El PSE ha acordado con el nacionalismo vasco «la defensa del derecho a decidir dentro de un marco legal y acordado». Así lo acota el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, para describir un marco que en su momento ya aceptaron los socialistas catalanes -esta máxima se incluyó en el programa electoral del PSC de 2012 y Pere Navarro fue acusado después de traicionar la causa catalana por no apoyar la consulta del 9-N-. Después de la consulta unilateral auspiciada por Mas, la referencias al «derecho a decidir» han desaparecido de la literatura del PSC, hasta el punto de que la tímida alusión que el propio Iceta introdujo en la ponencia del último congreso a la vía canadiense fue finalmente eliminada.

En un momento en que desde el PSOE se analiza con lupa cualquier acuerdo con los nacionalistas, Iceta deja claros los márgenes en los que se mueve el PSC: nación sí, derecho a decidir, no. Y apunta que los socialistas vascos «han acordado el respeto a las discrepancias y libertad para defender sus posturas» entre PNV y PSE dentro de la ponencia parlamentaria que debatirá, de nuevo, la reforma del Estatuto de Guernika.

Pero el PSC no sólo está sometido a la presión del PSOE, sino también a la de las fuerzas nacionalistas catalanas, que hoy han saludado el acuerdo entre PNV y PSE como un nuevo ejemplo, supuestamente, de cómo los socialistas vascos avanzan al pactar con el nacionalismo moderado vasco un gobierno de coalición mientras los catalanes se someten al dictado del socialismo español, alineándose en el Parlamento catalán en el bando de los «constitucionalistas» que comparten con PP y C’s. La política vasca y la catalana siempre se han mirado de reojo, y esa realidad es especilamente cierta en el caso de los socialistas vascos y catalanes.