Lo primero que piensas al leer el libro La caída de Santos Cerdán es que no lo ha escrito Santos Cerdán.

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No porque un electricista de Milagro sea incapaz de escribir un texto sobre sus experiencias como ángel caído, sino porque la mayoría de las páginas del texto son un corta pega del manual básico de un comunicador, o de un asesor político, como ustedes prefieran. Es muy probable que el amanuense haya sido un periodista, como fue el caso de Irene Lozano con Pedro Sánchez, aunque yo me inclino más a pensar que el artista es un gurú. Incluso hay frases que parecen salidas de la pluma de Iván Redondo.

Más que un libro exculpatorio, La caída es una especie de reflexión sobre la comunicación en los tiempos modernos. Llama la atención que, casi al comienzo de la pieza, Cerdán advierta "tanto a las instituciones, como a las organizaciones empresariales que estén preparadas y tengan departamentos para hacer frente a situaciones complejas que afectan a la reputación y la viabilidad".

A medida que va uno leyendo se da cuenta de que el ex secretario de Organización del PSOE, en realidad, tendría que haber sido el estratega de la comunicación del partido, por lo que sabe del asunto. Él confiesa que tiene muy claro que "la comunicación estratégica no es un lujo, es algo necesario".

Después de un comienzo que despista, Cerdán se viene arriba para reivindicar su papel esencial en la moción de censura de 2018, que llevó a su partido al poder. Fue cuando el PNV cedió sus cinco votos para propiciar la caída de Rajoy. "Con el PNV sólo habla Santi, y Santi sólo me reporta a mí", dice que dijo Pedro Sánchez en esas horas fatídicas (Santi era él). Luego también se atribuye el éxito de la investidura tras convencer a Junts para que apoyara a Sánchez. Y ese papel como muñidor fue, a su saber y entender, la causa de sus desgracias. "En política, cuando incomodas lo suficiente, dejas de ser útil. Te conviertes en un problema, y los problemas no se gestionan. Se eliminan". Se deduce que fue el presidente el que decidió eliminarle. Menciona el informe de la UCO, hecho público el 12 de junio de 2025, y luego cuenta que fue él quien decidió dimitir, que Sánchez le llamó a Moncloa pero que no le destituyó, porque él ya había tomado una decisión. También se queja de que el seguro de responsabilidad civil rechazó asumir su defensa y que el partido le dijo que se buscara un abogado por su cuenta. Cosa que no cuadra con el hecho de que su defensor principal sea Jacobo Teijelo, que cobra del PSOE. Le hicieron el vacío, pero no tanto.

Tras estas breves pinceladas y cuando uno piensa que va a entrar en harina (¿cuál es su relación con Antxón Alonso?, ¿qué papel jugaba Leire Díez, la fontanera de Ferraz?, ¿cobró comisiones de obras públicas?, etc.), Cerdán se torna en comunicólogo. Ejemplo: "Las organizaciones, públicas y privadas, no están preparadas para escenarios de crisis reputacional y judicial de alta intensidad; se gestionan presupuestos, agendas, equipos, pero rara vez se gestionan riesgos sistémicos de este calibre". Y, más adelante, añade: "Cuando no existen protocolos claros, equipos especializados y estrategias de comunicación definidas, el daño no es sólo reputacional: se convierte en estructural". Para concluir: "La anticipación no es una opción, es una obligación estratégica". ¡Toma ya!

En su libro 'La caída', el ex secretario de Organización del PSOE se muestra como un experto en comunicación estratégica, un remedo de Iván Redondo

Santos Cerdán se ve a sí mismo como la victima de una conspiración. "Estaba participando en una fase de algo que ya estaba en marcha". ¿Pero una víctima de quien? Esa respuesta la da en el capítulo titulado El Sistema (Mario Conde escribió un libro con ese título en el que también interpretaba que su salida de Banesto fue consecuencia de que se había convertido en un peligro para el sistema). Ahora viene lo bueno. Sostiene Santos Cerdán: "El análisis de Giuliano de Empoli en su libro Los ingenieros del caos describe una lógica que trasciende países y contextos, una lógica que suma saturación informativa, activación emocional y multiplicación de conflictos". ¿Se imaginan a Cerdán diciendo esta frase? ¿Por qué un hombre tan culto todavía no ha dado una rueda de prensa? Me pregunto.

Luego, claro, mete en el ajo a Steve Bannon y a Donald Trump, cuyo terminal en España es Vox. Aquí cita el libro de Miguel Ángel González, El negocio del patriotismo español, y hace referencia también a una supuesta reunión en un cigarral toledano de Ortega Smith con mandos de la Guardia Civil el 2 de abril de 2021. Ahí se tramó todo. Esas son las claves de la conspiración de la que él es victima, como Dilma Rousseff y Lula da Silva en Brasil o António Costa en Portugal. Personajes de su altura.

Después de esta explicación sobre su caso vuelve machacón al problema de comunicación que tenía –y tiene– el PSOE: "No existían protocolos de crisis. No había estrategia de comunicación para escenarios de esta intensidad. Tampoco un equipo especializado en gestión reputacional en contextos judiciales". Lo que ha aprendido este hombre en la cárcel.

Habla Cerdán como un experto en gestión de crisis. Aborda la "construcción del relato", los "sistemas informativos acelerados", la "sincronización entre publicación y coyuntura estratégica".

Reflexiona el ex número dos –o tres– del PSOE: "Cuando todo estalló, entendí algo que hasta entonces había subestimado: la comunicación era lo único que podía protegerme". Y uno se pregunta: entonces, ¿por qué no comunicó nada? ¿Por qué ha esperado un año a decir algo, aunque sea en forma de librillo autoeditado?

A partir de aquí, Cerdán se despeña por el precipicio de la "comunicación estratégica". Esa expresión la emplea no menos de veinte veces. Y resulta un poco excesivo. Esa solución mágica la define de la siguiente forma: "Consiste en construir un sistema que anticipe escenarios, identifique riesgos, fortalezca la confianza interna y externa". ¿Se imaginan a Santos Cerdán teorizando sobre la "omnipresencia de los canales digitales"? Pues lo hace.

En un alarde de impudicia intelectual, Cerdán apunta: "La reputación, entendida como capital de la organización, no es un recurso automatico de protección; se cultiva con coherencia entre discurso y acción, con consistencia a lo largo del tiempo y con credibilidad demostrable".

También habla de "resiliencia emocional", e incluso dedica un capítulo de su libro a la "Inteligencia económica". Pero el atrevimiento sublime llega cuando teoriza sobre la "ciberpolítica". "Los algoritmos amplifican determinados contenidos de forma automática. Y parece un fenómeno que define gran parte de las dinámicas actuales: la ciberpolítica".

Creíamos que teníamos delante a un electricista que había ascendido en el lado oscuro del partido por su capacidad para situarse siempre en el lado correcto del poder y lo que esta obra nos descubre es a un McLuhan disfrazado de Paco Martínez Soria.

El libro merece la pena no porque vaya a enseñarles nada, más allá de las fórmulas mágicas que vende cualquier cantamañanas, sino porque demuestra la cara dura que tiene este hombre. En lugar de arrepentirse de sus actos, nos viene a contar una milonga. Hasta su libro es más falso que un euro de madera.