Es el hombre del momento. El nuevo presidente de Francia, Enmanuel Macron, se ha convertido en la estrella emergente de esta Unión Europea que va de sorpresa en sorpresa y de peligro en peligro. Exorcizado el riesgo de que la ultraderechista Marine Le Pen aterrizara en el Elíseo, ahora todos quieren a Macron en sus filas, porque si bien su lugar «natural» en el Parlamento Europeo es el grupo liberal, los conservadores del PPE, donde se integra el partido de Mariano Rajoy, le sondean para que se integre con los populares europeos.

«Él debe decidir si quiere ser la reina madre de los liberales o fotografiarse al lado de Ángela Merkel», cuya formación, la CDU, también Forma parte del PPE, dicen fuentes europeas

En España, Rajoy y Rivera intentan atraerlo a su causa

A fin de cuentas, la batalla por su «fichaje» en una u otra familia política del Parlamento Europeo es un reflejo de lo que pasa en España. Su triunfo, contra o todo pronóstico y sin apenas partido, fue rentabilizarlo por el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, que se veía reflejado en él.

Macron emergió entre los restos de los conservadores y de los socialistas franceses, supuso el fin de un bipartidismo que todavía se está lamiendo las  heridas, y «pescó» de ambos partidos para confeccionar su Gobierno y su partido, hoy victorioso en las legislativas. En fin, todo un ejemplo a seguir por el partido naranja.

Almuerzo en el Elíseo

En el Ejecutivo y en el PP el intento de acercamiento no es menor.  Independientemente de que las relaciones con Francia son prioritarias para España, Moncloa quiere cuidar especialmente los vínculos con el presidente de la República francesa. El almuerzo que reunió en París a Macron y a Rajoy el pasado viernes, con el claro guiño que el francés hizo a favor de la integridad territorial de España, quiere venderse poco menos que como la unidad de dos compañeros de partido, aunque  sea a costa de enfadar a los maltrechos republicanos franceses, que forman parte del PPE y de la Internacional Demócrata de Centro (IDC).

Sondeos del PPE auguran una caída de los socialistas e incremento de los populismos

El triunfo de Macron fue recibido en Moncloa como si se tratase del de uno de los suyos. Bien es cierto que toda Europa respiró tranquila tras la derrota de Le Pen hasta el punto de que Rajoy calificó esa victoria de «mensaje de optimismo, europeos o, estabilidad y confianza».

Los populares europeos, muy fuertes en todavía la eurocámara, desean que se integre en su grupo, una vez se celebren las elecciones al Parlamento de Bruselas. Aunque no habrá comicios europeos hasta 2019 -en España el cuarto domingo de mayo coincidiendo con las locales y autonómicas-, el francés no puede tardar mucho en elegir compañeros de viaje.

La Unión no termina de tenerlas todas consigo. Los sondeos trimestrales que hace el PPE avanzan una caída muy importante en votos y diputados de los socialistas europeos, espacio que pueden ocupar las fuerzas populistas y ultraderechistas. Que proliferan por el continente. Los populares también ceden algún espacio electoral, aunque seguirán siendo la fuerza predominante de la Eurocámara, de ahí el deseo de reforzar su Grupo con el partido del nuevo presidente de Francia, dando tiempo a los republicanos franceses para que superen sus fuertes discrepancias internas.