Josep López de Lerma (San Feliu de Guixols, 1950), el útlimo “roquista”, fue el número dos de CiU en el Congreso de los Diputados durante más de dos décadas. Una posición privilegiada para conocer de primera mano la relación de CiU con los sucesivos gobiernos de Adolfo Suárez, Felipe González y José María Aznar. Ahora repasa esos años en su libro Cuando pintábamos algo en Madrid, con añoranza por el compromiso con la gobernabilidad de España e incredulidad ante lo que ha quedado de Convergència tras Artur Mas.

Pregunta.- Define el catalanismo como la suma de más poder político para Cataluña y la voluntad sincera de intervenir en la gobernación de España. ¿Todavía existe ese catalanismo?

Respuesta.- Lo encontraríamos en el PSC, a pesar de que está pasando un bache en sus relaciones con el PSOE. No entendería que el PSOE a estas alturas no entienda un hecho diferencial que existe en Cataluña y que el PSC se tenía que abstener sí o sí. Ernest Lluch fue un ejemplo de este catalanismo. Ahora nos falta una nueva fuerza que recoja y actualice estos dos puntos, que no dependa de ningún partido de Madrid pero participe en la gobernación del Estado, si es posible.

P.- Sociológicamente, viendo cómo ha evolucionado el discurso político y mediático en Cataluña, ¿ve factible la aparición de este partido?

R.- No será fácil, y menos si la legislatura catalana dura apenas un año más, como preveo. En tan poco tiempo es difícil que los diferentes grupos que se están creando lleguen converger y a vertebrar una fuerza política.

P.- ¿Entonces?

No puede ser que el Gobierno de Cataluña esté supeditado a la CUP”

R.- Pero Cataluña no puede vivir en la rauxa (la locura) constante, y llevamos una temporada larga viviendo en ella. No puede ser que el Gobierno de Cataluña esté supeditado a la CUP. Tampoco ves que JxS sea una coalición durable en el tiempo. ERC ya ha dicho que no repetirá la alianza. Una nueva fuerza es necesaria porque nos falta centralidad política. El juego político con sentido de Estado siempre se hace en el espacio central sociológico y político. Y Cataluña está jugando en los extremos.

P.- De su libro se puede concluir que para CiU fue más fácil entenderse con los gobiernos del PP que con los del PSOE.

R.- El apoyo a Felipe González fue a cambio de nada, se dejaron las contrapartidas para más adelante. Con Aznar primero se llega a un acuerdo y se publicita –el libro demuestra que bajo la mesa había otro acuerdo- y debo decir que Aznar cumple el 100% del acuerdo. Incluso con la mayoría absoluta, porque había quedado pendiente la reforma de la financiación autonómica y Aznar la impulsa en el primer año de mayoría absoluta. El PP cumplió, aunque también es cierto que antes y después irritó al catalanismo que encarnaba CiU.

P.- ¿Cómo explica el cambio de ese PP tan leal al partido que, con Mariano Rajoy al frente, la emprende contra el Estatut?

R.- Con la reforma del Estatut se cometen tres grandes errores: se hace una enmienda a la totalidad al Estatut vigente en vez de incorporar artículos para clarificarlo; se redacta un Estatut que contiene 244 preceptos, demasiado largo; y Artur Mas se fue al notario para levantar acta de que jamás pactaría con el PP. Fue un error de párvulos; en política debes dejar todas las puertas abiertas, no puedes meterte en un armario y quedarte encerrado con la llave dentro. Y el resto de los partidos catalanes quisieron expulsar al PP de la ponencia, por eso entiendo la reacción del PP.

“Artur Mas es el responsable del desastre que vive Cataluña”

P.- Usted marca un punto de inflexión en Convergència a partir de la Declaración de Barcelona orquestada por Pere Esteve. ¿Es posible una vuelta a los orígenes de CDC?

R.- No. Y auguro una escisión del PDC en primavera del próximo año.

P.- ¿En mayo de 2017?

El elemento clave del gran cambio es Artur Mas y su entorno, que es una colección de mediocridades”

R.- Sí, antes de las elecciones autonómicas. Hay movimientos internos a todos los niveles; del aparato central, del Govern y en el territorio, que me dicen esto. Al mismo tiempo, desde fuera también hay movimientos desde la constatación de que se necesita un partido que devuelva a Cataluña a la centralidad política. El problema es que esto no se podrá hacer en un solo viaje, dado que el presidente de la Generalitat es quien tiene la llave de la disolución del Parlament. El PDC ha nacido para morir, no le veo futuro. Si encima va paseando en procesión a Artur Mas, que es el gran responsable del desastre que vive Cataluña, no se entiende. No veo que este partido, hijo de la CDC de toda la vida, pregonando la independencia, tenga futuro.

P.- ¿Esta fractura en CDC es generacional o en los dirigentes actuales ve a gente dispuesta a encabezar el retorno a los postulados del catalanismo clásico?

R.- El factor generacional existía. Pero el elemento clave del gran cambio es Artur Mas y su entorno, que es una colección de mediocridades. Viendo cómo se va cayendo, cada vez más, en las urnas, hay gente que empieza a cuestionar ese giro de 180 grados que sólo ha conseguido dar patente de partido de gobierno a ERC, y que los republicanos ganen votos que Convergència pierde. Sé que ese debate existe, pero no creo que el PDC pueda recuperar el espacio de CDC, tendrá que ser una fuerza nueva.

