El Gobierno cree que ha cerrado la crisis interna por la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta. Pero es sólo apariencia. Las declaraciones de Margarita Robles del pasado jueves, admitiendo que lo que ocurrió el 30 de julio fue una cosa extraordinaria difícil de prever, y la inaudita nota del CNI transmitida el miércoles a última hora de la tarde a través de Moncloa, son un parche. La herida está abierta.
En el CNI no se entiende cómo el Gobierno ha desacreditado su labor ni por qué el presidente se ha posicionado con el ministro del Interior, que siempre ha mantenido que no recibió ninguna información de los servicios de inteligencia avisando de lo que podía ocurrir. Insinuar que el CNI no estuvo a la altura no es propio de un Gobierno responsable.
Aunque el CNI no quería que se desclasificaran los documentos que le afectan, a pesar de que en esta ocasión esa decisión le pudiera beneficiar, el Gobierno optó por incluir sus comunicaciones con la delegación del Gobierno en la batería de informes que se hizo pública el pasado miércoles. Gustó aún menos que desde Moncloa se afirmara: "Un organismo que cree que al día siguiente va a producirse una entrada masiva no se limita a mandar un whatsapp ambiguo a un cargo menor: lo eleva. Esa es su responsabilidad y competencia". Eso ha levantado ampollas.
El argumento para contrarrestar esa tesis es que el CNI remitió la información al organismo que podía tomar medidas de forma más inmediata. Elevarlo a Presidencia del Gobierno hubiera sido retrasar la toma de decisiones. Y estamos hablando de un aviso sobre algo que iba a ocurrir en 24 horas.
El famoso whatsapp al que hace referencia la nota de Moncloa es el que envió un agente del CNI al jefe de gabinete del delegado del Gobierno en Ceuta, Gonzalo Sanz, quien, por cierto, dimitió este viernes tras afirmar su jefe que a él no le había informado de lo que le había transmitido el CNI. Al final la culpa de todo la tendrá un bedel. Lo lógico es que Sanz advirtiera al delegado del Gobierno y que este transmitiera la información al Ministerio del Interior. El caso es que no se hizo nada y el día 30 de julio más de 70.000 personas cruzaron la frontera de Ceuta, asalto en el que murieron 140 inmigrantes.
Si Pedro Sánchez cree que con esa dimisión se cierra la crisis está tan equivocado como Óscar Puente cuando la dio por resuelta al día siguiente de haberse producido el asalto. Alguien tiene que tener la culpa de lo que pasó. Y la responsabilidad, las cabezas que tienen que caer, tienen asiento en el Consejo de Ministros.
No valoró bien el Gobierno el efecto que tendría la desclasificación. Ni siquiera se preocupó de que Marlaska y Robles dieran una versión acorde con lo que reflejaban los documentos. Y la responsabilidad no es de Diego Rubio, al que desde el PSOE y desde el Ministerio de Presidencia apuntan como chivo expiatorio. Al menos, la mayor parte de la culpa no es del jefe de Gabinete del presidente, que lo que ha hecho ha sido intentar achicar agua de un bote que parece hundirse sin remedio.
La gestión ha sido tan lamentable que el Gobierno ha añadido al enfado que ya había en la Guardia Civil la desafección en el seno de la Policía y del CNI
No sólo no se ha valorado el efecto boomerang de la desclasificación, sino las consecuencias de afear la conducta del CNI para librar de responsabilidad al ministro del Interior. El Gobierno lo ha hecho tan mal que ahora tiene enfrente a la mayoría de la Guardia Civil, de la Policía, y del CNI. Por no hablar de las Fuerzas Armadas, cuya preocupación se centra en la vulnerabilidad que ha exhibido España en su frontera más sensible ante todo el universo, con imágenes de escalofrío que se han difundido en los informativos de mayor audiencia de Europa y de Estados Unidos.
El Gobierno tampoco es consciente del lío en el que se ha metido al no haber sido capaz de parar una avalancha de decenas de miles de personas. Cuarenta días después del asalto, al menos 5.000 inmigrantes que cruzaron la frontera de forma ilegal siguen aparcados en Ceuta. Malviven en las playas o en campamentos insalubres sin nada que hacer, sólo a la espera de que se vayan resolviendo sus expedientes de expulsión. El presidente del Gobierno dijo en su entrevista en Mañaneros 360 que lo que hacía falta ahora en Ceuta eran infraestructuras y prometió ampliar las instalaciones del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) ¡a 6.000 personas! Es decir, que los habitantes de Ceuta van a tener que acostumbrarse a convivir durante meses con, al menos, 6.000 inmigrantes de los que entraron de forma ilegal. ¡Menudo consuelo para los ceutíes!
El riesgo de esa situación enquistada es que los altercados, los abusos y la violencia aumenten de forma exponencial. Estamos al borde de una desgracia.
Por eso, creer que el lío de Ceuta se puede olvidar, o que la gente lo va a aceptar como algo que pasó y no tiene remedio, es estar ciego. El drama humanitario y social que se vive en Ceuta va a durar meses. La vergüenza por la falta de seguridad en la frontera también va a permanecer, como el enfado que hay en las fuerzas y cuerpos de seguridad por lo mal que se ha gestionado la crisis.
Seguramente, lo que ocurrió el 30 de julio fue consecuencia de una cadena de errores. Pero hay uno originario en el que nadie o casi nadie ha puesto el foco. ¿Cuál era el plan de contingencia del Gobierno ante un caso como este? ¿Qué planes tenía Interior para reaccionar ante una invasión masiva? ¿Acaso ni siquiera se tenía previsto que eso podía ocurrir?
El riesgo de esa situación enquistada es que los altercados, los abusos y la violencia aumenten de forma exponencial. Estamos al borde de una desgracia
Las fuerzas y cuerpos de seguridad están compuestas mayoritariamente por buenos profesionales que cumplen su misión. Pero deben saber cuál es su misión. La manera de reaccionar ante la entrada de 100 personas a nado en un día por El Tarajal, algo que pasa todos los veranos, no tiene nada que ver con la marea humana de más de 70.000 personas (casi tantas como viven en Ceuta). Y sobre eso no había ningún plan. Esa es una responsabilidad directa de Marlaska.
Marruecos, efectivamente, ha estado detrás de la avalancha. Aunque ni siquiera el Gobierno marroquí previó el volumen del asalto. Pero lo favorecieron para demostrarle al Gobierno español hasta qué punto su reivindicación de soberanía sobre Ceuta y Melilla es algo más que un eslogan. Ya veremos hasta dónde llega la investigación de la juez Tardón en la Audiencia Nacional. De ahí se podrá saber algo, porque del Gobierno lo único que podemos esperar son excusas, elusión de responsabilidades. Pío, pío, que yo no he sido.
Sánchez tiene ya sobre la mesa suficiente información como para haber forzado el cese de algún ministro. Pero no lo hará. Entre otras cosas porque el primero que minusvaloró lo que había ocurrido fue él marchándose de vacaciones a La Mareta. Todos tenemos derecho a vacaciones, pero cuando hay una crisis de esas proporciones, el presidente es el primero que tiene que dar ejemplo.
Por todo ello, la crisis de Ceuta no se ha cerrado. Seguirá siendo una herida abierta. Confío en que no tengamos que lamentarlo.
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