En medio de una crisis social, económica, política y sanitaria como pocas veces se había visto, en una región azotada por la pandemia y con colas del hambre que cada vez son más largas, el Parlamento de Cataluña sorprendió a propios y extraños este jueves cuando votó una resolución conjunta de ERC, JxCat, CUP i En Comú Podem para que se restituyera la memoria de las mujeres acusadas de brujería en la Edad Media. La resolución denunciaba «la persecución misógina» contra las mujeres acusadas e brujería y recordó que Cataluña fue «uno de los lugares de Europa donde más mujeres fueron acusadas de brujería». En concreto, se calcula que entre los siglos XV y XVII en Cataluña fueron acusadas, torturas y condenadas por brujería unas 800 mujeres. Algo realmente triste y lamentable pero que, a tenor de varios diputados de la cámara, no sólo se circunscribe al pasado, sino tiene un eco actual en la «persecución que sufren mujeres que son diferentes, que son disidentes», como se pudo escuchar en alguna intervención del hemiciclo.

La bruja, el nuevo icono feminista

Para entender esta resolución hay que remontarse a unos años atrás. En concreto a 2018, cuando la periodista suiza Mona Chollet, jefa de edición del Monde diplomatique, publicó Sorcières, una auténtico éxito editorial donde denunciaba que la caza de brujas durante el Renacimiento y la Edad Moderna europea fueron un auténtico «fenómeno misógino» y alegaba que seguían existiendo cazas de brujas en la actualidad, entendiendo por brujas a todas aquellas mujeres que no siguiesen las normas patriarcales.

Se calcula que entre los siglos XV y XVII en Cataluña fueron acusadas, torturadas y condenadas por brujería unas 800 mujeres

El libro tuvo un eco masivo en el movimiento feminista europeo y se unió a otras obras, como Caliban y la bruja, de la marxista italiana Silvia Federici, que también reivindicaban que las brujas medievales eran, en realidad, mujeres con conocimientos científicos muy avanzados para su época, sobre todo en todo lo relativo a plantas medicinales y cuidados durante el embarazo y el parto.

A partir de ahí, se retomó un viejo icono del feminismo: la bruja como símbolo de la liberación de la mujer, de su empoderamiento, algo que ya se había visto en los años setenta, que luego fue apartado y que, hace pocos años, fue recuperado con fuerza. «Somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar» es un eslogan que ahora se puede ver en cualquier manifestación feminista coreado con fuerza por jóvenes con pancartas. Hay camisetas con la frase, miles de posts en las redes sociales, incluso se han publicado libros recientemente con ese título.

Entre 40.000 y 60.000 condenas por brujería

Es una frase perfecta para una sociedad como la nuestra, más acostumbrada a frases resultonas de Instagram que a sesudos tratados históricos. Porque sí, la caza de brujas existió, pero no afectó por igual a todos los países. En algunos lugares, como lo que hoy es Alemania, hubo una represión brutal, con cifras tan elevadas que, si tuvieran lugar hoy en día, hablaríamos de genocidio. Se calcula que, en toda Europa, entre los siglos XV y XVIII hubieron entre 40.000 y 60.000 condenas por brujería, y que la mitad de ellas se dieron en Alemania, uno de los fenómenos más dramáticos de la historia del continente. Y eso fueron en los juicios serios. Luego, por supuesto, hubo un sinfín de casos indocumentados en donde mujeres –por cierto, también hubo hombres e incluso niños pequeños– fueron linchadas, torturadas y quemadas sin posibilidad de defenderse. Muchas de ellas eran mujeres humildes que fueron acusadas de connivencia con el diablo, aunque su único crimen fue conocer el poder medicinal de algunas hierbas.

El período más intenso de represión y persecución fue en la segunda mitad del siglo XVI y principios del siglo XVII, coincidiendo con un fenómeno que se conoce como «pequeña era glacial», un recrudecimiento súbito del clima que provocó pésimas cosechas e importantes hambrunas. Frente a la necesidad de encontrar un culpable y teniendo en cuenta las supersticiones de la época, las brujas fueron la cabeza de turco perfectas. En ciudades alemanas como Bamberg o Würzburg hubo linchamientos masivos y las ejecuciones se contaban por centenares. Estas villas parecieron estar poseídas por una suerte de histeria colectiva y, no sólo se ejecutó a mujeres, sino también a niños. Las crónicas de la época hablan incluso de ejecuciones de centenares de niños de tres y cuatro años.

