Sánchez está en China desde el sábado y a lo mejor es que va a hacerse el tour completo de los países chungos, de las dictaduras de porcelana, silicio o polonio, de las teocracias de pastores medievales y de las autocracias de coco y calavera con las que ahora estamos alineados. Bueno, en realidad la agenda oficial comienza el lunes, así que de momento de lo que ha estado Sánchez es de turisteo por Pekín con Begoña, que yo me los imagino cenando vestidos de mandarín y mandarina, o como se diga, en un exotismo de pato chino y gong. Todavía recuerda uno cuando Sánchez sólo soñaba con robarle un apretón de manos a Biden, como si le robara un beso, y ahora resulta que sólo se mueve por los hormigueros humanos, las cárceles sociales y los cuarteles civiles de las dictaduras, algo que no deja de resultar irónico o cínico para el paladín de la democracia occidental y de la moral universal. Lo de Sánchez debe de ser antitrumpismo maoísta, o sólo sanchismo de temporada (todo el sanchismo es de temporada). La primavera china, de seda y hierro como el wuxia, vale lo mismo que el invierno persa (Sánchez ya es un ayatolá más, con su cara en los muros y las bombas como un ángel exterminador). Claro que lo malo no es que Sánchez esté en China, sino que Sánchez haya llevado a España hasta China.

Sánchez está en China, lo hemos visto pasear por los barrios de Pekín con un séquito numeroso y avasallador, como esas escuelas de kungfú de pendencieros en pijama de las películas (Begoña parecía esa maestra en la lucha con los abanicos o con las trenzas, que es que uno ha visto muchas películas de chinos). Sánchez es un presidente muy turístico (él está de turismo incluso en la Moncloa), muy de ir en la góndola del hortera, que también puede ser, simultáneamente, góndola gubernamental, diplomática o de negocios. Pero el turismo de Sánchez es siempre una especie de ofrenda, se vaya a China o se vaya a Marruecos a dar la cabezada en una jaima o a llevar flores de campesino a un rey feudal en su tumba como de Cid moro. Sánchez ha aprovechado el fin de semana para hacer su turismo dominguero y arrocero (él está de dominguero y de paella incluso en la Moncloa), pero también para dejarse cautivar por China, para salir cautivado por China en los medios de China, que no son medios sino portavoces gubernamentales, casi como aquí. Así ya no parece sólo diplomacia o negocio, sino algo más, una especie de rendición cultural del viajero occidental.

Yo creo que Sánchez quiere ser un poco chino de adopción, como los chinos que quieren ser sevillanos de adopción haciéndose del Betis o vendiéndote en la feria luciérnagas de chatarrería. No será como siempre esta vez, cuando Xi Jinping le dé la mano floja a Sánchez (el líder chino es lo contrario a Sánchez en sus maneras presidenciales, es ese hombre que nunca parece tener ganas de estar ahí, ni de líder ni de cumbre ni de fiesta ni de guerra, sólo quiere irse porque le duelen el estómago o los zapatos, siempre le duelen, pero lo tienen ahí, de potencia chunga, de antagonista de Estados Unidos y hasta de cicerone de domingueros españoles que se han ido a Pekín como a la muralla de Ávila). Digo que será diferente porque Sánchez ha ido varias veces a Pekín pero nunca había llevado a toda España como un exilio, como una colonia, como una ofrenda, como cuando Santos Cerdán visitaba a Puigdemont. Sí, lo malo no es que Sánchez esté en China, sino que Sánchez nos ha llevado hasta allí, hasta que China sea referente, aliado, solución o consuelo.

Sánchez está en China y España también, pero no de viaje sino de vasallaje o de limosna. Uno recuerda cuando Sánchez iba a pasar la gorra a Bruselas, como un tuno con pandereta, pero ahora vamos a pasar el platillo a Pekín, que Europa no pinta nada en el mundo y nosotros no pintamos nada en Europa, donde ya han calado a Sánchez (es falso que toda Europa haya seguido a Sánchez en su postura contra la guerra de Irán, porque su postura siempre ha sido retórica mientras los demás, de Macron a Meloni, tenían claro qué hacer, qué no hacer y por qué). Sánchez no va a China como otras veces ni como otros, a intercambiar jarrones, negocios, cumplidos y apretones de manos chirriantes con un hombre al que le chirrían los zapatos o el epigastrio. Ahora vamos en alianza civilizatoria o anticivilizatoria, ahora estamos alineados con China, en la órbita de China; estamos en China, en los planes de China, como estamos también en los planes y oraciones apocalípticos de los ayatolaś, en los planes y comunicados de Hamás, y en los planes y el cachondeíto de Marruecos.

Sánchez y Begoña, de turisteo, irán en góndola de sombras chinescas y gitanearán entre faralaes Han (el excursionista hortera lo confunde y lo mezcla todo). Cuando se den la mano diarreica con Xi Jinping, ellos y todos habrán olvidado que la gran potencia mundial no es una tienda de faroles ni de radios, sino la mayor amenaza para la democracia y para Occidente (ni Rusia ni Irán serían nada sin China). Sí, más peligrosa que Trump, que, al menos de momento, aún tiene que rendir cuentas ante los suyos y ante el electorado, cosa que no le pasa al líder chino, que no le rinde cuentas ni al estomatólogo. No hace falta ni siquiera recordar los negocios de Zapatero y Pepe Blanco con China, ni los contratazos públicos con Huawei que espantaron a nuestros socios con razón. Estamos con China por pura lógica retórica sanchista.Estamos ya por ahí, con China, con Irán y no sé si pronto con Putin, que ya digo que lo mismo Sánchez se hace todo el tour por los países chungos por aprovechar la primavera. Estamos por ahí, con China y los demás, en su guerra cultural, económica, civilizatoria o anticivilizatoria, porque los alineamientos de Sánchez son así, de temporada y de necesidad, con Bildu, con Puigdemont, con Mohamed VI, con los ayatolás y con Xi Jinping, que yo creo que todos ellos comparten antiácidos. Sánchez compra supervivencia y vende retórica, en este caso vende antitrumpismo, él que es lo más parecido a Trump que hemos visto, y vende ese ‘no a la guerra’ de piruleta que no lleva al pacifismo sino al alineamiento con los que son todavía más peligrosos y crueles que esta guerra. Sánchez está en China de turismo pero España está en China como parte ya de su bando, en el lado chungo del mundo y de la historia.