P.- Su balance del procés no será positivo.

R.- ¿El procés qué ha dado a Cataluña? Desde la vertiente competencial, cero. Ha tapado todas las aspiraciones legítimas de cualquier ciudadano, no se habla de ningún tema de interés ciudadano y ha sido destructivo. Para empezar, ha destruido la federación de CiU, pero es que el gran director de orquesta, que es Mas, ha dejado que la CUP le cortara la cabeza; el PSC también pasa por dificultades por el procés y al mismo tiempo han emergido nuevas fuerzas políticas: la de Ada Colau por un lado, C’s por otro, y le han dado carné de fiabilidad a ERC. Que el líder de todo esto acabe decapitado, es para reflexionar.

P.- ¿Ve al Gobierno de Mariano Rajoy capaz de hacer una oferta que pueda devolver a ese amplio segmento de catalanes al autonomismo?

Que el líder de todo esto acabe decapitado, es para reflexionar”

R.- Estoy convencido, él así lo ha dicho y ha puesto al frente de la negociación a una persona con poder suficiente. El problema es que esto se tendrá que negociar con el gobierno catalán. El terreno de juego está muy marcado en sus extremos: uno dice que la independencia no tiene cabida en la Constitución, el otro dice independencia pactada o sin pactar. Entre estos extremos hay mucho terreno por recorrer. El gobierno catalán debería marcar los objetivos de esa negociación, sólo apuntó en su momento la reforma del modelo de financiación.

P.- ¿Cómo se articula la salida jurídicamente?

R.- Hay dos vías: en la primera coincido con Herrero de Miñón, una adenda a la Constitución que avale la especificidad catalana como se hace con vascos y navarros. Pero esta fórmula implicaría un referendum en toda España y eso sería muy complejo para todo el mundo, desde la mejor de las voluntades. La otra opción es que en las Cortes Generales, que tienen potestad constitucional para modificar estatutos de autonomía, se llegue a un acuerdo político para hacer una adenda al Estatut vigente, que necesariamente tendría que pasar por un referéndum en Cataluña. Por tanto se cumpliría con el derecho a decidir, y que se decida sobre esta adenda. Pero eso precisa voluntad política y una clarificación de temas.

P.- ¿Ve al Gobierno de Puigdemont capaz de esta negociación?

R.- No, porque ha anunciado que no va a ir a la Conferencia de Presidentes ni va a entrar en la negociación del modelo de financiación. Puedo entender muchos porqués en el “no” de Puigdemont, pero le tengo que decir que él es el presidente de Cataluña y como tal debe asistir. Es más, no veo a Oriol Junqueras no yendo a la negociación de la financación autonómica. Un gran reto de ERC es comportarse como partido de gobierno, y lo están haciendo. ERC era el partido de ámbito rural y Junqueras está haciendo la reconversión de ese partido en un partido de gobierno creíble. Está transmitiendo, no sólo al gobierno de turno, sino a los círculos de influencia económica y mediática que ellos son serios. Y si ERC es la seria, ¿qué papel juega el PDC?

P.- En el libro explica que el Eix Transversal, la gran obra viaria del Gobierno Pujol, la pagó el Estado y afirma que ni Mas ni Pujol lo sabían.

R.- Que no lo supiera yo es normal, me sorprendió que Mas no supiera nada porque fue conseller de Política Territorial. Pujol he de entender que sí lo sabía, porque fue fruto del Pacto del Majestic.

P.- Explica que los acuerdos se cumplieron en un clima de gran colaboración, aunque tanto CiU como el PP debían escenificar ciertos desacuerdos para contentar a su electorado, pero parece que se excedieron, porque de esa complicidad pasamos al divorcio del Estatut y al proceso independentista. ¿No habría sido mejor explicar bien esta colaboración entre CiU y los gobiernos de Aznar?

Quedará por saber si hubiéramos llegado donde estamos hoy si hubiéramos entrado en el Gobierno”

R.- Para que esto se visualizara yo siempre fui partidario de aceptar las invitaciones que recibimos para integrarnos en el Gobierno. Si nos responsabilizamos de la gobernabilidad, dándole al gobierno en minoría estabilidad parlamentaria, ¿por qué no estar en la sala de máquinas, que es el Consejo de Ministros? Jordi Pujol no estaba de acuerdo, pero yo creo que hay que estar donde se toman las decisiones.

P.- En su libro asegura que algún día Pujol deberá dar explicaciones ante los catalanes de por qué impidió que CiU participara en el Gobierno de España. ¿Fue por vanidad, como apunta?

R.- Existe un punto de vanidad, todos tenemos ego y el de Pujol es elevado. Él creía que si nos sentábamos en el Gobierno no podríamos reivindicar. Yo creo que practicar una política en España de constante reivindicación agota, al que reivindica y al conjunto de la ciudadanía española, que nos ve como unos fenicios, y al final pierdes credibilidad. Nos quedará el gran interrogante de saber si hubiéramos llegado al punto en el que estamos hoy si hubiéramos entrado en el Gobierno. Yo creo que no.