«Nunca he querido ser un político de carrera». Sin embargo, la trayectoria de Sebastian Kurz, primer ministro de Austria tras la victoria del Partido Popular (ÖVP) en las legislativas del domingo con el 31,4% de los votos, es meteórica. A sus 31 años recién cumplidos en agosto, será el jefe de gobierno más joven de Europa. Conocido en su país como el Wunderwuzzi (niño prodigio), ya pulverizó récords al ser designado como jefe de la diplomacia austriaca con tan sólo 27 años. Sin haber terminado Derecho, a los 24 ya era secretario de Estado de Integración.

Es tan rabiosamente joven que convierte en experimentados al presidente francés, Emmanuel Macron, que aún no ha cumplido los 40, y al primer ministro canadiense, Justin Trudeau, de 45 años. Pese a las diferencias ideológicas, los tres son brillantes, atractivos y muy pragmáticos. Su forma de acercarse al votante nada tiene que ver con los usos de otras generaciones de políticos. Irradian optimismo vital y personalizan el éxito.

Kurz, que formaba parte del gobierno de coalición con los socialdemócratas (SPÖ) del canciller Christian Kerne, los perdedores tras quedar terceros en las elecciones del domingo, ha logrado un hito para el Partido Popular, que lidera desde el pasado mes de mayo. Inmerso en una crisis de liderazgo, el ÖVP se ha acomodado al perfil de Kurz, que hasta ha cambiado el color del partido, de negro a azul turquesa, y se ha rebautizado como la Lista Sebastian Kurz. Así han logrado atraer a decenas de miles de nuevos votantes.

Es muy activo en las redes sociales, donde siempre se muestra cercano y muy natural.  Nada más conocerse su victoria, tuiteó: «Muchas, muchas gracias por la confianza. Hoy no es el día del triunfo sobre los otros, sino de la oportunidad del cambio».

Kurz presume de honestidad y franqueza. «Digo lo que pienso», asegura. Suele viajar en clase turista, incluso en vuelos transatlánticos como en su reciente viaje a Nueva York, donde asistió a la Asamblea General de la ONU. Vive con su novia de siempre en el barrio de Meidling, donde nació y creció. En breve anunciará su boda. Su madre es maestra y su padre, ingeniero, estuvo en el paro un tiempo. En los 90 sus padres acogieron a refugiados bosnios.

La agenda política de Kurz, sobre todo en cuestiones migratorias, se diferencia apenas en el tono y las formas de la ultraderecha del Partido de la Libertad (FPÖ), que lidera el veterano Christian Strache. Curiosamente Kurz nació en 1986, cuando Jörg Haider estaba al frente de los ultraderechistas austriacos, entonces proscritos en Europa.

El Partido de la Libertad ha resultado segundo en las legislativas, con un 27,4% de los votos, y se da por hecho que forme gobierno con los populares que lidera Kurz. En la campaña no ha aclarado si aceptaría el pacto y se desentendía aludiendo a que resulta anticuado hablar de izquierda y derecha a estas alturas.

Icono popular y populista

Desde la época de Haider los austriacos no veían a un político tan popular, y tan populista, un auténtico icono pop. Elocuente y atractivo, ha llenado las plazas y los estadios durante la campaña. Sin estridencias, venía a decir a sus conciudadanos que tenían el derecho a abogar por que los inmigrantes dejen de acceder al sistema de seguridad social del país, y que se reduzcan los beneficios a los que reclaman asilo. Para sus críticos, es un lobo oportunista con piel de cordero del pueblo.

Durante la campaña electoral Kurz ha insistido en que se opuso a la medida acordada por el entonces canciller socialdemócrata Werner Fayman y la alemana Angela Merkel de abrir las fronteras para el tránsito de refugiados en septiembre de 2015. La llegada de 120.000 refugiados, la mayoría musulmanes, a un país de 8,7 millones de habitantes causó rechazo en amplios sectores de la sociedad, lo que ha sido rentabilizado electoralmente por la ultraderecha, y también por los conservadores, encabezados por Kurz. Desde su Ministerio de Exteriores, ha pujado por cerrar la ruta balcánica y ha promovido medidas como la prohibición del burqa.

Los que trabajan y benefician a la sociedad no pueden ser los perdedores», es uno de sus lemás más exitosos

De su época como secretario de Integración, acuñó algunos de los eslóganes que aún le definen como «la integración es un toma y daca». También ha repetido ahora un lema que ha sido muy bien recibido por los austriacos: «Los que trabajan y benefician a la sociedad no pueden ser los perdedores».

A su vez, en términos económicos apoya los recortes de impuestos (más de 14.000 millones de euros) y defiende la transparencia del aparato del Estado. El modelo político y económico de Austria está en crisis, con una economía cada vez más ralentizada, unos impuestos elevados y un gran clientelismo estatal.

Sus objetivos como canciller serían «más libertad, más responsabilidad individual y más solidaridad». Y en política exterior promete que Austria encontrará su lugar «entre las potencias más fuertes». «Es mera palabrería que no hace sino mostrar que es Kurz el mensaje político más potente de su partido», según el semanario alemán Der Spiegel.

Como Macron en Francia, también ha favorecido que profesionales de diversos sectores se impliquen en su partido, entre ellos el organizador del Baile de la Ópera de Viena, un ex miembro de los Verdes con raíces turcas, y, sobre todo, el legendario piloto de Fórmula 1 Niki Lauda. Su formación ahora es la más popular entre los jóvenes entre 14 y 29 años.

Los mayores de 16 años pueden votar en Austria, lo que ha dado una clara ventaja al ÖVP. Un auténtico milagro para un partido tradicional que ha gobernado, muchas veces en coalición con los socialdemócratas como hasta ahora, 55 de los últimos 61 años.

Por extraño que parezca uno de sus lemas de campaña era: «Llega el tiempo para algo nuevo». Ha sido capaz de presentarse como renovador, pese a que su partido ha gobernado Austria durante décadas, y él mismo formaba parte del gabinete saliente. De nuevo una pirueta similar a la de Macron, ex ministro de Economía de Hollande, quien se presentó a las presidenciales al frente de En Marche! como si su paso por el gobierno socialista hubiera sido un espejismo.

El mundo nunca se ha sentido tan inseguro, al menos desde que yo tengo memoria», afirmó ante la ONU

En su reciente intervención ante los principales dirigentes del mundo en Naciones Unidas, Kurz dijo: «Señores y señoras, el mundo nunca se ha sentido tan inseguro, al menos desde que yo tengo memoria». Kurz nació apenas tres años antes de la caída del Muro de Berlín. Habló de la crisis norcoreana y del peligro del yihadismo como si fuera el líder de una potencia global.

Defendió el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares, suscrito por 53 países. En privado se vio con el líder iraní, Hassan Rohani, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, y se dejó fotografiar junto al ex secretario de Estado Henry Kissinger. Apenas faltaban unas semanas para las legislativas en Austria y ya se presentaba ante los mandatarios mundiales como vencedor. Asegura que en diez años dejará la política. Antes ha de sobrevivir al frente de un gobierno escorado a la derecha, y más allá.