El ministro de Cultura dijo este lunes que no le corresponde "promover la cancelación de ningún concierto por las opiniones que haya vertido cualquier artista". Ernest Urtasun se refería a Kanye West, a su concierto del próximo 30 de julio en el Estadio Metropolitano de Madrid y a los comentarios antisemitas y la apología del nazismo que el rapero norteamericano expelió durante meses en redes sociales para regocijo de algunos.
"Las manifestaciones que ha hecho Kanye West me repugnan. No me gustan nada, me parecen completamente fuera de lugar. Dicho lo cual, no le corresponde al Ministerio promover la cancelación de ningún concierto por las opiniones que haya vertido cualquier artista" ("ningún concierto", "cualquier artista", las "opiniones"). A Urtasun le preguntaron ayer sobre este asunto durante una rueda de prensa en el Ministerio de Cultura porque en Reino Unido, en Francia, en Polonia y en Suiza, entre otros países, se han cancelado los conciertos de Kanye, Ye para los amigos. Y porque el martes pasado, en declaraciones a los periodistas antes del Consejo de Cultura de la UE en Bruselas, y quizá embriagado de principios comunitarios al pisar la moqueta europea, Urtasun no cerró la puerta a una posible iniciativa del Gobierno para que el concierto de Ye no se celebrara. "De momento estamos analizando la situación. Ese concierto todavía no se ha producido y estamos acabando de analizar la situación”, dijo entonces el ministro.
Una semana después, Urtasun y los suyos ya han acabado de analizar la situación y han fijado postura: el Gobierno no hará nada y deja al promotor del concierto la responsabilidad de seguir adelante o no, "como ha pasado en otros países", dijo ayer el ministro.
Pero el ministro miente o ignora lo sucedido en esos "otros países", dos de ellos miembros de la Unión Europea, como España, y todos pertenecientes a ese espacio cultural y civilizatorio llamado Europa que a Urtasun le gusta reivindicar.
West, "promotor de una ideología criminal"
A comienzos de abril, tras días de presión política y social y la salida de varios de los patrocinadores del festival Wireless en el que West iba a actuar, el Ministerio del Interior británico rechazó la Autorización Electrónica de Viaje de Ye, lo que suponía prohibirle la entrada en el Reino Unido. La razón: su presencia en suelo británico “no sería beneficiosa para el bien público”. Fue después de esta decisión política y administrativa cuando, inevitablemente, la organización del festival canceló el evento y anunció el reembolso de las entradas. "Kanye West nunca debería haber sido invitado a ser cabeza de cartel de Wireless", escribió el primer ministro británico, el laborista Keir Starmer, en la red social X. "Siempre tomaremos las medidas necesarias para proteger al público y defender nuestros valores".
Una semana después, el 15 de abril, el propio West decidía suspender su concierto del 11 de junio en Marsella. Fue después de que el ministro del Interior francés, el macronista Laurent Nuñez, hubiera anunciado que estudiaba vías legales para prohibirlo debido a sus declaraciones antisemitas. Y de que el alcalde de Marsella, el izquierdista Benoît Payan, hubiera manifestado su rechazo a que su ciudad sirviera de escaparate para quienes "promueven el odio y un nazismo desinhibido".
Lo sucedido en Francia también precipitó los acontecimientos en Polonia. "Las acciones ampliamente comentadas de Kanye West, relacionadas con su promoción del nazismo, están en manifiesta contradicción con la razón de Estado polaca", aseguró la ministra de Cultura polaca, Marta Cienkowska, en un comunicado remitido el 17 de abril a la agencia France-Presse. Cienkowska solicitó expresamente a los organizadores del concierto de West previsto para el 19 de junio en el estadio de Chorzów que no pusieran "el espacio público a disposición de promotores de una ideología criminal". Advirtió que su gobierno disponía de los medios necesarios para prohibir la entrada del músico en su territorio y que no dudaría en hacerlo en caso de que fuera necesario. "No puedo imaginar que en Polonia, país donde se asesinó a personas en los campos de exterminio nazis alemanes, podamos organizar un concierto de un artista que ha declarado abiertamente amar a Hitler, que ha promovido la ideología nazi y ha ganado dinero vendiendo camisetas con la esvástica", recordó Cienkowska.
El 20 de abril, la empresa que gestiona el estadio de Chorzów anunció la suspensión del evento. Ese mismo día, el FC Basilea suizo confirmó que no permitiría el concierto de West en su estadio, el St Jakob Park, previsto para el 26 de junio. Mientras las cancelaciones se sucedían en Europa occidental, el régimen prorruso de Georgia promovía un concierto de Ye en Tiflis para el 12 de junio, un día después de la fecha prevista y ya cancelada en Marsella. Las entradas se agotaron en cuestión de minutos.
El activismo selectivo del ministro
Así que no, las suspensiones de las fechas de Kanye West en Europa no han respondido a la libre decisión de los promotores, tal y como afirma Urtasun, sino que han sido resultado de la presión social y la iniciativa política, expresa o implícita, de los gobiernos británico, francés o polaco, de diverso signo político. Llama la atención que un político activista como Urtasun, que en los últimos meses no ha dudado en hacer uso de su capacidad de presión desde el ministerio para "promover la cancelación" de eventos deportivos y culturales, no solo no se sienta concernido por el caso de West, con su apetecible perfil de protonazi que ha coqueteado con la galaxia MAGA, sino que haya decidido ponerse de perfil.
