El antigitanismo es un racismo «basado en la superioridad moral de la raza paya y es permitido y promovido por las instituciones», cuenta a El Independiente Silvia Agüero, una de las autoras de Feminismos: miradas desde la diversidad. Condena que la mayor parte de las personas gitanas «que vivimos en guetos, no es por decisión nuestra». Desea que no se fomente un problema que es fruto de las leyes antigitanas y espera vivir en un mundo sin un patriarcado «que nos afecta a todas las mujeres». La periodista bromea con la represión que han sufrido las mujeres gitanas a lo largo de la historia diciendo que en España se tuvieron que hacer leyes «inclusivas».

Una de las normas que les impusieron en 1740 fue que no podían andar más de tres o cuatro gitanos juntos, por tanto, si iban dos gitanos y dos gitanas, estaban actuando correctamente. Por ello, tuvieron que especificar que las «gitanas» tampoco podían ir en grupos de más de tres o cuatro. «Somos las primeras en utilizar el lenguaje inclusivo», explica.

La discriminación comienza con la visión que tienen los que el colectivo gitano denomina «payos», de las gitanas, desde Cervantes hasta los Gypsy Kings «han creado a sus gitanas». Presentan a una mujer «preciosa, exuberante y con un halo de maldad por su raza». De este modo, las personas creen que las gitanas son tal y como las presenta la ficción, desde Esmeralda en el Jorobado de Notre Dame, que era una jovencita «sexy, que sabe bailar».

Las gitanas en el cine y literatura «somos ladronas, pícaras, que solo vendemos en el ‘mercaillo’, que seducimos y somos muy echadas pa’ lante». Sin embargo, las de verdad «somos de carne y hueso. Ni muy exuberantes ni lo peor del mundo: también somos buenas y dulces, somos sensibles, tenemos opinión política, somos madres, sufrimos e intentamos luchar contra el patriarcado», explica la periodista.

Por suerte, la comunidad gitana cuenta con referentes que enarbolan una lucha contra el racismo: «desde mis antepasadas, que se desnudaron delante de curas, trataron de fugarse de prisiones, hasta mi abuela o mi madre». Una de las luchadoras más recientes es Soraya Post, que ha sido eurodiputada por el partido Iniciativas Feministas. Sin embargo, hay otras gitanas de a pie «como mi cuñada, María Moreno, que se levanta todos los días a las seis de la mañana y llega a las ocho de la noche». Además, «todas salen llueve o truene».

El antigitanismo es hermano del patriarcado»

Como mujeres las gitanas sufren opresión por partida doble, por lo que «luchamos contra el antigitanismo y el patriarcado. Estamos en modo aprendizaje. Tenemos otras cosas que exigir: no podemos pedir igualdad salarial porque no tenemos empleo, ni un trabajo digno o vivir en condiciones. El antigitanismo es hermano del patriarcado».

¿Puede hablarse de un feminismo gitano? En su libro, Agüero explica que el feminismo gitano reivindica por la igualdad de hombres y mujeres, aunque su lucha principal es contra el antigitanismo dictaminado «por esos hombres payos que sostienen un sistema que no solo es patriarcal sino también antigitano, racista, LGTBIfóbico y opresor».

De momento, no hay un movimiento gitano europeo organizado ni lo hay en España. Sí es cierto que hay «muchísimas asociaciones con mirada crítica, pero no hay un movimiento global organizado ni una agenda compartida ni un discurso común». Según Silvia Agüero, estas entidades «van a remolque de lo que les plantea quien las financia».

La periodista anima a reflexionar, a escuchar a las mujeres gitanas y a fomentar un pensamiento crítico. Sostiene que «ya tenemos las gafas moradas; ahora hay que teñirlas de antirracismo para dudar no solo de que en el transcurso de la historia hayan sido los hombres los principales inventores, investigadores, poetas o guerreros, sino que también dudéis de que en la historia no haya mujeres gitanas referentes». Concluye hablando de las diferentes formas de resistencia que han ido desarrollando a lo largo de los 600 años a un «patriarcado antigitano que siempre ha intentado nuestra extinción».

La discriminación hacia las mujeres gitanas, en cifras

La Segunda Encuesta de la Unión Europea sobre Minorías y Discriminación. Gitanas en nueve Estados Miembros (elaborada por la Agencia Europea de Derechos Fundamentales en 2019) ha dado a conocer los resultados de la discriminación que sufren las gitanas por el hecho de serlo:

  • El 69% de las niñas gitanas españolas deja sus estudios a edad muy temprana frente al 20% de la población general. Este abandono no es voluntario ni por las cuestiones culturales de las que se les acusa.
  • El 81% de las jóvenes gitanas no estudian ni trabajan fuera de casa, algo que solo afecta al 22% de las mujeres no gitanas.
  • El 36% de las gitanas españolas contrae matrimonio antes de cumplir la mayoría de edad, por 1,08% de las demás mujeres.
  • La tasa de empleo de las mujeres gitanas españolas es del 16%, frente al 60% del resto.
  • El 35% de las gitanas españolas entre 16 y 64 años no están en el mercado laboral y se dedica al cuidado de su familia.
  • El 30% de las gitanas entrevistadas admitió haber sufrido acoso racial en los 12 meses anteriores a la entrevista. Solo el 2% había experimentado violencia.
  • El 35% de las gitanas españolas afirmó haber sido discriminada en la búsqueda de empleo en los últimos cinco años.