proyecta como el único vecino de peso que, desoyendo la inercia del aislamiento internacional, ha mantenido una capilaridad diplomática envidiable. Munir no solo ha preservado los canales de comunicación, sino que ha ejercido de guardián de la soberanía regional, denunciando cualquier incursión externa que amenazara con desestabilizar el ya de por sí precario equilibrio fronterizo.

Es el traductor necesario para que el lenguaje del acero de Washington sea inteligible para la Guardia Revolucionaria"

Para el Despacho Oval, el mariscal es el único actor capaz de descifrar la hermenéutica del poder en Teherán. Posee un mapa de los pasillos de la teocracia iraní que, en palabras del propio Trump, supera con creces la visión de la mayoría de los servicios de inteligencia occidentales. Es, en última instancia, el traductor necesario para que el lenguaje del acero de Washington sea inteligible para la Guardia Revolucionaria.

En este escenario, Munir no actúa por una suerte de idealismo pacifista; no le ha temblado la mano a la hora de dirigir a las fuerzas paquistanís a la guerra con los talibanes. Lo hace por una necesidad ontológica de supervivencia. Sabe que si el eje Washington-Teherán termina por quebrarse, las esquirlas del conflicto impactarán directamente en el corazón de Islamabad. Su importancia es, por tanto, la del engranaje crítico. Sin él, la maquinaria de la distensión carece de lubricación estratégica. Por esta razón Munir ha conseguido que ambas potencias acepten que la mediación de Pakistán, como la única vía para evitar que el Indo se convierta en el próximo epicentro de una conflagración sistémica. 

En la geopolítica del sur de Asia, el cuartel general de Chaklala ha dejado de ser meramente el centro neurálgico del poder militar paquistaní para convertirse en la cancillería en la sombra. Y Pakistán se encuentra dividido en este aspecto. Por un lado, las facciones de la coalición gubernamental brindan su apoyo total al mariscal Munir, y destacan que ha sido gracias a él y al primer ministro Sharif que se ha cerrado un principio de acuerdo de entendimiento entre Irán y Estados Unidos. Podemos ver que la fina línea que separaba el poder militar del poder civil ha desaparecido completamente, y que ahora la tríada del presidente Ali Zardari, el primer ministro Sharif y el mariscal Munir, son tres inseparables.

En conclusión, Pakistán merece atención como uno de los pocos países hoy que mantiene relaciones cordiales con Estados Unidos, Irán, China, la Unión Europea y Turquía. Sus Fuerzas Armadas salieron victoriosas frente a India en la anterior escalada militar entre ambos países. Actualmente están en plena ofensiva contra los talibanes en Afganistán.


Guillem Pursals es doctorando en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.

Comentarios

Normas ›

Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.

Regístrate para comentar

Te puede interesar

Lo más visto