Irene Montero y Gabriel Rufián ya han hecho una paradita por La Revuelta de David Broncano en TVE, que, a diferencia de Jordi Wild, sí ha tenido con la formación política morada la deferencia tan habitual en esa casa hacia los morados.
Lo más llamativo de la entrevista de Broncano a Pedro Sánchez del pasado día 22 es que David Broncano quiso dejar claro que él había invitado al programa a Santiago Abascal y a Núñez Feijóo y que eran estos quienes no querían acudir. Curiosos estos tiempos en los que las invitaciones de los Broncanos y los Wilds ya no se conciertan llamando a jefes de prensa ni mandando cartas, sino que se formulan en antena y, si el invitado no responde, la culpa es suya. Broncano le pidió ayuda el pasado jueves a Sánchez con el tema de Feijóo, aunque insistió menos con el de Abascal, no vaya a ser que, de tanto insistir, el candidato verde acabe aceptando.
Y es que, aunque ahora, en tiempos de campaña electoral, Broncano esté obligado a disfrazarse de neutral y equidistante, resulta muy complicado cuando él y sus colaboradores tienen la hemeroteca que tienen en ese campo, según la cual Vox no es un partido más: hay que mencionarlo lo menos posible y, en su lugar, usar el mantra de "la ultraderecha", que es como decir "la amenaza fantasma", un aura deshumanizada que deambula por ahí. Ese fue el lenguaje que entrevistador y entrevistado utilizaron el día 22.
Antes del día 22, sólo dos políticos habían estado en el programa de Broncano. Manuela Carmena en La Resistencia el 22 de enero de 2020, y Gabriel Rufián en La Revuelta el 20 de octubre de 2025; los dos, por tanto, de una tendencia política muy determinada. Pero es que, además, cuando Gabriel Rufián, en aquella entrevista del día 20, preguntó a Broncano si invitaría a Abascal a su programa, este se apresuró a contestar con un contundente y escueto "¡No!", aunque su sueldo también lo paguen los tres millones de votantes de Vox.
No era la primera vez que Broncano saltaba como un resorte ante esa posibilidad. Ya en La Resistencia de Movistar, el 11 de octubre de 2019, cuando Gerard Piqué le preguntó si invitaría a su programa a Abascal (que por aquellas fechas acababa de estar por primera vez en 'El Hormiguero'), la respuesta de Broncano había sido idéntica: "¡No!". Pablo Motos vivió su primera gran cancelación por osar hacer aquella entrevista.
No era un tema personal. Su colaborador Marcos Martínez (Grison) ya expresó en el pódcast Tómatelo con vino, del 10 de junio de 2025, su convencimiento de que Vox nunca iría al programa La Revuelta. Lo decía como si considerara que no existe motivo alguno para que Vox se sienta poco estimado por ellos. El mismo Grison que, unos meses antes, en el programa A las Bravas de la Cadena SER, el 19 de diciembre de 2024, había soltado que no se puede ser negro y votar a Vox. Pero de buen rollito.
Si algo caracterizaba a Broncano en La Vida Moderna era que contra "el fascismo", que es lo que para ellos representa Vox, no se puede ser equidistante. El programa del 26 de mayo de 2020 en la Cadena SER fue cristalino a ese respecto. Frente a quienes buscaban poner al mismo nivel a los partidos a la derecha del PP, como Vox, y a la izquierda del PSOE, como Podemos, Broncano, Ignatius y Quequé tenían claro que no cabía tal equidistancia entre fascistas y antifascistas: "Es como decir: "Ni cáncer ni anticáncer". Hombre, no. El cáncer es una enfermedad y el anticáncer es la quimioterapia. No están al mismo nivel ni se tocan". No parecía que, en aquel momento, a Broncano ni siquiera se le pasara por la cabeza la posibilidad de que la etiqueta de "fascista" pudiera ponerse con suficiente ligereza como para convertirse en el arma ideal para deshumanizar a una opción escogida por unos cuantos votantes.
Como muestra de que TVE se mantiene fiel a esa idea de no ser equidistante con el fascismo, ahí está Silvia Intxaurrondo, quien, al comentar el pacto del PP y Vox en el Senado, se preguntaba a quién iban a votar ahora los seguidores del PP contrarios a juntarse con "homófobos, machistas y racistas". Bonitos adjetivos difundidos por la televisión pública que también pagan esos sucios "homóboides racistas" y "machirulos" que representan a la tercera fuerza política de este país. La deshumanización no es sólo cosa de la izquierda. Anda que no intentaron el PP y sus satélites deshumanizar a Podemos entre 2014 y 2019, como si sus integrantes fueran el ejército infiltrado de Hugo Chávez que venía a expropiarlo todo. Pero, en eso, reconozcamos que el ala diestra siempre es bastante torpe, no por falta de ganas, sino por falta de capacidad.
Es irónico que aquel Broncano que tanto decía que no se podía ser equidistante ahora tenga que simular equidistancia para justificar que, en el programa estrella de TVE, asegure con la boca pequeña que ha invitado a Vox, cuando lo que menos les interesa a él y a sus padrinos políticos es que Santiago Abascal cruce la pasarela de La Revuelta. Pedro Sánchez basa, una vez más, su programa electoral en que, si no gobierna él, vendrá el fascismo en sidecar con Feijóo. Broncano y Grison bromearon con que Abascal y Feijóo no iban a su programa para no cogerles cariño, cuando lo paradójico es que ese es precisamente el motivo por el que a La Moncloa nada le gustaría menos que ver al barbudo del caballo aparecer por su "Revuelta", donde se correría el riesgo de acreditar que es un ser humano.
¿Se imaginan cómo reaccionarían ante esa entrevista Broncano, Grison, Castella y el gran jefe? Ojalá no tuviéramos que imaginarlo, porque, por una vez, los gurús de la comunicación del ala diestra de la política supieran jugar bien sus cartas y, en este caso, Vox aceptara esa entrevista. Y saludará a Broncano, a las productoras externas de TVE y a todos sus amigos. Hasta podría saludarles con un "Hola, aquí el cáncer, que decíais". Él sabrá, pero, si no va, ya sabe Abascal a quién le está haciendo el juego.
No es sólo una cuestión de estrategia para Vox, si no también de coherencia. Manuel Mariscal, diputado de Vox, retó en octubre de 2024 a Broncano a que invitara a Abascal antes de unas elecciones. A regañadientes o no, la invitación está cursada, aunque se haya hecho bajo el convencimiento de que la iban a rechazar. Es Vox quien tiene que decidir si será coherente o no.
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