El juez de Nueva York Brian Cogan ha condenado este miércoles a cadena perpetua a Joaquín El Chapo Guzmán, líder durante décadas del sanguinario cartel de Sinaloa. El jurado le ha encontrado culpable de liderar una organización dedicada al narcotráfico que además conspiró para asesinar al menos a 26 personas.

Además de la cadena perpetua, la justicia norteamericana impone al Chapo Guzmán otros 30 años de prisión por violencia con armas y 20 más por blanqueo de dinero. Guzmán, para cuyo juicio se movilizó un dispositivo policial sin precedentes, pasará el resto de su vida en una prisión norteamericana de máxima seguridad.

El Chapo, que recibe su condena con 62 años, ha denunciado en su alegato final en el juicio que su reclusión en Estados Unidos supone «una tortura psicológica, emocional y mental durante 24 horas al día». Unas circunstancias que tendrá que soportar hasta su muerte en una celda.

Asesinato, tortura y secuestro

Guzmán, que cumplió recientemente 62 años, permanece bajo arresto desde 2016 después de haber escapado dos veces de prisión en México en circunstancias extrañas, con la presunta colaboración de sus carceleros. En 2017 fue extraditado a Estados Unidos, donde ha sido juzgado durante tres meses. En su ausencia, el cartel de Sinaloa no ha sido desmantelado y sigue funcionando como la organización criminal más grande de México.

La Fiscalía que ha ejercido como acusación durante el juicio consideró probado que El Chapo Guzmán traficó durante 30 años con casi 530 toneladas de cocaína, 423 toneladas de marihuana y más de 200 kilos de heroína. De toda su venta habría obtenido más de 10.000 millones de euros al cabo de ese tiempo, tirando por lo bajo: fueron consideradas cantidades «conservadoras» por los expertos que han seguido el juicio.

Además, durante el proceso quedó probado que el cartel, bajo la dirección de Guzmán, utilizó la tortura, el secuestro y el asesinato como herramienta de coacción interna y externa para preservar los intereses de la organización. El gobierno norteamericano tratará de recuperar ahora los más de 12.000 millones que atribuye al Chapo como beneficio, aunque se antoja prácticamente imposible identificar todas las propiedades que el criminal utilizó durante toda su vida a través de testaferros para mantener, como hizo durante el propio juicio, el relato de un «campesino» pobre que pasó su vida sin posesiones y huyendo de las autoridades.