ETA ha tardado seis décadas en pedir perdón y casi siete años desde que decidió dejar de matar. El comunicado hecho público hoy, a pocos días de que escenifique su disolución en Bayona, es sin duda un paso relevante y con el que empieza a escribir su epílogo de dolor. Lo hace un lenguaje casi irreconocible en la larga historia de comunicados de la banda. ETA da un paso hasta ahora inédito en su trayectoria, no sólo desde el punto de vista del contenido sino incluso desde el punto de vista semántico. “Lo sentimos de veras”, declara en el comunicado publicado este 20 de abril de 2018, 59 años después de que la banda terrorista se fundara y 50 desde que firmara su primer asesinato, el 7 de junio de 1968 al matar al joven guardia civil José Antonio Pardines.

Una petición de perdón tantos años exigida que sin embargo no ha sido completa. Leer entrelíneas en los mensajes de ETA siempre ha sido necesario. Interpretar sus mensajes en ocasiones escondidos en argumentarios imposibles, también. En el ‘comunicado del perdón’ conocido hoy sus afirmaciones esconden justificaciones, carencias y dudas.

La más evidente es la clara diferenciación que realiza entre las víctimas con responsabilidad en “el conflicto” y las que no tuvieron “responsabilidad alguna” en el mismo, algo así como los ‘daños colaterales’ del terrorismo que ella ejerció. ETA comienza por justificar el inicio de su historia de nuevo apelando a la sociedad vasca en su conjunto, de la que una vez más se erige en representante, y por la que, dice, se habría visto abocada a iniciar su “actividad”. ETA afirma que se fundó tras el dolor heredado del bombardeo de Gernika y del periodo de la dictadura franquista posterior. Un argumento que a continuación sitúa como un “conflicto” que podría justificar víctimas de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que integran la mayor parte de los 850 asesinatos de su sangrienta trayectoria.

La banda pide perdón a quienes no tuvieron «responsabilidad alguna» en el «conflicto»

En el comunicado titulado “ETA al pueblo vasco: declaración sobre el daño causado”, la banda reconoce que ha provocado “mucho dolor, incluido muchos daños que no tiene solución”. Incluso llega a trasladar su respeto a “los muertos, los heridos y las víctimas”.  No a todos. ETA señala que su acción terrorista, “nuestras actuaciones”, han afectado a “ciudadanos y ciudadanas sin responsabilidad alguna” y es a estas víctimas y sus familias a las que únicamente se dirige de modo directo para pedirles perdón, para reconocerles que su gesto no “mitigará tanto dolor”.

Responsabilidades ‘compartidas’

En otro punto de su comunicado, ETA disecciona un catálogo de responsabilidades; las suyas y las del Estado. En su final, la banda también apela al Estado para que realice un análisis de la guerra sucia e incluso insinúa que debería pedir perdón a ETA y a las personas que la violencia de Estado hirió y asesinó. Reclama que como ya ha hecho ella, también “otros” lleven a cabo un reconocimiento del daño causado por sus acciones “totalmente injustas” y “bajo el disfraz de la ley”. Así, acusa a “las fuerzas del Estado y las fuerzas autonomistas “de haber actuado conjuntamente y haber provocado daño a ciudadanos “que no merecen ser humillados”. Incluso afirma que sería perjudicial de cara al futuro que se intentara desfigurar u ocultar “determinados episodios”.

En este punto, ETA llama a la necesidad de no hacer ejercicio de “cinismo ni hipocresía” al abordar el final del “conflicto”. Lo cree esencial para que se pueda conocer “toda la verdad”. Llega a asegurar que es necesario aún que “muchas acciones violentas” que nadie ha asumido, “que nadie ha esclarecido” se aclaren par que se conozca su autoría. Sin embargo, en ese reconocimiento de autorías la organización terrorista no se refiere a sus crímenes sino a los que afectan a grupos como los GAL, el Batallón Vasco Español o la Triple AAA, entre otros, a los que no cita expresamente y se refiere como “otros”.

ETA reclama al Estado un ‘reconocimiento del daño causado’ por sus acciones «totalmente injustas» hacia la banda y su entorno

El que puede ser uno de los últimos comunicados de ETA no hace referencias a sus más de 300 crímenes sin esclarecer. ETA se limita a asegurar que ya ha asumido su responsabilidad de modo “colectivo” y que como organización ya ha aclarado “qué es lo que ha hecho”. En los últimos meses el debate interno abierto en la organización terrorista ya dejó claro que no abordaría las responsabilidades de sus militantes de modo individual. Más aún, advirtió a sus presos que la delación de posibles responsabilidades en los crímenes aún pendientes sería una ‘línea roja’ que no se debía rebasar en el proceso de aceptación de la legislación penitenciaria española -para acogerse a beneficios penitenciarios- aprobada en el colectivo de presos.

ETA tampoco hace ningún análisis de su actividad armada, del resultado de su actividad terrorista. No la reprueba, ni entra a valorar si las seis décadas de existencia de la banda han logrado algún fruto más allá del reguero de víctimas y heridos a las que, al menos a una parte, ahora sí pide perdón. Tanto el Gobierno vasco como la mayor parte de los partidos políticos vascos vienen reclamando a la banda que reconozca que matar estuvo mal. Ese ha sido el ‘mantra’ que el lehendakari Urkullu ha reiterado en sus intervenciones dirigidas a ETA desde hace años. Ahora, la organización pide perdón pero no llega a cuestionar que se equivocó en el modo de afrontar el sufrimiento que dice heredó la sociedad vasca tras la guerra civil y que justificaría su historia de luchar armada.

En su último punto del comunicado, ETA defienda que la verdad “debe conocerse”. Considera que deberán redactarla quienes “de buena fe” quieran acercarse a la historia de ETA y a los que también deriva hacia sus militantes. Etarras a los que insta a actuar “en la medida de sus posibilidades y responsabilidades” para realizar su aportación. Una verdad que asegura que no se encontrará en lo que define como una “batalla del relato” en la que “es una lástima que se obcequen” algunos, que no cita.

Por último, pone en duda los procesos para alcanzarla ya que parte de la idea de que no se ha pretendido encontrar desde el momento en el que su final no se ha desarrollado mediante procesos aplicados en otros conflictos armados ni aplicando “procedimientos adecuados para obtener la verdad, justicia y reparación”.