Yes, we can. Con ese lema de campaña el senador por Illinois Barack Hussein Obama se convirtió en 2008 en el primer presidente afroamericano de la Historia de EEUU. Generó una oleada de entusiasmo arrolladora. El mundo parecía que realmente podía ser mejor y que Obama era el hombre llamado a conseguirlo. Ahora, sin embargo, ocho de cada diez estadounidenses, republicanos y demócratas, reconocen que irán a votar desilusionados. La mayoría considera que los dos candidatos, Hillary Clinton y Donald Trump, son poco honestos.

Pero ser el candidato perfecto no garantiza ser el presidente perfecto. Como explica Javier Redondo en su libro Presidentes de Estados Unidos, “ser el candidato perfecto tiene un enorme inconveniente: una vez superado el escollo electoral al inquilino de la Casa Blanca le resulta imposible igualarlo. No existe el presidente perfecto y sus posibilidades de acción están muy por debajo de las expectativas generadas en campaña”.

Los grandes presidentes de Estados Unidos son los que se consideran “transformadores”. Obama representaba el cambio mucho más que ningún otro de sus predecesores. Domina el lenguaje gestual, es un auténtico prestidigitador de las palabras y un maestro de la imagen. Baila con la misma majestuosidad que juega con un niño o saluda al presidente Vladimir Putin. Su forma de estar en la Casa Blanca ha roto moldes. “Representa la aspiración de un cambio de paradigma, pero como Reagan no gozó en ningún momento del apoyo de la Cámara de Representantes”, explica en su libro Redondo. En un sistema de balances y contrapoderes como el de EEUU resulta muy arduo ejercer como comandante en jefe con las Cámaras en contra. Los republicanos se hicieron con las dos Cámaras en las primeras elecciones de mitad de mandato de 2010.

“Ese yes, we can se queda en we can, what?. En política doméstica su logro es el Obamacare -su plan sobre el sistema de salud- y ni es un sistema a la europea y supone la suscripción de seguros con compañías privadas, y más importante aún, no está claro cómo puede sufragarse. En política exterior, lo más destacado es el cambio de política con Cuba pero tampoco sabemos qué frutos va a dar. Tiene la imagen de ser un político de talante pero su presidencia ha sido muy divisiva, en parte también porque los republicanos no tenían ningún líder”, señala David Sarias, profesor de Pensamiento Político en el CEU. “Ni es tan valiente como se esperaba, por ejemplo, ahí sigue Guantánamo y eso se lo recrimina la izquierda del Partido Demócrata, ni tan brillante como parece por sus discursos. Es un presidente que se ha quedado en mensaje”, añade Sarias, experto en política estadounidense.

Mi historia no sería posible en ningún otro país… Tener esperanza es que un niño delgado con nombre raro crea que América tiene un sitio para él”

El mensaje de Obama es muy potente y arranca de su propia historia personal. Su padre nació en una aldea de Kenia y jamás imaginó, nunca lo llegó a ver, que su hijo llegaría a la Casa Blanca. Su oratoria es brillante y destila empatía. Quienes estuvieron en la Convención Demócrata de 2004 sabían que aquel aspirante a senador por Illinois, totalmente desconocido, a quien encomendaron el discurso inaugural llegaría lejos. “Mi historia no sería posible en ningún otro país”, dijo a los asistentes. “No hay una América liberal y otra conservadora. Ni una América blanca, y una negra, ni una América hispana. No hay estados rojos y azules. Somos los Estados Unidos de América. Con las barras y estrellas. Somos uno”, clamaba con gestos que daban cuenta de que estaba disfrutando de ese momento de gloria. Y para concluir se refirió a la “esperanza”, la esperanza de “un niño delgado con un nombre raro -su segundo nombre es Hussein- que creía que América tenía un sitio para él”. Y el público cayó rendido a sus encantos.

Es un gran narrador y la historia que mejor cuenta es la suya propia. En su reciente visita a España, contó al rey Felipe VI, ante los periodistas, cómo había sido su primer viaje por nuestro país. “La primera vez que estuve en Madrid no vine en el Air Force One, era joven, llevaba una mochila a la espalda, iba andando a todas partes y comía en plan barato. Entonces nunca pensé que sería recibido por el Rey”, dijo en el Palacio de Oriente. Hasta Felipe VI estaba fascinado con el relato.

