América produce más historia de la que sus novelistas pueden absorber, según decía Don DeLillo. Con la llegada a la Presidencia del magnate neoyorquino Donald J. Trump las palabras del autor de novela negra parecen proféticas. Pero no sólo es América, Europa también es una fuente inagotable de eventos de los que creíamos que jamás seríamos testigos. Han pasado 27 años de la caída del Muro de Berlín, 26 años del desmembramiento de la URSS, y 16 años de la adopción del euro, la moneda común de 19 miembros de la UE. También han transcurrido ocho años de una crisis financiera y económica que en EEUU y Europa parecía el preludio de una nueva Gran Depresión.

Aquella Europa que parecía el club al que todos querían pertenecer, especialmente los que habían sido por obligación miembros del Pacto de Varsovia, es hoy la culpable de todos los males que acechan a los europeos. Así lo claman los que, como Trump ha hecho en EEUU, se aferran a una ideología, estrategia o estilo político conocido como populismo y que se basa «en la existencia de dos grupos antagónicos enfrentados -el pueblo puro y la élite corrupta y mantiene que la política ha de ser la expresión de la voluntad general de la gente», en palabras del politólogo holandés Cas Mudde.  Según el profesor de Ciencia Política en la Universidad de Málaga, Manuel Arias Maldonado, «el populismo es, ante todo, un estilo político, sin rasgos ideológicos definidos, que opera como una estrategia de movilización y de asalto al poder».

¿Qué está pasando? Es la pregunta recurrente desde el pasado 23 de junio, cuando los británicos votaron a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Ahora los estadounidenses han preferido a un millonario sin experiencia en política, que se fanfarronea ante los amigos de poder conseguir cualquier mujer, como si fuera un deportivo, y que promete deportar a 11 millones de inmigrantes indocumentados, antes que a una mujer ex primera dama, ex senadora, ex secretaria de Estado; es decir, puro establishment.

El historiador Timothy Garton Ash se pregunta en las páginas de The Guardian: «¿Qué nos enseña la Histoira de estos fenómenos que se mueven por oleadas, aparentemente al mismo tiempo en diferentes lugares, y que presentan rasgos comunes? Nacionalismo y populismo ahora, liberalismo globalizado en los 90, fascismo y comunismo en los años 30… Podemos extraer dos lecciones quizá: que necesitan un tiempo para cuajar; y que para revertirlas hace falta coraje, determinación, consistencia y el desarrollo de un nuevo lenguaje y nuevas respuestas políticas a los problemas reales».

El populismo es un estilo político, sin rasgos ideológicos, que opera como una estrategia de movilización y asalto al poder»

Sostiene Arias Maldonado, en un artículo titulado Presidente Trump: guía de perplejos, que «quizá el problema está en la mirada del observador, que descarta como imposible aquello que le parece indeseable o no puede comprender». Ni siquiera con avisos para navegantes nos queríamos creer que la victoria de Trump pudiera hacerse realidad. Pues ya es un hecho y en el Viejo Continente, hay trumpistas o populistas por doquier, y uno de sus sellos de identidad es su antieuropeísmo, especialmente en el caso de los conservadores. Todos echan la culpa a la UE de la austeridad que sufren, en mayor o menor medida, sus nacionales.

El terreno abonado del populismo, ya sea en la América profunda que ha coronado a Trump, como en ciudades como Marsella en Francia, antes comunistas y ahora bastiones del Frente Nacional de Marine Le Pen, es el malestar social. «Hay un vínculo evidente entre la consecuencias económicas y el auge del populismo. Para muchos ciudadanos la crisis económica ha supuesto un frenazo, a veces en seco, a sus expectativas y proyectos vitales. En este escenario de incertidumbre el populismo ha tenido éxito gracias a mensajes que ofrecen seguridad y certezas en un mundo inestable. También la crisis de los partidos, la personalización de la política o los efectos de la globalización han favorecido su auge», afirma Jorge del Palacio, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid.

