Su rostro es uno de los más queridos por los espectadores que, año tras año, han ido familiarizándose con sus maneras suaves y tranquilas de contar la información, adobadas con un rigor periodístico que la han convertido, por derecho propio, en uno de los referentes a la hora de contar noticias en España. Tras doce años en Telecinco, donde presentaba y coeditaba los informativos, pasó a Cuatro, la otra marca del portaaviones Mediaset, en donde ahora dirige Cuatro Al Día, uno de los magazines más exitosos del panorama. Su nombre es, ya lo habrán adivinado, Carme Chaparro.

Polifacética, Carme es además de periodista, una escritora de novelas de gran éxito y pronto verá como su primera criatura, No soy un monstruo, se convierte en serie de televisión. Siempre jovial y lleva de sueños y proyectos, Chaparro me cuenta cómo nació en ella la vocación por contar historias: reales, para lo que se hizo periodista, y de ficción, para lo que se convirtió en novelista.

Aquella niña, lectora compulsiva desde muy pequeña y que sigue diciéndole a su yo del pasado que esté tranquilo porque «todo va a salir bien», retrata en una agradabilísima charla cuál es su foto de la España actual y su particular visión de nuestra clase política… y de los españoles.

Hoy es para mí un placer ofrecerles este café dominical con Carme Chaparro.

P.- ¿Cuándo decides ser periodista?

R.- No lo decido. A mí me gustaba mucho leer y escribir desde pequeña… incluso recuerdo que mientras comía, mis padres no me dejaban tener libros y leía el bote de mayonesa. ¡Incluso me escondía en el baño por las noches para leer! Y no había una salida natural para ansiedad que yo tenía. Había escuelas de escritores, pero nada más. Al final, decidí que iba a escribir, pero sobre cosas que pasaban de verdad. Escribir sobre la realidad. Y eso fue para mí el periodismo. Y hice esa carrera en Barcelona.

P.- Hazme un balance de tu exitosa carrera, a tus 46 años, muy joven aún…

R.- Salí de la carrera con 23 y entré en Telecinco ese mismo año. He tenido mucha suerte por poder trabajar como periodista, trabajar en la información diaria, de actualidad y no dejar de tener nunca trabajo. Y trabajar en buenas condiciones porque esta casa es de las pocas que todavía tienen salarios y condiciones dignas porque yo tengo amigas que tienen mi edad, que estudiaron conmigo, que son excelentes periodistas y que están cobrando siete euros por cada crónica en algunas agencias de noticias. ¡Siete euros! No te da ni para pagar el metro a cubrir el acto ni para pagar la luz y el internet de tu piso y escribir la crónica.

P.- ¿Por qué ha pasado esto? En otros países en los que yo trabajo no ha ocurrido. Y aquí, el periodismo parece una profesión de riesgo, al menos laboral.

R.- Influyen muchos factores. Primero, no nos hemos defendido bien. No es que tengamos la culpa. No hemos sabido crear un sindicato potente. Ves países como EEUU que, es lo que es, es liberal y es terrible pero que tu ves a la gente del audiovisual o a la gente del cine y tienen sus sindicatos fuertes, y todos van a la huelga a la vez. Aquí no hemos sabido pero no es culpa nuestra. Ha habido una crisis tremenda que se ha juntado con la crisis de nuestro modelo de negocio, con la idea de que todo el mundo es periodista porque sube un tuit, de que todo el mundo es opinador porque sube algo a las redes, y con la realidad de que desde un puesto cada vez se hacen más cosas. Antes, para salir en televisión tenías que salir con un cámara, son un sonidista, después volvías, pensabas en tu reportaje, lo editabas, con prisas, pero lo hacías… ahora los partidos políticos te dan señal y ni siquiera tiene que ir un periodista al acto, con lo que te pierdes los gestos y solo ves lo que el partido quiere que veas. No hueles la calle.

Después tienes que hacer el vídeo para tu programa, la crónica para la web, y al final te conviertes en un hombre orquesta. Cada vez más funciones y menos trabajos. Sin olvidar las leyes laborales.

P.- Si tuvieras que elegir el momento más duro, después de tantos años en este oficio, Carme, ¿cuál sería? Y dime también el más bonito…

R.- Le diría a mi ‘yo’ del pasado, de hace años, pero también al de ayer: ¡Deja de preocuparte tanto, que sigues teniendo trabajo!

Tengo una ansiedad perpetua por vivir en el filo de pensar que igual esto mañana se acaba. Es un trabajo muy duro, pero es bonito, y cada día me pellizco y me recuerdo: ¡Qué bien, que es verdad… y que dura! Todos los días son duros para mí, porque pienso que cada uno podría ser el último.

La crisis económica se ha juntado con la de nuestro modelo de negocio, con la idea de que todo el mundo es periodista porque sube un tuit

P.- Esta casa, hace unos meses, tomó la decisión de dejar de emitir los informativos. Es un cambio estratégico, imagino, pero supongo que fue un momento duro…

R.- Una vez que te explican el porqué, lo analizas y te das cuenta de que tienen razón. Tienes una gran cadena que es un buque insignia del grupo Mediaset que es Telecinco, con unos informativos líderes, en los que yo he trabajado veinte años y en un momento dado deciden que se van a hacer otras cosas, que para que se va a calcar el modelo de Telecinco en Cuatro. Y se decide apostar por dar (a Cuatro) mucho más directo y a intentar ensayar nuevas maneras de contar la actualidad. Ahí entra en juego el proyecto de Cuatro al Día. Yo estaba haciendo hasta diciembre el informativo del mediodía y ahora tengo el mismo bloque, pero en el que de otra manera seguimos contando la actualidad, lo que pasa. Al mediodía y luego a partir de las cuatro, con otras tres horas. Con el Golpe de Estado en Venezuela se levantó el programa entero y se contó todo lo que ocurría allí.

P.- ¿Cómo es esto de presentar un magazine? Porque un telediario tiene su propia escaleta, con temas, más o menos, homogéneos, pero un programa ‘magazine’ es un cajón de actualidad, de ‘rosa’ también, con muchos más temas… y con muchas más horas.

R.- Informativos era mi yo profesional y el magazine es más mi yo personal… ese yo al que le gusta reírse con los amigos, o comentar las cosas de Isabel Pantoja en Supervivientes… muchos yo. Y lo que hago en el programa se acerca más a todas estas facetas mías. La que se sienta ahí, soy yo. Puedo mostrar mucho más a la Carme que soy.

P.- ¿Cómo nace la Carme Chaparro escritora?

R.- Como te decía, desde pequeña tenía ansiedad por la lectura. Con doce años leía novelas de lectores adultos. Yo leí Cien años de soledad con catorce años, en primero de BUP. Pero tenía tanto respeto por la literatura que pensé que nunca llegaría a escribir. Y coincidieron dos cosas; una, que una noche un buen amigo mío me ofreció enviarme un programa que era fantástico para escribir, porque yo odio el word. Aquella semana, volviendo a casa, después de salir del informativo, pensé en una noticia que habíamos contado. Y me pregunté qué hubiera ocurrido si el final hubiera sido otro. Probé aquel programa y escribí ese final en el que yo había pensado. Y ese final fueron los dos últimos capítulos de No soy un monstruo… y pensé: ‘Este final no es periodístico, es el final de una historia’. Después se me ocurrió una frase, al igual que en los artículos en los que una frase te arrastra al resto, y esa frase, absurda, me fue llevando al resto de la novela y en dos meses la escribí.

Tú puedes explicarle a un niño lo que es ‘El Quijote’, pero si le obligas a leerlo, si no le gusta leer, acaba odiando la lectura

P.- ¿Entre tu faceta de presentadora o de escritora, con cuál te quedas?

R.- Es que yo no soy presentadora, soy periodista. Los periodistas cuentan historias reales. Los escritores cuentan historias, que son las mismas, pero que no son reales. Al final es lo mismo, pero en vez de escribir sobre algo que pasa es escribir sobre algo que tú te imaginas. En realidad, no es tan distinto.

P.- ¿Por qué en España se lee tan poco? ¿De quién es la culpa?

R.- ¿Del tiempo? En Islandia se lee muchísimo, porque hace tanto frío fuera… aquí tenemos una cultura del ocio, de estar con gente, en los bares… una cultura de compartir, de estar juntos, fuera de casa. Todo ese tiempo es tiempo que no tenemos para otras cosas.

P.- ¿Y no será un problema relacionado con nuestro sistema educativo? ¿Se nos enseña a amar los libros?

R.- No. Cuando yo era muy pequeña leía, como decía, libros de mayores. Y yo amaba los libros. Si a mí no me hubiera gustado leer y hubiera hecho caso de los que me recomendaban en el colegio, como La Saga Fuga y todos estos que para niños de catorce años son infumables, acabaría odiando la lectura. Yo me busqué mis libros. Los que me gustaban a mí. Los que leía en el colegio eran los que me obligaban a leer, aunque no me gustaran. Es fundamental dar a cada niño lecturas que le gusten, a cada nivel. ya tendrá tiempo para leer ‘El Quijote’. Tú puedes explicarle a un niño lo que es ‘El Quijote’ pero si le obligas a leerlo, si no le gusta leer, acaba odiando la lectura.

Vale que hay libros curriculares que son básicos, pero es que igual tiene que cambiar eso. Vale que El Quijote es la piedra angular, pero no obligues a los niños a leerlo a esa edad, porque a lo mejor no están preparados. Haz que lean fragmentos, explícales la época, quién era Cervantes, que imaginen los molinos, pero dale libros que puedan leer.

Hace cinco años, entre amigos se recomendaban libros; el ‘boca-oreja’ hacía que tuvieran éxito. Ahora se recomiendan series

P.- ¿Cómo está cambiando el mundo editorial en España?

R.- Además del libro digital, aunque no hay nada como el papel, hay algo brutal y muy perjudicial para los libros que son las series a la carta y Youtube. Si tú te fijas hace cinco años, entre amigos se recomendaban libros. Ahora se recomiendan series. Y el ‘boca-oreja’, que hacía que el libro tuviera éxito, ha dejado de existir. Ahora se recomiendan series, no libros.

P.- ¿Cuáles son tus proyectos futuros?

R.- No soy un monstruo es la primera parte, de la que por cierto, se está preparando una serie en esta casa, La Química del odio es la segunda, y ahora tengo en la cabeza la tercera parte que cerrará la trilogía… vamos a cerrar el círculo y vamos a saber por qué empieza todo y cómo acaba todo.

Y en octubre, después del verano, vamos a sacar una edición preciosa, ilustrada y cuidadísima, como un pequeño tesoro, que no es novela, pero de la que no puedo dar más datos. ¡Será una sorpresa y te daré la exclusiva!

P.- ¿No tienes miedo a que pase ahora a la pequeña pantalla? ¿No tienes miedo a que, al convertirse en serie de televisión se manipulen las emociones o se transmitan otro tipo de mensajes? Porque la audiencia de televisión no es la misma que la literaria…

R.- No porque yo trabajo en televisión y entiendo perfectamente que el lenguaje audiovisual es totalmente diferente al lenguaje escrito. De hecho, he visto el guion, estoy en ello, y cambian cosas, vamos a sorprender mucho, pero a mí me ha encantado, como me han encantado los actores. En breve podremos saber más cosas, en unos meses veremos.

Este es un país que no se merece a determinados políticos que tiene, pero que los vota

P.- ¿Cómo ves, ya desde tu óptica periodística, la foto actual de este país, de lo que estamos viviendo?

R.- A este país lo salvan las personas. Este es un país de muy buena gente, en el que hay una tremenda solidaridad, un país que se sostiene porque tiene un tejido familiar extraordinario, pero también porque tiene un tejido social, de solidaridad entre vecinos, que aguanta a las personas que lo están pasando mal. Este es un país que no se merece a determinada clase política, o a determinados políticos que tiene, pero que los vota.

P.- Tampoco tiene otra elección.

R.- Ya, pero es así. Luego está el maravilloso clima, o la gastronomía. A España la salvan los españoles. Un país con tantos contrastes entre el norte y el sur, Huelva, o Galicia, o la España de las Castillas. Yo tengo un amigo que ha vivido por todo el mundo y que me dice que viajes por donde viajes y en el idioma que sea, siempre, en todas las conversaciones, sale algo de comida…

P.- Salimos de varios ciclos electorales, en los que hemos tenido que enfrentarnos, entre otras cosas, con las mentiras, con las fake news. ¿Cómo se puede luchar contra esto?

R.- El periodismo es ahora más necesario que nunca. Hay más acceso a la información, pero primero está el filtro burbuja, porque Google ya te filtra las búsquedas en función de tu ideología, o de una enfermedad, si la tienes… las redes no hacen más que confirmar lo que uno es, lo que cree, lo que piensa. Podemos pensar que tenemos acceso a todo, pero es mentira, porque muchas veces son ‘. Los periodistas debemos estar ahí para chequear y para ordenar el mundo en función de lo que nuestra experiencia nos indica que le puede interesar a la gente. El problema es que hay, no medios sino pseudo-medios que se alimentan de esas falsedades, o de esos titulares en los que la información luego lo desmiente. El periodismo de rigor es más necesario que nunca. Debemos desterrar ese otro periodismo, el de titular. Aunque con la crisis actual es muy complicado, somos muy pocos. Yo tengo la suerte de trabajar en una redacción en la que ya somos veteranos y en la que tenemos ese sentido del rigor. En otros medios, no.

El problema es que hay, no medios, sino pseudo-medios que se alimentan de falsedades

P.- Pero por centrar el debate en la polémica sobre el periodismo serio, el periodismo ‘light’ o el periodismo ‘amarillo’, o determinados programas que son muy exitosos pero que están en tela de juicio…

R.- Pues mira, ves Supervivientes, por ejemplo, y es show, no es periodismo. La ‘tele’ está, repito, para hacer compañía. Mi madre tiene a sus amigas, pero cuando está sola en casa, la televisión es lo que le hace compañía, tanto a la gente sola como a la gente que no está sola pero se siente así porque tiene una familia pero no habla en casa…

P.- No hay que tener miedo a la televisión.

R.- No; porque una cosa son los informativos, que son un servicio público, riguroso, y otra los programas de entretenimiento. Todo convive. Supervivientes es un servicio público. Hace compañía, y entretiene…

P.- Y Sálvamé

R.- Claro, también Sálvame, pero es que Sálvame es Supervivientes.

P.- ¿Te han tirado los tejos para entrar en política?

R.- No. Y espero que no lo hagan. No me interesaría.

La televisión está para informar, acompañar o entretener. Pero su función principal no es educar

P.- ¿Cuánto crees que nos representa la televisión? Ya hemos dicho que la política poco, pero… ¿y la tele?

R.- Mucho. Me indigna que se hable de telebasura. Hay comida basura, porque provoca enfermedades, o me sube los niveles de glucosa o me afecta a las arterias… médicamente es así, pero… ¿la tele, para que sirve? Tiene una función educativa, sí, pero puedes ver los documentales. La televisión está para informar, acompañar o entretener. Pero la función principal de una televisión generalista no es educar. Es como si tú le dices al colegio: ‘Oiga, edúqueme al niño, enséñele a ser educado, a atarse los cordones… no, perdóneme, eso lo hace la familia’. Esto es lo mismo. La tele informa, pero sobre todo acompaña y entretiene. La televisión hace que cuando alguien que está fuera de casa, ‘currando’ diez horas por ochocientos euros al mes y con un jefe que no le respeta, lo que quieres es llegar a casa, sentarte y reírte, con gente que te acompañe y te quiera. Lo estamos viendo; ¿por qué tiene estos datos de audiencia ‘Supervivientes’? Porque a la gente la gusta. Cuando yo era pequeña, en mi pueblo, las vecinas salían a la calle con las sillas y comentaban. la ‘tele’ ahora cumple esa función.

P.- Tú sabes que yo, obligo a los políticos con los que trabajo a ver Supervivientes, y en el programa de Ana Rosa, en mis ‘sets’ así lo he dicho, porque es parte de la vida. Y al final, todo el mundo vota; los que ven Supervivientes, o Sálvame… y la gente y sus representantes, tienen que conocer también el sentir de su pueblo a través de la televisión.

R.- Indudablemente, así es.

P.- Si miraras atrás, a aquella niña que leía tanta y que soñaba… ¿qué te falta? ¿Cuáles son los sueños profesionales y personales que te quedan?

R.- No soy una persona ambiciosa. Te he dicho ya que he tenido mucha suerte en la vida. He trabajado mucho, sí. Pero hay gente que trabaja mucho también y no tiene esa suerte. Si yo volviera y hablara con mi yo del pasado le diría: ‘Estate tranquila que todo va a ir bien’. ¡Claro que podría pedir que me tocaran cien millones! Pero mi mantra es: ‘Virgencita, virgencita, que me quede como estoy’. