Los escritores Fernando Aramburu y Raúl Guerra Garrido han sido reconocidos hoy por el colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco en la XVIII edición de los premios que otorga la asociación. En un acto celebrado en el Palacio de Miramar de San Sebastián, ha querido reconocer su aportación en la denuncia de la violencia terrorista y de apoyo a las víctimas. De Aramburu se han recordado sus obras ‘Los peces de la amargura’, ‘Años lentos’ y, la más exitosa, ‘Patria’. En la obra de Guerra Garrido se incluyen también varias novelas vinculadas al impacto del terrorismo y la violencia como ‘Lectura insólita de El Capital’, ‘Cacereño’ o ‘La carta’.

Tras recibir el reconocimiento, Fernando Aramburu ha relatado que al abordar el fenómeno del terrorismo que se vivía en su Euskadi natal encontró “un suelo que recorrer en el que ya estaban las pisadas de Raúl Guerra”. Ha reconocido haber sentido cierto “pudor” y “escrúpulo” a la hora de abordar esta cuestión en sus obras. “Mientras unas personas sufrían yo hacía mi librito…”, ha apuntado.

Ha señalado que en realidad, la motivación y el impulso fue una parte de los círculos concéntricos que deja una piedra al caer a un estanque, “el impacto más duro se lo llevan las víctimas, pero yo, como persona empática, demócrata y con unos principio morales, logré superar mi resistencia y escribir ‘Los peces de la amargura’”.

«Obstaculizar la desmemoria»

Aramburu ha destacado que el poder de la ficción de una novela en ocasiones tiene la fuerza de interpelar a los lectores y hacerlo de igual modo en distintos lugares del mundo cuando se trata de cuestiones universales: “qué haría yo si asesinaran a mi padre, si viera que intimidan a alguien. La memoria, el perdón, son valores universales”. Ha afirmado sentirse honrado por el premio y en especial por lo que le han trasladado las víctimas sobre el modo en el que las trata en sus obras, “es mi pequeña contribución a la memoria o a obstaculizar la desmemoria”.

Por su parte Raúl Guerra Garrido ha señalado que el miedo ha sido la mayor contribución del terrorismo en todos estos años. Ha reconocido que durante mucho tiempo pensó que la venganza se impondría, “era algo que me parecía lógico que pudiera pasar” y que ahora se siente “muy honrado” al comprobar que su “profecía” no se ha cumplido. Ha recordado cómo en una ocasión una editorial le reconoció que “no se atrevían a publicar mi novela”.

En el acto de entrega de los XVIII Premios Internacionales de Covite también ha intervenido Maite Pagazaurtundua, hermana de Joseba Pagazaurtundua, asesinado por ETA. Ha agradecido a Aramburu y Guerra Garrido su aportación para poder “sobrevivir” en el ejercicio de la libertad, “una actividad de alto riesgo”. Ha subrayado que ellos se atrevieron a abordar la amenaza terrorista en momentos complicados y que ha sido más recientemente, “cuando se ha ido alejando la amenaza de los chivatos y asesinos cuando han llegado más obras”.

La verdad de las mentiras

Pagazaurtunda ha apuntado que “la intolerancia sigue ahí”, no ha desaparecido, “escribir sigue siendo incomodante”. Ha destacado el valor de las obras que sobre lo sucedido en el País Vasco han escrito Aramburu y Guerra Garrido, “sin vuestras obras nos dirían, antes o después, que estaríamos mintiendo”: “Fernando, Raúl, os debemos la verdad de las mentiras, que diría Vargas Llosa. Habéis salido al rescate de las personas, sois auténticos rescatadores”.

Finalmente, el filósofo Fernando Savater ha reconocido el riesgo asumido por ambos autores “para decir la verdad” en tiempos “en los que estaba mal visto hablar de terrorismo”. Savater ha apuntado que le sorprende que con fenómenos como ‘Patria’ aún hoy muchas personas le pregunten si lo ocurrido realmente fue así: “La literatura a veces mejora la verosimilitud de lo real, esa es su fuerza y eso ha pasado con obras como ‘Patria’”. Ha terminado su intervención asegurando que lo que hoy se les ha reconocido a Aramburu y Guerra Garrido es haber contribuido “a evitar el crimen del silencio”.

La presidenta de COVITE, Consuelo Ordóñez, ha subrayado que los dos escritores decidieron descartar la “neutralidad” por considerar que los habría convertido, a su parecer, en “cómplices y prefirieron el lado de los vulnerables”. Ordóñez ha destacado la implicación en la denuncia del terrorismo y apoyo a las víctimas que ambos autores han mostrado en sus obras.

Les ha agradecido que se hicieran “la pregunta clave que una buena parte de la sociedad no ha querido hacerse: que hacía yo mientras todo esto estaba ocurriendo» y que ninguno de los dos huyeran “ni de esa no de otras preguntas incomodas”. Ha apuntado que pusieron al servicio de todas esas interrogantes que suscita una sociedad azotada por la violencia, “el arma que mejor saben manejar, la literatura”.

El miedo, el éxito del terrorismo

Ha recordado cómo Raúl Guerra Garrido se convirtió en el primer escritor que incluyó el terrorismo en Euskadi, en la obra ‘Lectura insólita de El Capital’-, con un empresario secuestrado y asesinado por ETA como argumento. Ordóñez ha reconocido que en muchas ocasiones se ha preguntado por qué la mujer de Guerra Garrido le respaldó cuando publicó “La Carta”, “a sabiendas de que aquella novela los colocaba en el centro de la diana, por qué el matrimonio aceptó convivir con escolta, por qué no se marcharon después de que les quemaran la farmacia”.

También ha citado a Aramburu y su obra “Los peces de la amargura”, cuando podría haber optado por “temas más banales” y el porqué de “Patria”: “Es una obra que ha llegado en el momento preciso, ese en el que nos jugamos el relato, el blanqueamiento de las responsabilidades, la eficacia de la violencia como herramienta política”: “Muchos de nuestros conciudadanos desconocían cómo habíamos vivido y ahora lo han descubierto, en pleno pulso del nacionalismo por cerrar el capítulo del terror”.

Ordóñez ha denunciado que “la dictadura del miedo ha sido el mayor éxito del terrorismo” y aún hoy lo es: “El miedo imperante se ha transformado en un afán por pasar página, en un empeño en olvidar, en vivir como si nada hubiera ocurrido”. Ha lamentado que, al contrario que tras la Alemania nazi se trazo una línea clara “que estigmatizaba la maldad, la indecencia, lo excluyente, eso no está ocurriendo en el País Vasco, y a los resultados electorales me remito”.