Artur Mas se ha convertido por voluntad propia en uno de los protagonistas de la semana política catalana coincidiendo con la Diada. Lo ha hecho con dos entrevistas en Rac1 y TVE en las que asegura que no tiene como prioridad ser el próximo candidato de JxCat a la presidencia de la Generalitat e insiste en su sintonía con su sucesor y líder del espacio posconvergente, Carles Puigdemont. Un discurso que contrasta con la afirmación de que «bastante gente» le pide que sea de nuevo candidato, y la expectativa cada vez mayor en sectores de PDeCat de que esa candidatura sirva para evitar ver al partido heredero de Convergencia diluido en JxCat y fagocitadas sus estructuras por los «independientes» al dictado de Puigdemont desde Waterloo.

«Hay bastante gente, de manera creciente, que me pide que coja más responsabilidades de las que tengo actualmente, que tengo muy pocas, pero no es menos verdad que este no es mi deseo principal», aseguró el lunes en Rac1. Aunque tanto entonces como tres días después, en TVE, insistió en que «no es su deseo» volver a encabezar una candidatura a la presidencia de la Generalitat. Ese día, Mas fue un paso más allá, asegurando que tiene en mente el nombre de un posible sustituto, pero dejando claro que debe ser el propio interesado quien dé el paso adelante para sustituir a Puigdemont. Y comprobar si el president fugado está dispuesto a dejarse sustituir.

En este contexto, es muy importante la reunión mantenida por Mas y Puigdemont el pasado julio, para decidir si el PDeCat se debía diluir en JxCat junto a los fieles a Puigdemont y la Crida. La propuesta de Mas, que el ex president asegura haber acordado con Puigdemont, es la integración del partido heredero de Convergencia pero sin diluir sus estructuras y garantizando que los herederos de Convergencia no perdían todo el poder en manos de los nuevos dirigentes incorporados al calor de Puigdemont.

Una propuesta que cristalizaría en un tándem de lujo con Puigdemont como líder de la formación, pero recuperando el poder sobre la confección de las listas electorales que en los últimos convocatorias ha elaborado -y purgado a placer- Puigdemont. Es decir, devolver a la estructura posconvergente el poder hurtado por el nuevo núcleo duro de Puigdemont. Todo empezó cuando Marta Pascal le dio pista libre para confeccionar la lista a las autonómicas del 21D de 2017 a cambio de que encabezara la candidatura.

Puigdemont ha utilizado las listas de JxCat para devolver favores a Matamala o Cuevillas

Después de eso, Puigdemont ha impuesto su criterio en las listas a las generales, a la alcaldía de Barcelona y al Parlamento Europeo, imponiendo a dirigentes como Laura Borrás y Elsa Artadi, pero también devolviendo favores a su compañero de huida, Josep Maria Matamala, ahora senador, o a su abogado, Jaume Alonso Cuevillas, ahora diputado en el Congreso. Una dinámica que ha hecho estallar a numerosos sectores dentro de la posconvengencia, aunque nadie se haya atrevido a cuestionarlo en público.

Tenía razón Mas cuando afirmaba este jueves en TVE que lo que espera es «se presente otra persona que se pueda asumir el liderazgo» y para eso hace falta que Carles Puigdemont «mueva las fichas» para designar a un candidato que le sustituya y ese nuevo líder «haga lo que otros hemos hecho en nuestro momento, jugársela para asumir el liderazgo».

Otros candidatos

De hecho, el nombre de Artur Mas no ha sido el único que ha sonado en los últimas semanas para liderar la posconvergencia. Los consellers Àngels Chacon, de Empresa, y Miquel Buch, de Interior, cuentan con el apoyo de diferentes sectores del PDeCat. Chacón sería la favorita de los alcaldes que ansían la ruptura con ERC y un regreso a discursos más posibilistas, mientras Buch es el favorito de quienes ven con buenos ojos la fusión con JxCat y la Crida.

También Puigdemont tiene sus candidatos. En su entorno más próximo siguen como primeros nombres el de Laura Borràs, a la que colocó sin experiencia como cabeza de lista en Madrid, para liderar también una eventual candidatura a la presidencia de la Generalitat, mientras Elsa Artadi sería la favorita para sustituir a David Bonvehí, actual presidente del PDeCat y gestor de las estructuras de partido, en caso de conseguir que el partido heredero de CDC acepte finalmente diluirse en JxCat.

Sin olvidar a los disidentes víctimas de las «purgas» de Puigdemont, un colectivo que encabezan Marta Pascal, Carles Campuzano y Jordi Xuclà. El problema de los disidentes a Puigdemont es que siempre están a la espera de un empujón definitivo que no parece llegar nunca. Primero fue el resultado de las generales, después de que el president fugado y su entorno hubieran barrido de las listas a históricos poco complacientes como Carles Campuzano Jordi Xuclà.

Pero la caída de la ex convergencia, sin grupo parlamentario, no sirvió como catalizador, a la espera de las elecciones municipales, fundamentales para ver si el PDeCat conservaba sus estructuras de poder. En mayo se produjo de nuevo una sonora caída, aunque el partido aguantara el embate en algunas capitales de comarca, que sólo ha servido para abrir un proceso de reflexión interno que concluirá a final de septiembre.

La decisión que adopte a final de mes la dirección liderada por Bonvehí respecto a JxCat y la Crida será fundamental para aclarar algunas de las incógnitas. Pero mientras, Artur Mas sigue siendo el único dirigente posconvergente dispuesto a ocupar el espacio público dejado por Puigdemont y no ocupado por Torra.