En Europa vamos a vivir a partir de ahora una concatenación de lo que ya ha denominado la web Politico «momentos Trump». Arranca el calendario este domingo con las presidenciales en Bulgaria, donde figura como claro favorito un ex general de la fuerza aérea, sin experiencia política, y cercano al lobby armamentístico ruso. El primer domingo de diciembre los austriacos parece que se decantarán por primera vez por un ultraderechista, Horst Höfer, como presidente. Ese mismo día el primer ministro italiano, Matteo Renzi, somete a referéndum su reforma constitucional y se oponen radicalmente dos populistas de manual, Matteo Salvini, líder de la Liga Norte, y Beppe Grillo, abanderado del Movimiento 5 Estrellas.

«Después de Trump, es la hora de los aliados europeos», dice Mateo Salvini, líder de la Liga Norte, que desafía a Renzi, y se opone a su referéndum

Salvini no oculta su admiración por Trump: «Después de Trump, es la hora de los aliados europeos». Como tampoco lo hace la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, que fue la primera en felicitar al presidente electo de EEUU. «Hoy EEUU, mañana Francia», escribió en un tuit. Uno de cada cuatro franceses quieren que Marine Le Pen sea su presidenta. Se da por hecho que pasará a la segunda vuelta y es favorita en la segunda, si bien aún no se sabe quién serán sus contendientes. El actual presidente, el socialista Hollande, es cada vez más impopular, y Los Republicanos están aún por elegir a su candidato, y los favoritos en las primarias son Alain Juppé y Nicolas Sarkozy.

«En Francia hasta ahora el sistema del ballotage (segunda vuelta) ha impedido que triunfen opciones como el Frente Nacional. La situación se ha deteriorado mucho porque no hay renovación de la clase política. Igual que ocurrió con el Brexit, o ahora con Trump, son los votantes de las zonas deprimidas los que optan por estos líderes. Es una población que se siente abandonada y no se identifica con las políticas vigentes ni con la nueva identidad que emerge de un mundo globalizado con grandes focos de inmigración», señala Ángel Rivero, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Madrid. Ángel Rivero y Jorge del Palacio son dos de los autores de un libro coral titulado Geografía del populismo, de próxima publicación.

Un elemento en común que tienen los movimientos populistas es que su objetivo es conquistar el poder pero carecen de agenda política para actuar una vez que están en el poder. En el caso del Frente Nacional, por ejemplo, carecía de programa político hasta hace cuatro años. Para Rivero, el populismo es «un síntoma, que muestra la debilidad de la democracia, pero a su vez es una enfermedad… actúa en nombre de la democracia con el reclamo de la soberanía para el pueblo pero en realidad la destruye».

Según el politólogo, el grave problema de esa democracia directa que reclaman es que finalmente «nadie se hace cargo de las decisiones y se diluye la responsabilidad. En la democracia representativa son responsables quienes el pueblo designa como sus representantes». Si bien es cierto, como decía Bertolt Brecht, en 1953, cuando los trabajadores de Berlín Este se manifestaban contra la nomenclatura socialista, «un gobierno que ha perdido la confianza del pueblo no puede disolver el pueblo y elegir otro». Ha de buscar explicaciones a lo que sucede y soluciones políticas acordes con las preocupaciones de los ciudadanos.

Si hiciéramos un termómetro sobre el populismo en los gobiernos europeo,  calibraríamos cómo está la situación:

