«Si hay fuego en alguna parte, Steve estará cerca probablemente con una caja de cerillas». Así describe a Stephen K Bannon (Norfolk, 1953), elevado a los altares de la Casa Blanca por el presidente electo, Donald Trump, uno de sus más cercanos colaboradores en Breitbart News, Matthew Boyle. Desde Breitbart News, base de sus dominios en la red, donde ha difundido contenidos ultraconservadores, conspiranoicos y provocadores, Bannon se convirtió en agosto pasado en el jefe de campaña de Donald Trump y ahora acaba de ser nombrado consejero senior y estratega jefe. Representa el desembarco de la llamada Alt Right, la derecha más descontrolada y antisistema, en el Ala Oeste.

«¿Por qué tanto interés en Bannon? Es más peligroso su jefe (en referencia a Donald Trump)», mantienen experimentados observadores en Washington. «No es así. Bannon va más allá que Trump. Por ejemplo, es antisemita y dudo que Trump lo sea», afirma Jeremy Saphiro, investigador en el European Council of Foreign Relations (ECFR), con experiencia en el Departamento de Estado en la Administración de Obama. «Esta transición va a ser un caos, como estamos viendo, pero Trump culpará a los medios de comunicación de todo, como suele hacer», añade Saphiro.

De Bannon, dijo Andrew Breitbart, el fundador de Breitbart News, fallecido repentinamente a los 43 años en marzo de 2012, que era «la Leni Riefenstahl del Tea Party», en alusión a la cineasta alemana que puso su arte al servicio de Adolf Hitler con obras como Olympia o El triunfo de la voluntad. La alusión a Riefenstahl tiene que ver con la pasión cinematográfica de Bannon, que fue productor de películas como Titus, protagonizada por Anthony Hopkins y nominada a los Oscar. También encajaría con Josef Goebbels, ministro de Propaganda de Hitler. A Bannon le acusan de antisemitismo. Su ex mujer aseguró que no quiso llevar a sus gemelas a un colegio porque era frecuentado por judíos.

Antes de conocer a Andrew Breitbart, quien se había formado en Drugde Report y en el Huffington Post, Bannon ya había vivido varias vidas. Un repaso de su trayectoria ayuda a entender su compleja personalidad, que describe con gran detalle Joshua Green en el perfil más completo de los publicados, titulado Este hombre es el operativo político más peligroso de América. Y fue publicado en Bloomberg en octubre de 2015. Para Green, Bannon es un personaje dual «como Jekyll y Hyde en el complicado ecosistema de la derecha; puede ser dos cosas a la vez».

Por ejemplo, combina sus cruzadas mediáticas en Breitbart.com, donde rebasa todas las fronteras de lo políticamente correcto con alusiones racistas, sexistas y populistas, con su respaldo al Instituto de la Responsabilidad Gubernamental (GAI), a cargo del investigador Peter Schweitzer, autor de un best-seller sobre los negocios turbios de los Clinton, titulado Clinton Cash: The Untold Story of How and Why Foreign Governments and Businesses Helped Make Bill and Hillary Rich (El dinero de los Clinton: la historia no contada de cómo y por qué los gobiernos extranjeros han ayudado a Bill y Hillary a hacerse ricos). Es decir: agitprop, por un lado, y a su vez, investigación y datos. Un cóctel explosivo agitado con populismo 2.0.

Vengo de una familia de trabajadores, católicos, demócratas (…) No estuve interesado en política hasta que vi lo mal que lo hizo Carter»

Sobre sus orígenes cuenta Bannon a Joshua Green: «Vengo de una familia de trabajadores (blue-collars), católicos, demócratas, pro Kennedy y pro sindicatos (…) No estuve interesado en política hasta que vi lo mal que lo hizo Jimmy Carter. Y me convertí en un ferviente admirador de Reagan. Lo sigo siendo (…) Y luego vi que Bush lo hacía igual de mal que Carter. El país era un completo desastre».

Bannon se ha hecho a sí mismo varias veces. Fue oficial de la Marina y por las noches realizaba estudios de seguridad nacional en la Universidad de Georgetown. Luego se sintió atraído por Wall Street y estudió en la Harvard Business School. Demasiado mayor para conseguir prácticas, las logró finalmente en Goldman Sachs gracias a un encuentro fortuito con dos de sus directivos en una fiesta. Trabajó hasta la extenuación y aprendió mucho de cómo funciona el sistema desde dentro. «Nunca seas el primero en probar algo. Te llevarás todos los dardos. Es lo que aprendí en Goldman Sachs», es uno de sus lemas.

En 1990 formó un banco de inversiones especializado en medios de comunicación, se adentró en Hollywood, produjo Titus y la serie de televisión Seinfeld. Después descubrió que su pasión era hacer documentales. El primero se lo dedicó a Reagan, In the Face of Evil (2004), y luego se volcó con el Tea Party (Battle for America, 2010), Generation Zero (2010), sobre la crisis; y The Undefeated (2011), sobre Sarah Palin, su gran descubrimiento. En la misma época trabaja con Breitbart, una de las personas que más le ha influido. Sigue adelante con Breitbart News cuando fallece su amigo y fundador.

