Este martes, la OCDE hizo públicos los resultados del informe PISA 2025. España obtuvo 451 puntos en lectura, diez menos que en 2006 –su anterior mínimo histórico– 457 en matemáticas y 477 en ciencias. Quedó por debajo de la media de la OCDE en las tres competencias. La muestra española estuvo formada por 29.967 alumnos de 15 años de 956 centros, no exclusivamente por estudiantes de cuarto de ESO.
Antes de la LOMLOE, la regla general permitía promocionar con un máximo de dos materias suspensas, salvo cuando fueran simultáneamente Lengua Castellana y Literatura y Matemáticas. Tres suspensos, o esa combinación de dos, conducían normalmente a la repetición. Pero tampoco entonces la regla era completamente automática: el equipo docente podía autorizar excepcionalmente la promoción con tres materias no superadas si concurrían determinadas condiciones pedagógicas.
La LOMLOE, impulsada en 2020 por la entonces ministra Isabel Celaá, cambió ese sistema. La regulación se encuentra en el artículo 28 de la Ley Orgánica de Educación reformada y en el artículo 16 del Real Decreto 217/2022. Promociona automáticamente quien suspende una o dos materias. Por encima de ese número, el equipo docente debe valorar si las asignaturas no superadas impiden seguir con éxito el curso siguiente, si existen expectativas favorables de recuperación y si la promoción beneficia la evolución académica del alumno.
La reforma, por tanto, no convirtió los suspensos en aprobados. Las materias no superadas continúan pendientes. El alumnado que promociona debe seguir los planes de refuerzo establecidos por el equipo docente, someterse a las evaluaciones correspondientes y acreditar posteriormente su recuperación. La repetición queda reservada como medida excepcional, después de haber agotado las medidas ordinarias de apoyo.
El problema aparece al intentar averiguar qué ocurre después.
La normativa obliga a elaborar y revisar esos planes de manera personalizada, pero las estadísticas públicas nacionales no permiten conocer cuántos alumnos los siguen, qué apoyo reciben, cuántas horas o recursos se destinan a ellos y qué proporción termina recuperando realmente las materias pendientes. Cada centro puede disponer de esa información; lo que falta es una serie nacional comparable, publicada por curso y comunidad autónoma, que permita evaluar el resultado de la política.
Las cifras administrativas muestran que la repetición ha descendido y que ha aumentado la proporción de alumnos que termina la ESO. En los términos formales de la reforma, son resultados positivos. Pero promocionar, titular y aprender no son indicadores equivalentes. Si se sustituye una medida visible –la repetición– por otra menos visible –el refuerzo individualizado–, resulta imprescindible medir la eficacia de la alternativa.
PISA tampoco resuelve por sí solo esa cuestión. Entre 2018 y 2022, en plena pandemia, España perdió ocho puntos en matemáticas, frente a una caída de diecisiete en el conjunto de la OCDE. Entre 2022 y 2025, España perdió otros dieciséis puntos en matemáticas, veintitrés en lectura y ocho en ciencias. El deterioro es serio, pero esas cifras no demuestran que la LOMLOE sea su causa.
Hay además una corrección cronológica importante. Los alumnos examinados en PISA 2025 no fueron la primera promoción que cursó toda la ESO con el nuevo currículo. La implantación comenzó en primero y tercero durante el curso 2022-2023 y llegó a segundo y cuarto en 2023-2024. Los jóvenes de 15 años evaluados en 2025 habían estudiado, como regla general, los dos primeros cursos de la ESO bajo el currículo anterior y los dos últimos bajo el nuevo. PISA 2025 no puede presentarse como una evaluación completa de una escolarización realizada íntegramente bajo la LOMLOE.
España ha cambiado el mecanismo con el que respondía al fracaso escolar, la repetición, sin construir un sistema capaz de demostrar que el nuevo funciona
También intervienen factores internacionales. La comprensión lectora ha caído en buena parte de la OCDE durante la última década. El organismo relaciona el retroceso con una menor lectura por placer, el absentismo y la distracción digital, aunque esas asociaciones no permiten atribuirles por sí solas una relación causal. En España, el 29% de los alumnos declara que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante las clases de ciencias. Ese alumnado obtiene una puntuación inferior incluso después de ajustar las diferencias socioeconómicas, pero una correlación sigue sin ser una explicación completa.
Las comparaciones autonómicas tampoco proporcionan una visión clara. Las comunidades parten de niveles diferentes de renta, pobreza infantil, composición social, inmigración, gasto educativo, dispersión territorial y segregación escolar. Que una región con criterios de promoción más restrictivos obtenga mejores resultados no demuestra que los suspensos expliquen la diferencia. Tampoco el buen resultado de una comunidad que aplica el criterio general de la LOMLOE prueba que la reforma funcione. Para establecerlo habría que controlar todas esas variables y seguir al alumnado durante varios cursos.
La discusión, por tanto, no debería reducirse a decidir si hay que hacer repetir a más estudiantes. La repetición es cara, puede estigmatizar y la investigación sobre sus beneficios académicos ofrece resultados discutidos. Convertirla en una medida excepcional puede ser una decisión pedagógicamente defendible.
Lo que no resulta defendible es sustituirla por planes de refuerzo cuya ejecución y eficacia no pueden conocerse mediante datos nacionales comparables. El debate no consiste en elegir entre aprobar o castigar, sino entre medir o confiar. Si un alumno promociona con Matemáticas pendientes, la pregunta decisiva no es si pasó de curso sino si aprendió después las matemáticas que no sabía.
PISA 2025 no demuestra que la LOMLOE haya provocado el descenso sino que España ha cambiado el mecanismo con el que responde al fracaso escolar sin construir al mismo tiempo un sistema público capaz de comprobar si el mecanismo nuevo funciona.
Dentro de tres años volverán las cifras, las explicaciones sobre los móviles y las acusaciones contra una u otra ley. Y, si nada cambia, seguiremos sin conocer el dato esencial: cuántas asignaturas pendientes se recuperaron de verdad.
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