Italia ha recibido este viernes un golpe nada desdeñable. La agencia de calificación DBRS ha decidido rebajar un escalón el ráting hasta BBB (alta). De este modo, la economía italiana pierde la única A que le quedaba en las calificaciones que le aplican las principales agencias.

DBRS ha justificado la decisión por «la incertidumbre sobre la capacidad política para sostener el esfuerzo de reformas estructurales y la continua debilidad del sistema bancario en un periodo de frágil crecimiento».

La agencia advierte de que el nuevo gobierno trasalpino, encabezado por Paolo Gentiloni, surgido tras la dimisión del anterior primer ministro, Matteo Renzi, podría tener escaso margen para aplicar medidas que refuercen el crecimiento y no descarta el riesgo de elecciones anticipadas.

Asimismo, considera que a pesar de las recientes medidas de apoyo a la banca, el peso de los créditos problemáticos en el balance del sector podría lastrar la capacidad de las entidades para actuar como intermediario financiero en apoyo de la economía.

No obstante, la firma ha situado la nueva calificación de Italia en perspectiva estable, al considerar que sus desafíos «son proporcionales a las calificaciones BBB (altas) y están equilibrados por el fuerte compromiso del país con la consolidación fiscal y la evidencia de una recuperación económica, aunque modesta».

La decisión de DBRS no es un asunto baladí. Aunque su repercusión es mucho menor que la de las tres principales agencias de ráting (S&P, Moody’s y Fitch), las notas de DBRS también son tenidas en consideración por el Banco Central Europeo (BCE). Al mantener hasta ahora la nota de Italia en niveles de (los más elevados), DBRS permitía a Italia obtener financiación en condiciones muy ventajosas.

Esto se debe a que el supervisor europeo tiene en cuenta la nota más alta entre las que aplican las cuatro agencias a la hora de establecer el descuento que aplica a los bonos que acepta como garantía para otorgar financiación. Tras la rebaja, el país tendrá menos capacidad para obtener financiación a través del BCE.

Esta cuestión es muy relevante para los bancos italianos. Con la rebaja del ráting, el sector financiero trasalpino, que cuenta con una cartera de deuda de su gobierno por valor 400.000 millones de euros, verá limitada su capacidad potencial de financiación a través del BCE en unos 30.000 millones, según cálculos de Barclays citados por Expansión.

En la misma línea, Nadia Garbhi, economista para Europa de Pictet WM, insistía en un informe reciente que, de producirse, el recorte del ráting italiano «aumentaría las preocupaciones sobre la rentabilidad del sistema bancario italiano».

Por su parte en HSBC apuntan que incluso la visión del mercado sobre la deuda soberana del país podría verse afectada. Este viernes, la rentabilidad de los bonos italianos a diez años se situaban en el 1,89%, cuarenta y cinco puntos básicos por encima de la del bono español.