Ha sucedido: Donald Trump es el nuevo presidente de Estados Unidos. En una noche frenética en la que las encuestas quedaron en el olvido y los pronósticos de probabilidad de victoria dieron un giro de 180 grados en cuestión de horas, el candidato republicano Donald Trump ha superado los 270 votos electorales necesarios para gobernar y será el sucesor de Barack Obama durante los próximos cuatro años.

Sorpresa e incertidumbre son las palabras de la jornada. Había opciones de que esto ocurriera pero se subestimaron y el asombro fue aún mayor. Las gráficas de intención de voto de los últimos meses cambiaban día tras día y los analistas comenzaron a hablar del fenómeno de la espiral del silencio como posible factor determinante en el resultado final. Y así ha sido. Trump le debe parte de su victoria al voto oculto. A los miles de ciudadanos que no han manifestado su intención de votar por Trump por ser algo socialmente rechazado y finalmente, frente a la máquina de votación, han preferido la opción del cambio del republicano frente a la continuidad encarnada en la candidata demócrata Hillary Clinton.

Es un cambio que pone en evidencia una de las tendencias políticas más repetidas en este 2016: la ruptura entre los ciudadanos y la clase política. Asistimos a un nuevo escenario en el que la falta de entendimiento entre los electores y sus representantes se hace cada vez más visible, y los primeros apuestan por la novedad. Ya lo hemos visto en Gran Bretaña con el Brexit o en España con la entrada de nuevos partidos al Parlamento. Y Estados Unidos no se ha quedado atrás iniciando una nueva etapa de grandes interrogantes y mucha incertidumbre a nivel nacional e internacional.

Asistimos a un nuevo escenario en el que la falta de entendimiento entre los electores y sus representantes se hace cada vez más visible

Las primeras cuestiones giran en torno al nuevo presidente. Veremos si modera su posición y sus formas, si lleva a cabo algunas de las propuestas más controvertidas de su programa y si el cambio prometido se materializa y “vuelve a hacer grande a América”, como rezaba su eslogan de campaña. Se comprobará si la falta de experiencia en política le pasa factura y si continúa siendo en la Presidencia el personaje mediático que ha sido durante el año y medio que ha durado la campaña.

Habrá que analizar el impacto que la duda y la incertidumbre de su administración generan en los mercados. Las monedas latinoamericanas comenzaron a caer según avanzaba el recuento durante la noche electoral y las bolsas de Asia o Europa amanecieron con la noticia y la previsión de un miércoles negro. Por su parte, la comunidad internacional mira con inquietud al nuevo presidente de EEUU, quien apuesta por una actitud más aislacionista y menos diplomática o abierta de lo que el presidente saliente ha desarrollado en los últimos ochos años.

También se abre un tiempo de grandes retos y preguntas para el Partido Republicano. La jornada del martes le otorga al GOP la mayoría en el Senado, con 48 escaños frente a 45 demócratas, y la mayoría en la Cámara de Representantes, un escenario de poder en el legislativo que facilitará la tarea al nuevo comandante en jefe, sobre todo en cuestiones de política interna y económica. Sin embargo, las buenas noticias también vendrán acompañadas de otras no tan buenas ya que el partido del presidente deberá hacer frente en el corto plazo a una situación insólita en la que ha ganado su candidato a la presidencia pero los principales líderes republicanos le han mostrado su oposición durante la campaña, e incluso muchos le han llegado a retirar su voto.

El ámbito de la comunicación política y las teorías tampoco se escaparán del cuestionamiento general

El ámbito de la comunicación política y las teorías tampoco se escaparán del cuestionamiento general. Se debatirá sobre el poder de influencia de los medios de comunicación, de las encuestas como herramienta para adelantar acontecimientos en política y se reformularán muchas lecciones de estrategia electoral que ayer no se cumplieron, como la necesidad de contar con una gran recaudación en Estados Unidos o el apoyo de algunos grupos clave como las mujeres o los hispanos.

Ha ocurrido lo que muy pocos pudieron ver y ahora toca adaptarse a un nuevo presidente, un nuevo estilo y a mucha incertidumbre. Porque además de Trump, que se ha convertido en el primer presidente ajeno al mundo de la política que llega a la Casa Blanca, esta nueva administración va a tener a otro gran protagonista que en todos los ámbitos será igual de bien recibido: el cambio. Bienvenidos a la Administración Trump.

Inés Royo es investigadora de The Hispanic Council.