Junto a los Clinton, otro de los objetivos de la caza mediática de Bannon fue Anthony Weiner, el ex congresista que se casó con Huma Abedin, la mano derecha de Hillary Clinton. En Breitbart se dedicaron a seguir la cuenta de Twitter de Weiner y lograron ponerle en evidencia por su afición al sexting. Era una pieza de caza mayor por su cercanía a los Clinton y lograron que cayera en desgracia. Curiosamente, el FBI investigaba los dispositivos de Weiner cuando su director, James Comey, anunció el 28 de octubre que había descubierto nuevos correos relacionados con el entorno de Hillary Clinton que debían ser investigados. Estas revelaciones, que después el propio Comey dijo que no demostraban que la ex senadora hubiera cometido delito, influyeron negativamente en la candidatura demócrata.

¿Es personalmente racista, misógino o antisemita? No es lo que importa. El hecho es que lo considera normal y permite que esas ideas ‘se normalicen'»

En Breitbart difunden sin reparos contenidos de este calado: «La píldora anticonceptiva hace que las mujeres dejen de ser atractivas y se vuelvan locas»; «Todos los jóvenes musulmanes de Occidente son una bomba de relojería, cada vez simpatizan más con los radicales y terroristas»; «La solución contra el acoso en Internet es sencilla: las mujeres deberían desconectarse»: «Nadie de los involucrados en la estafa del calentamiento global merece respeto, son escoria»; o «¿Preferirías que tu hija fuera feminista o que tuviera cáncer?». Sobrepasa todos los límites imaginables. Y lo más llamativo: tiene éxito con 21 millones de usuarios únicos al mes, según sus propios datos. Estos exabruptos explican cómo han pedido su dimisión desde el demócrata Bernie Sanders, senador por Vermont y rival de Clinton en las primarias, hasta las páginas editoriales de El Nuevo Herald.

«No considera que esos términos o juicios deban prohibirse. ¿Es personalmente racista, misógino o antisemita? No es lo que importa. El hecho es que lo considera normal y permite que esas ideas ‘se normalicen’ ante la opinión pública a través de Breitbart», señala Joaquín Pérez, asesor en campañas electorales afincado en Florida. «Su cualidad fundamental es haber sabido manejar a Trump, metérselo en la cabeza, hacerlo funcionar como un verdadero candidato. Ha detectado un movimiento muy difuso en la opinión pública, sólidamente arraigado en el alma de ciertos americanos tribalistas, lo ha cohesionado de alguna manera, y lo ha puesto al servicio de una candidatura ganadora», explica este experto.

Bannon ve lo que ha abanderado Trump como un movimiento global -del que considera que forman parte el UKIP que lidera Nigel Farage y el Frente Nacional de Marine Le Pen- que responde a la crisis del capitalismo a la que está haciendo frente Occidente. Buzzfeed ha publicado una conferencia que impartió Bannon en 2014 donde expone su concepción del mundo. Bannon se considera «un capitalista pragmático» que añora aquel tiempo de pax americana en el que la riqueza se distribuía entre la clase media. Ya no sucede así. «Estamos en las primeras fases de un conflicto global, y si no nos unimos como socios, este conflicto va a sufrir una metástasis (…) El autodenominado Estado Islámico ha prometido convertir EEUU en ‘un río de sangre’ (…) y eso llegará a Europa Occidental. Estamos en una crisis del capitalismo y en el principio de una guerra global contra el fascismo islamista».

El nuevo estratega-en-jefe de Trump conoce muy bien qué es el populismo, esa estrategia para conquistar el poder que se basa en el enfrentamiento de la élite con el pueblo, y habla en nombre de esa clase trabajadora siempre que puede. «Hay un movimiento Tea Party global (…) Lo que nos une es que somos un movimiento populista de centroderecha de la auténtica clase media, de esos hombres y mujeres trabajadores que están hartos de que les gobierne lo que llamamos el partido de Davos (…) esa gente que tiene mentalidad de élite y que va dictando a los demás cómo debe funcionar el mundo», dijo en aquel encuentro del que se hace eco Buzzfeed. Contraponía en esta charla el «auténtico capitalismo» con el «capitalismo de amiguetes». Y reconocía que su primera batalla la había librado, y aún sigue en ello, contra el establishment republicano.

En ese encuentro también se refirió a España, en alusión al paro juvenil en el mundo. «En España hay un subempleo de un 50% o un 60% entre los jóvenes menores de 30 años. Eso significa que en la veintena, cuando aprendes y desarrollas tus facultades, cuando realmente te sientes a gusto con tu profesión, te quedas fuera y se queda fuera toda una generación. Eso sólo alienta el tribalismo (…) Por eso es por lo que quiero asegurarme de que acabamos con estos gobiernos y con este capitalismo de amiguetes para que pueda aflorar el espíritu emprendedor y eso pueda volver a revertir en la clase trabajadora y en la clase media».

De ahí que Bannon se defina como «un nacionalista económico» y se permita dar lecciones al Partido Demócrata, que considera que «ha perdido la perspectiva de cómo funciona el mundo».  Es un mensaje que encuentra una audiencia masiva entre quienes creen que las élites, ya sean de Washington o de Bruselas, gobiernan para sí mismas. «Todo tiene que ver con el empleo (…) Va a ser tan excitante como en los años 30, más grande que la revolución de Reagan, conservadores más populistas, en un movimiento nacionalista económico», afirma Bannon en The Hollywood Reporter. Y concluye: «Soy Thomas Cromwell en la corte de los Tudor». Se le olvidó mencionar que Cromwell murió decapitado en la Torre de Londres acusado de traición por su rey, Enrique VIII.