  • Polonia, Hungría y República Checa: el Partido Ley y Justicia, ultranacionalista, gobierna en Polonia desde las elecciones de noviembre de 2015. Ya estuvo al frente del Ejecutivo entre 2005 y 2007. Húngaro es el líder más carismático del populismo europeo, Viktor Orban, primer ministro desde 2010. Ha promovido un referéndum para pasar por alto las directrices europeas sobre acogida de refugiados, que no salió adelante  por baja participación. También ha fracasado en su intento de que lo diera luz verde el Parlamento, pero aún así sigue adelante con su propósito. En República Checa, Acción de Ciudadanos Insatisfechos, el partido del magnate mediático Andrej Babis, ministro de Finanzas, una especie de Berlusconi, encabeza los sondeos. Las elecciones legislativas se celebran en octubre de 2017.
  • Países Bajos: uno de cada tres votantes holandeses dice identificarse con el Partido por la Libertad (PVV), que lidera Geert Wilders. El viento le es favorable de cara a las elecciones de marzo próximo. «El pueblo está recuperando su país», dijo Wilders sobre el triunfo de Trump. «Así lo haremos nosotros». En 2012 obtuvo 15 escaños pero fue llave para formar gobierno. La formación se creó hace una década, cuando Wilders dejó el Partido Popular por la Libertad y la Democracia por su radical rechazo al ingreso de Turquía en la UE.
  • Austria y Alemania: el Partido de la Libertad, ultraderechista, euroescéptico y xenófobo. cuenta con 40 escaños en el Parlamento. Uno de sus líderes más conocidos fue Jörg Haider, populista de manual, hijo de nacionalsocialistas, a quien desde la UE frenaron su carrera a la cancillería. El 4 de diciembre los austriacos podrían elegir por primera vez a un presidente ultraderechista. En Alemania la Alternativa por Alemania, que nació como un partido contrario al euro, ha crecido sustancialmente en apoyos, gracias al margen por la derecha que deja la política social de la canciller, Angela Merkel. Sin representación aún en el Parlamento federal, han cosechado importantes avances en las últimas cuatro elecciones regionales de este año. Su prueba de fuego serán las elecciones generales de septiembre de 2017.
  • Francia: sólo tiene un escaño en la Asamblea Nacional, pero la líder del Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, está muy bien situada con vistas a las elecciones presidenciales de abril de 2017. En los comicios regionales de diciembre pasado el FN fue la fuerza más votada. No esconde su política anti inmigración ni su euroescepticismo. Su padre, Jean-Marie Le Pen, dio la sorpresa en 2002 al pasar a segunda vuelta pero los partidos tradicionales se aliaron para impedir su victoria. El número dos del FN, Florian Philippot, dijo sobre el éxito del magnate neoyorquino el 9-N: «Su mundo se desmorona. El nuestro emerge».
  • Reino Unido: el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) nace y crece con el objetivo de que el país salga de la Unión Europea, algo que ha dejado de ser una quimera gracias al referéndum que consintió en realizar el primer ministro conservador, David Cameron. El 23 de junio ganó el sí al Brexit y Cameron anunció su dimisión. El UKIP, cuya figura más conocida es su ex líder Nigel Farage, sólo tiene un escaño en los Comunes.
  • Países nórdicos: los Demócratas Suecos (SD) fueron el tercer partido más votado en 2014, con 40 diputados. Fundados a finales de los 90, su discurso anti inmigración tiene muchos adeptos, entre quienes reprochan al Estado sueco su generosidad con los miles de refugiados a los que han acogido. Los Verdaderos Finlandeses, de Timo Soini, ministro de Exteriores, fueron la segunda fuerza política en 2015, con 38 diputados, y forman parte del gobierno, como el Partido del Progreso de Noruega, aliado del Partido Conservador. El Partido Popular Danés (DPP) ha facilitado tanto gobiernos de los partidos tradicionales de derecha e izquierda. En 2015 fue la segunda fuerza más votada, con 37 escaños, después de los socialdemócratas.
  • Países Bálticos: el ascenso más reciente y sorprendente fue el de un partido de outsiders encabezado por un ex jefe de policía, Saulius Skvernelis, que en octubre pasado fue la fuerza más votada en Lituania, con la promesa de impulsar el crecimiento económico y poner freno así al éxodo de fuerza laboral. El Partido de la Unión Verde y de los Campesinos lituanos (LPGU) logró 54 escaños de los 141 del Parlamento y acaba de aliarse con los socialdemócratas para gobernar.

Desde ahora hasta el otoño de 2017 el calendario está lleno de fechas en las que los populistas van a acaparar todas las miradas: antes de fin de año, hay presidenciales en Bulgaria, Austria, y el referéndum constitucional en Italia. Es posible que se adelanten los comicios en Dinamarca. En primavera se votará en Holanda, después en Francia, y en septiembre serán las legislativas en la República Federal, y en octubre en República Checa. El mapa de Europa puede cambiar sustancialmente en apenas 12 meses.