La OTAN sin Begoña yo creo que debería, simplemente, rendirse o disolverse, pero ahí sigue, con sus barcos sin Virgen almiranta, con sus marineros sin Marta Sánchez y sus ejércitos sin Juana de Arco. En Ankara, que ahora es como una Venecia sin Begoña, y con Sánchez igual que Sabina triste sin rubia minifaldera, se reúne la OTAN, aunque yo creo que se reúne para nada. Quiero decir que Trump sigue mandando y exigiendo, que Europa ya pinta poco y que Sánchez sólo está ahí para hacer política doméstica, aunque ahora muy demediada sin la presencia frutal y solar de su media naranja. Trump quiere más gasto en defensa y en colgajos dorados, quiere más negocio y lantánidos, quiere más colaboración o sumisión (hasta Abascal se queja de su trato a Meloni); Sánchez sólo quiere tocar la guitarra en la playa, por la paz y por la novia, para sus telediarios y tertulianos; y Europa querría ser lo que ya no puede ser, autónoma, autosuficiente y valiente, y no depender de un anciano con el paraguas nuclear (o nucular, según G.W. Bush) como con un andador. Estamos más o menos igual que siempre, y hasta Trump vuelve a amenazar con el farol o la garrota de abandonar la organización. Yo no sé si es más inútil una OTAN sin Begoña o sin Trump, pero creo que las dos cosas llevan al mismo vértigo, al mismo desánimo y a la misma melancolía.

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Esta cumbre de la OTAN sin Begoña será un caos o un sinsentido, o ya lo iba a ser de todas maneras, como el mundo sometido al capricho de Trump, al que se le antojan Groenlandia o Irán para luego dejarlos ahí, como un helado o un kebab rechupeteados, y se le antojan tierras raras o petróleo igual que a Zapatero se le antojan diademas o también petróleo. Yo diría que lo último que se le ha antojado a Trump es Meloni, porque lo de Trump con la primera ministra italiana se parece mucho al desprecio que los autoapreciados como machos alfa confunden con el cortejo. Trump es caprichoso y vanidoso como un marquesito, y es verdad que quiere que la OTAN sea como su cumpleaños con amiguitos comprados. Pero lo de Meloni parece algo más, parece que el viejo está colado (ah, no sólo Ábalos hace de senex amans), y que toda la polémica por el tuit con ojitos u ojazos de Meloni y petición de “orden de alejamiento” no es una pose de gallito geopolítico sino de gallo viejo, cojo y tuerto.

Esta cumbre de la OTAN sin Begoña será un caos o un sinsentido, o ya lo iba a ser de todas maneras, como el mundo sometido al capricho de Trump

Antes que pensar en razones políticas, económicas o estratégicas, a Trump hay que darle la oportunidad de ser considerado y analizado, simplemente, como un baboso sin control. Igual que a Sánchez hay que darle la oportunidad de ser considerado y analizado, simplemente, como un hortera sin control. Pero quizá eso nos permite quitarnos de encima toda la ferralla geopolítica  y bombardera de la OTAN, como toda la ferralla ideológica del sanchismo, para quedarnos con hombres encoñados o posturitas que nos revelan sus verdaderos deseos y prioridades, y con ello nuestro aciago destino. El mundo sigue como estaba y la OTAN también, pero a lo mejor tenemos en lo doméstico las mejores lecciones de esta reunión, de esta cumbre sin Begoña como sin azafata y con Meloni como peperina. Por lo doméstico, diríamos que Sánchez va a vengar la memoria de Begoña poniéndose aún más pacifista y aún más rácano (ese pacifismo de los tiesos, que también es hacer de la necesidad virtud, como decía Sánchez aunque sin saber lo que significa). Por lo doméstico, seguiríamos diciendo que Trump es imprevisible e incontrolable con su andador, como con un tanque. Y por lo doméstico también, diríamos que Abascal ya se está alejando mucho del presidente americano, quizá porque se ha dado cuenta de que al final no le va a poner ni una ínsula ni un casino.

Abascal ha criticado a Trump y ha defendido de nuevo a Meloni (no es la primera vez), como un caballero español o quizá como un pillo sin posada. Consideró el tuit del gallo viejo unas “descalificaciones inaceptables” y señaló que “no se puede tratar a los aliados como vasallos”. Ya dijo en otra ocasión, creo que cuando el papa se atravesó entre Trump y Meloni como un carricoche, que “a los aliados no hay que atacarlos”. Yo diría que Abascal, tan chulapón, no ha captado sin embargo el matiz de viejo verde, de don Hilarión, que tiene lo de Trump con Meloni. Pero Abascal yo creo que ya está olvidando el casticismo, el galleo y hasta el clembuterol (por lo visto se ha puesto a dieta, como Rosalía). Los desvaríos de Trump y la caída de Orbán quizá lo han dejado un poco sin techo o sin colchón, sin posada que decía yo antes. Ahora sólo puede arrimarse a Meloni y a Moreno Bonilla, que considerados así en conjunto parecen una pareja de Fellini, de alguna noche de Cabiria.

La OTAN sin Begoña quizá debería disolverse o rendirse, que es como si los aqueos se hubieran quedado sin Atenea. Es casi peor que si se fuera Trump y dejara a Europa, y sobre todo a España, solas con sus ejércitos de guardabosques y gaiteros. Yo creo que la OTAN quedaría mejor como ONG de Begoña, con muchos atriles de diferentes alturas sobre el azul atlántico, como trampolines olímpicos. Pero de momento sigue ahí, haciendo la guerra enmoquetada y teórica y siendo el cumpleaños de señorito de Trump. Ahí seguimos nosotros también, jugando a la guerra como a la paz, o a la paz como a la guerra, o a los ricos como los pobres, o a los valientes como los cobardes. Sánchez volverá con su guitarra, o, todavía mejor, sin la guitarra, como si se la hubieran robado unos salvajes, que eso lo haría aún más pacifista y menesteroso, y quizá protestando porque por no estar Begoña no se ganó la guerra o no se ganó la paz. Y Trump volverá en tacataca, pensando seguramente que merecemos que nos trate como a vasallos porque nos hemos avasallado, igual que Sánchez pensará que merecemos que nos trate como idiotas porque nos hemos idiotizado. El mundo sigue más o menos igual, o sea fatal, pero a veces hay una cumbre en Ankara y nos queda una dama mancillada, y nos falta otra dama con carcaj o con arpa, y nos sobra un matón infartado de viagra, y aprendemos mucho más de lo que pasa en nuestra casa que de lo que pasa por allí.