Pero gobernar es algo más que contar historias. “Siempre hay ‘peros’ al analizar el legado de Obama. Ha intentado la reforma sanitaria, pero los costes se han disparado. Ha acabado con dos guerras, pero han surgido nuevos frentes. La crisis se ha superado, pero mucha gente se ha quedado en el camino. Muchos de ellos son los que ahora son tan receptivos al discurso de Trump. Es el primer presidente afroamericano, pero la situación de los afroamericanos no ha mejorado en su mandato. Prometió cerrar Guantánamo en los primeros 100 días… No ha cumplido las expectativas, algo que era imposible porque eran muy altas, pero es cierto que el país está mejor que hace ocho años”, afirma Pedro Rodríguez, quien fuera el más veterano de los corresponsales españoles en EEUU. Entre las sombras de su mandato está el elevado número de muertes por armas de fuego: 30.000 anuales. Una violencia difícil de controlar en un país en el que la segunda enmienda, que otorga el derecho a poseer armas, es casi sagrada.

Quiso ser un presidente de todos y eso es su principal mérito y su mayor defecto. Ha sido víctima de su propio ideal”

Difícil saber cómo le juzgará la Historia. “La cotización de los ex presidentes fluctúa mucho, sube y baja, y también hay modas”, añade Rodríguez. El historiador Kenneth Weisbrode coincide con esta visión y pone como ejemplo, “cómo Harry Truman, en su día en los últimos puestos, ahora sube a acercarse a los lugares más elevados”, en un artículo publicado por Vanguardia Dossier. Weisbrode, con sentido del humor, alude a que Carter y Bush esperan a que mejore su valoración con el tiempo.

“La mejor iniciativa de Obama, según sus partidarios, fue la primera que adoptó: impedir otra Gran Depresión”, señala Weisbrode, autor de The Year of Decision. La crisis no devino en depresión, pero en algunas zonas la clase media perdió hasta un 80% de sus ingresos. Suele decir en su defensa: “Nosotros hemos afrontado la cuestión con mejor gestión que cualquier otra economía del mundo”. Pero los que se han quedado fuera le ven como el enemigo.

Según Robert Matthews, experto en relaciones internacionales en el Seminario de Investigación para la Paz (SIP), la gran aspiración de Obama es precisamente lo que más le ha limitado. “Quiso ser un presidente para todos y eso es precisamente su principal mérito pero también su mayor defecto. No ha podido conseguirlo porque ha tenido a los republicanos en contra. Algunos han confesado cómo su objetivo fundamental era evitar su reelección. Al principio no fue suficientemente duro y tardó en darse cuenta de que era imposible. Ha sido víctima de su propio ideal”, señala Matthews, quien coincide en que su gran logro, con defectos, es el Obamacare, y en política exterior el cambio en la política con Cuba y el acercamiento a Irán. Hay aspectos del mandato de Obama que se desconocen y que sí que aprovecha Trump en recordar. “Ha sido el comandante en jefe de las deportaciones. Nunca ha habido tantas como con él”, recuerda este experto. Junto con el fallido cierre de Guantánamo son manchas en el historial del presidente saliente.

Ha sido precisamente esa falta de entendimiento con el Congreso lo que más ha lastrado su Presidencia. “Obama ha sido un presidente legislador horrible. No va al Congreso. Creo que si Hillary Clinton gana el 8-N, será diferente porque conoce mejor a los republicanos, trata con ellos desde hace años, y buscará el entendimiento. Mantendrá una relación intensa con el republicano Paul Ryan (presidente de la Cámara de Representantes)”, explica Alfred Montero, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Carleton, Minesota.

Han sido ocho años de claroscuros. De sueños incumplidos y esperanzas rotas. De dulces palabras y hechos amargos. Aquel veinteañero que recorría España con una mochila, aquel joven brillante que hace apenas 12 años sorprendió como un mesías en su estreno en la Convención Demócrata, aquel senador de Illinois que desembarcó en la Casa Blanca tenía esperanza. Creía en una América en la que se puede ser presidente llamándose Barack Hussein. La América que evocó en su discurso en el 50 aniversario del Domingo Sangriento en la marcha por el derecho de voto en Selma, Alabama. “Qué mejor expresión de fe en el experimento americano que el acto heroico de Selma; qué mayor grado de patriotismo; de creencia en que América no es un proyecto terminado, que somos lo suficientemente fuertes como para ser autocríticos, y que cada generación puede mirar a nuestras imperfecciones y rehacer esta nación para que se acerque a nuestros ideales”. Como esa América soñada, Obama también es un ideal para sí mismo.