María, embarazada de casi ocho meses, le planteó a su marido la idea de que Daniel, que vendrá al mundo en julio, llevara primero su apellido. La respuesta que recibió fue drástica: «Me dijo que se me quitara de la cabeza. Que cómo íbamos a ponerle el apellido que no le corresponde». Lara, en cambio, ni se lo ha planteado: a sus seis meses de embarazo ya ha decidido que será el de su novio el que figure primero. «Me da pena que se pierda el de mi padre, pero hay millones de cosas más importantes de qué preocuparse, y llevar un apellido u otro no supone ningún tipo de privilegio». No obstante, reconoce que si quisiera hacerlo, también habría debate en casa.

Aunque en un principio la nueva ley del Registro Civil que obligaba a especificar el orden de los apellidos de los recién nacidos iba a entrar en vigor a partir del 30 de junio, no será por lo menos hasta el año que viene cuando se empiece a llevar a cabo tras la aprobación del Senado de la enmienda que establece una prórroga. De esta forma, los futuros padres tendrán más tiempo para llegar a un acuerdo y, sobre todo, el Registro para tener más medios.

La nueva ley del Registro Civil no se implantará por lo menos hasta el año que viene

Ya desde el año 2000 existe la posibilidad de asignar primero el apellido materno enviando una solicitud al Juez del Registro Civil y una declaración de mutuo acuerdo sobre el cambio en el orden. En caso de no existir consenso, se da preferencia por defecto al apellido paterno. Con la nueva ley, los padres deberán especificar el orden de los apellidos y de no haber acuerdo, será el magistrado quien tome la decisión, pero sin dar prioridad al paterno sino «atendiendo al interés superior» del menor. Esto es, sin ningún criterio establecido. “Podrán elegirlo conforme al orden alfabético, mediante sorteo o evitando que la combinación dé lugar a una expresión malsonante. Pero el modo de elección por el encargado queda a su disposición hasta que no sea regulado”, explica Isabel Winkels, presidenta de la sección de Derecho de Familia del Colegio de Abogados de Madrid.

Al igual que en España, en Francia, desde 2005, los padres pueden elegir qué apellidos quieren que su hijo lleve y en qué orden. Puede ser el de uno solo o el de ambos. Algo parecido sucede en Portugal, donde pueden escoger si ambos apellidos son del padre, de la madre o uno de cada uno.

En los países donde sólo se registra uno como Suiza, también está cambiando la tendencia. Hace unos años, la ley del país fue modificada para que las parejas eligieran el apellido que quieren ponerles a sus hijos. Algunos optan por hacer un apellido compuesto uniendo ambos con un guion, algo que también es posible en Alemania.

Al contrario que en todos ellos, en Suecia, por ejemplo, impera el poder de las madres. Los padres pueden elegir también el orden pero, de no llegar a un acuerdo, se registran con los de la madre.

La nueva ley, además de ser un paso más hacia la igualdad -ya que permitiría conservar los apellidos maternos, destinados de lo contrario a desaparecer- ofrece la posibilidad de “evitar combinaciones malsonantes”, según Winkels. Pero no todo será positivo. El conflicto está asegurado. “La posibilidad de elección siempre da lugar a discusiones. Cada persona tiene un punto de vista sobre la realidad y unas preferencias distintas. Al abrir un abanico de posibilidades, la probabilidad de conflicto se ve incrementada en cualquier ámbito”, apunta Winkels. Sobre todo, teniendo en cuenta que el orden de los apellidos elegido, ya sea de los padres o del Encargado del Registro Civil para el primer hijo, será el que acompañe al nombre de los sucesivos.

Acuerdos prematrimoniales

La nueva ley del Registro Civil, que iba a entrar en vigor el 30 de junio, se retrasará por lo menos un año dada la “necesidad de un periodo de implementación para la dotación de medios materiales, formación del personal y medios tecnológicos”, en palabras de Winkels. Aprovechando este periodo, la abogada propone incluso cambiar más aspectos de esta ley para decidir este tipo de cuestiones mucho antes y evitar así cualquier conflicto a última hora.

Winkels defiende implantar acuerdos prematrimoniales donde, además los apellidos, se puedan decidir otros asuntos previamente

Concretamente, Winkels defiende implantar acuerdos prematrimoniales donde, además del orden de los apellidos que llevarán los futuros descendientes, se pueda decidir incluso el régimen económico de los cónyuges -actualmente ya se puede elegir, pero en la mayoría de los casos éstos no se informan y adquieren el que viene predeterminado según la comunidad autónoma- o quién de los dos optaría a una reducción de jornada en el caso de ser necesario para cuidar a los niños, entre otros aspectos. “Esto debería decidirse antes por lo que supone, que no es sólo una reducción de salario sino la dificultad de promocionar con una reducción de jornada”, argumenta la abogada, quien cada día escucha reproches por este y otros asuntos por no haberlo decidido a conciencia.

Hasta entonces, el proceso de elección de apellidos seguirá siendo el establecido en el año 2000, siendo el paterno el que prevalezca por defecto, aunque hay quien, como María, lo ve como un detalle para los padres. «Somos nosotras las que lo llevamos dentro, y las pataditas y cómo se mueve sólo lo notamos nosotras. Por lo menos que ellos lleven el apellido”.