En algunos lugares, como lo que hoy es Alemania, hubo una represión brutal, con cifras tan elevadas que, si tuvieran lugar hoy en día, hablaríamos de genocidio

Casos semejantes se dieron en otros países, sobre todo en ciudades periféricas, muy alejadas de las capitales y, por tanto, con menos control de jueces experimentados y con cierta cultura. En Burdeos, un juez estaba convencido de que 3.000 niños de la ciudad llevaban la marca del demonio. En Inglaterra, un solo juez de East Anglia, Matthew Hopkins, mató a más gente por brujería en tres años que en los cien anteriores en todo el país.

¿Y en Cataluña?

Contrariamente a lo que muchas veces se piensa, en España la caza de brujas existió, pero afectó poco. Después de un desgraciado episodio de quema de mujeres en 1525 en Navarra, donde se llevaron a la hoguera a unas 40 personas, la Inquisición decidió tomar cartas en el asunto. Consciente de que se podía extender una histeria como la que azotaba a Alemania, aquí se establecieron criterios muy claros sobre qué era brujería y qué no, y quién podía juzgarla. Es cierto que no siempre se pudo evitar linchamientos populares (los casos de las brujas de Zugarramurdi son el ejemplo más evidente), pero el número total de muertes por brujería fue muy bajo si lo comparamos con lo que estaba pasando en el resto de Europa.

Excepto en Cataluña. A pesar de que las cifras no se pueden comparar con lo que pasaba en Alemania o en Inglaterra, en Cataluña sí que se vieron cifras elevadas de juicios por brujería (si lo comparamos con el resto de España). De hecho, fue en Valls d’Àneu, en el Pirineo catalán, donde se redactó, en 1424, la primera Ley contra la Brujería de la que se tiene constancia en todo el continente europeo. Se calcula que, tan sólo en diez años, de 1619 a 1629, unas cien mujeres fueron colgadas acusadas de brujería.

Una campaña para homenajear su memoria

Pocas eran las personas en Cataluña que conocían semejante dado histórico, pero todo cambió cuando la revista Sàpiens, dedicada a la divulgación histórica y de mucha tirada, dedicó su número de marzo del 2021 a la caza de brujas en Cataluña. Con el título «No eren bruixes«, no eran brujas, los editores de la publicación congregaron a algunos de los mayores especialistas del tema, como Pau Castell y Agustí Alcoberro, para «dignificar a las miles de mujeres que fueron víctimas» de un crimen, el de la brujería, que «nació en el siglo XV en toda Europa, pero que en Cataluña tuvo un peso relevante».

El especial de Sàpiens incluía un censo interactivo donde se pueden visitar los más de 200 municipios donde tuvieron lugar los 700 procesos judiciales entre los siglos XV y XVIII. Gracias al mapa se puede saber que, en Granollers, por ejemplo, fueron juzgadas «diversas mujeres y dos hombres». Se saben los nombres de algunas de ellas: «Eulàlia Lafarga «Ramoneta», Elionor Reig «Maurineta», Anna Boirons, Gabriela Boira i Maria Rosa Solera». En Mataró, una tal Isabel Amada, fue juzgada por la Inquisición en 1665, si bien su causa fue desestimada. Dos vecinas de Sabadell no tuvieron tanta suerte: Joana Sol y Guillema Roberta murieron en la horca tras ser juzgadas por el alcalde de la localidad en 1620.

Tras leer el especial de Sàpiens, una diputada de ERC en el Parlamento catalán, Jenn Díaz, decidió llevar una resolución a la cámara para honrar su memoria. «Con la visión que tenemos hoy en día, hablaríamos de feminicidio y persecución política a la disidencia», explicó en declaraciones a EFE. Por ello quiso «reparar la memoria histórica» y, entre otras cosas, propuso que se les dedicasen nombres de calles a aquellas mujeres que la historia había olvidado.

Enseguida otros grupos se unieron a la propuesta, aunque también hubo quien se quedó al margen. El PSC consideró que quizás no era el momento de semejante debate, dada la crisis económica y social por la que pasa Cataluña y alegando que, en estos momentos, la rehabilitación de la memoria de las brujas juzgadas en la Edad Media no se encuentra entre las principales preocupaciones de los ciudadanos. Ciudadanos, PP y, sobre todo, Vox fueron más contundentes en sus críticas. Estos últimos llegaron a decir que todo aquello era una falta de respeto a la ciudadanía.

Fue un debate en algunas ocasiones tenso lo que se vivió este jueves en el Parlamento a causa de las brujas. Algunos medios han hablado de pequeño aquelarre. Y no les falta razón.