La seguridad estratégica es el solomillo de la política exterior. Sin seguridad no hay prosperidad. Lo vemos con el estrecho de Ormuz cerrado al tráfico marítimo o ser de pago en contra del principio de libertad de navegación. En Ucrania con la invasión rusa empantanada por la valentía ucraniana. En Israel donde en un solo atentado mataron a más de 1.200 personas y secuestraron a 250. (¿Qué hubiera hecho España con algo semejante en su territorio?).
Tampoco les sirve plenamente a las milicias terroristas de Hamás esconderse entre su población, a la que por ello han convertido en objetivo de Israel como ocurre con Hezbollah en el Líbano, cuya soberanía es pisoteada por el Estado judío porque antes lo fue por estos terroristas, rebeldes a la autoridad de Beirut y también patrocinados por Teherán ante la impotencia observadora de la ONU con UNIFIL.
La OTAN consiguió disuadir cualquier aventurismo ruso en Europa durante la Guerra Fría y ahora con Putin, permitiendo, en su día y luego, la creación y el desarrollo de la Unión Europea. Rusia es un peligro para Europa. Ya veremos si el principal aliado sigue con esta Alianza, aunque no debiera interesar a EEUU dejar a Europa a merced rusa o china. La Unión Europea debiera organizar su defensa y federalizarse porque son los términos los que han cambiado, no la relación trasatlántica en sí. De ahora en adelante Washington no pagará la factura de la cena y los europeos los refrescos. Desde ahora cada uno se paga su parte.
La política de seguridad estratégica es esencialmente competencia compartida en España del presidente del Gobierno, del ministro de Exteriores y del de Defensa, pues si bien la política exterior es responsabilidad de Exteriores, Defensa participa en ella de forma significativa y el presidente del Gobierno debe dar los impulsos determinantes y terciar en temas en los que en Santa Cruz o en Castellana puedan divergir.
De ahora en adelante Washington no pagará la factura de la cena y los europeos los refrescos. Desde ahora cada uno se paga su parte
Margarita Robles es ministra de Defensa desde hace ocho años. No ha puesto en marcha un verdadero libro blanco sobre nuestra defensa. La Armada sueña con portaaviones que son para proyectar fuerza lejos cuando nuestro enemigo potencial y propio es un vecino que reclama Ceuta y Melilla y ocupó el Sáhara Occidental por la fuerza a pesar de estar allí nuestro Ejército. Necesitaría la Armada unos F-35 norteamericanos de despegue vertical o con rampa para nuestro modelo actual de portaaeronaves no habiendo otra alternativa. Sánchez ha renunciado a ellos y, si los encargásemos ahora, tardarían años en entregarlos porque hay cola.
Además, probablemente, Washington no daría permiso para su venta ya que Sánchez se ha enemistado abiertamente con los EEUU y su gran aliado, Israel, cuyo apoyo tecnológico nos es también conveniente. Un portaaviones es un sitting duck, un blanco fácil que requiere una flota alrededor suyo, incluidos submarinos, para protegerlo. En definitiva, una proposición muy cara; y, aunque incrementemos el presupuesto de Defensa, éste siempre es limitado.
El Ejército de Tierra se agarra a sus carros de combate cuando hoy en día vemos en Ucrania que también son blanco fácil con drones y misiles antitanque mucho más baratos. Sería una locura invadir Marruecos y los marroquíes no van a desembarcar con los suyos en la Península ni en Canarias.
Las guerras de Ucrania, contra Hamás y Hezbollah, así como contra Irán muestran que hace falta una cúpula de hierro defensiva e innumerables misiles y drones para represalias contra un eventual atacante cercano o lejano. Para determinar los objetivos se requiere una información exhaustiva a través de toda clase de medios incluidos satélites espaciales de observación militar. Los estadounidenses ya utilizan la Inteligencia Artificial para la atribución de objetivos empleando, pues, un 20% del personal humano antes necesario. Estas son nuestras prioridades.
Exteriores sigue adoleciendo de un presupuesto insuficiente para sus instalaciones y personal. Los Consulados no dan abasto para el número ingente de peticiones de nacionalidad propiciadas por la reciente legislación española. El número de diplomáticos es insuficiente para las aspiraciones que tenemos de brillar en el mundo internacional.
La política exterior actual nos margina en varios frentes importantes en los que se observa que no cuentan con nosotros o desconfían
Por otra parte, la política exterior actual nos margina en varios frentes importantes en los que se observa que no cuentan con nosotros o desconfían. Este Gobierno no comparte en la UE liderazgo con los países de mayor peso en materia de seguridad, salvo procesionar el No a la guerra, porque el rechazo al 5 % de la OTAN también repercute negativamente en una defensa europea. El quinteto importante lo componen Alemania, Francia, Italia, Polonia y el Reino Unido desde fuera de la Unión Europea.
En el marco transatlántico, el enfrentamiento innecesariamente agresivo con los EEUU, además de contra Israel en los mismos términos, nos aparta de las corrientes mayoritarias en los temas de seguridad. En el ámbito más amplio occidental somos, pues, en buena medida, unos tipos diferentes. La actuación de los tres responsables referidos muestra que los Pirineos han crecido y que, en lugar de insertarnos cada vez más en el tejido europeo y occidental, que son los nuestros, nos acercamos a los BRICs, como dijo una vez Trump -que no siempre se equivoca- y de los que China es un puntal.
Necesitamos otra política exterior y de seguridad que correspondan a nuestros intereses y no una ideologizada y radicalizada no solo a la izquierda del PSOE, también en el sanchismo. Felipe González lo bordó en política exterior, pero los de ahora siempre le han odiado por su sensatez y sentido de la responsabilidad. Y la pregunta se mantiene, ¿Tenemos la defensa que necesitamos?
Carlos Miranda. Embajador de España
Te puede interesar