En los últimos meses han abundado los ejemplos de ese activismo de Urtasun. Hace justo un año, el 18 de mayo de 2025, cuando saltó la polémica en torno a la firma norteamericana de capital privado KKR, sus inversiones en firmas israelíes y su participación en las empresas promotoras de festivales españoles como Sónar, Viña Rock, Arenal Sound o el FIB, el ministro declaró que el fondo "no es bienvenido" en España por apoyar el "genocidio palestino" y apoyó un boicot con serias consecuencias reputacionales para los festivales afectados, pese a que sus responsables condenaran expresamente las acciones militares de Israel en la franja de Gaza. "La cultura en nuestro país no quiere, no va a participar de la expansión de los asentamientos ilegales", dijo entonces Urtasun, aunque la implicación de KKR en esos festivales fuera colateral. "Desde las instituciones lo que tenemos que tratar de garantizar es que la cultura no se vea manchada".
El respaldo del ministro al boicot precipitó la cancelación de algunos artistas y la espantada de miles de espectadores. De poco sirvió que el 19 de mayo el Sónar se desvinculara de "cualquier acción" de KKR y mostrara explícitamente su "solidaridad con la población civil palestina atrapada en la catástrofe humanitaria que se vive en Gaza". En agosto, el ministro insistía en su mensaje: "El problema que tenemos es la libre circulación de capitales de empresas israelíes en la Unión Europea y eso tiene una solución. Tiene que romperse el acuerdo comercial de inversiones que la Unión Europea tiene con Israel, que el Gobierno de España ya ha solicitado en el Consejo. Pero lamentablemente, las instituciones europeas, que no están a la altura de lo que deberían estar ante el genocidio que ocurre en Gaza, todavía no lo han roto. Nosotros no vamos a cejar en el empeño de que ese acuerdo se rompa, porque no queremos KKRs ni en la cultura ni en ningún otro sector estratégico de nuestro país".
Pocas semanas después, Urtasun desempeñó un papel destacado en el boicot a la Vuelta Ciclista a España por la participación del equipo Israel-Premier Tech. El ministro respaldó expresamente y en varias ocasiones las acciones que impidieron el desarrollo normal de la carrera. "La sociedad española ya no tolera que acontecimientos culturales y deportivos sirvan para blanquear el genocidio", "la mayor atrocidad del siglo XXI", dijo el 14 de septiembre en RNE, el mismo día que la organización de la prueba renunciaba al tradicional circuito final por las calles de Madrid debido a las amenazas de protestas.
Tras la Vuelta, Urtasun y su formación política, Sumar, mantuvieron el foco sobre Israel a propósito de su participación en Eurovisión. "Israel tiene bloqueada una solución política a través de la creación de un Estado palestino plenamente soberano" y, hasta que eso no ocurra, dijo Urtasun en un desayuno informativo organizado por Europa Press el 24 de noviembre, "el boicot cultural debe seguir". En diciembre celebró la decisión de RTVE de no participar en el certamen. "Yo creo que el boicot cultural y deportivo a un Estado que practica un genocidio es imprescindible"; la cultura, añadió, debe estar al servicio de la paz y de los derechos humanos.
La condena del genocidio en Gaza, la descolonización de los museos españoles, el arrumbamiento de la fiesta de los toros, la lucha contra la "cultura de la violación" en el cine español son las batallas culturales predilectas de Ernest Urtasun. También el desagravio y la recuperación de la memoria de las víctimas del franquismo y la dictadura. Todas más o menos respetables. Parece que la memoria del Holocausto le importa menos. Y es llamativo tratándose de un ministro que en su toma de posesión reivindicó la figura de Jorge Semprún. "El escritor y político de la memoria antifascista, expatriado en Francia, preso en el campo de concentración de Buchenwald, que tuve la oportunidad de visitar de pequeño y que tanto me impresionó", recordó Urtasun en su discurso del 21 de noviembre de 2023, cuando tomó la cartera de Cultura de manos de Miquel Iceta. "En Semprún está todo lo que conviene recordar: la cultura como antídoto contra la barbarie, garantía de una democracia plena, pilar de un proyecto europeo colectivo basado en los valores de la libertad y la fraternidad".
"Cité a Semprún en mi toma de posesión", recordaba días después en una entrevista en La Vanguardia, "porque es la expresión de lo que somos como europeos y de lo que hemos heredado. Lo que hemos heredado es la cultura como un pilar de nuestra democracia. La lucha contra la barbarie y la derrota del nazifascismo después de la Segunda Guerra Mundial es lo que ha definido y ha construido nuestras democracias a partir de la cultura".
El mismo hombre que dijo esto en noviembre de 2023 se inhibe hoy en el debate esencial –sobre "lo que somos" y "lo que hemos heredado"– a propósito de los mensajes antisemitas de ese genio idiota llamado Kanye West que ha recibido la lección que merece de naciones con principios sólidos. Pero claro, Urtasun también es el hombre que junto a Sira Rego y otros 19 europarlamentarios, un mes antes de ser elegido ministro, votó en contra de la condena del Parlamento Europeo a los ataques de Hamás del 7 de octubre de ese año. Quinientos votaron a favor.
Una coincidencia: este lunes, el mismo día que el ministro de Cultura se ponía de perfil con lo de Kanye West, la Comisión Europea anunciaba la creación de un nuevo galardón anual destinado a celebrar el patrimonio cultural judío en Europa. Llevará el nombre de Simone Veil. La ministra que sacó adelante la despenalización del aborto en Francia, primera mujer que presidió el Parlamento Europeo, fue una de las pocas judías francesas que salió con vida de Auschwitz. En 2027 se cumplen 100 años de su nacimiento y diez de su muerte. Kanye no lo ganará, seguro. Pero Urtasun tampoco.
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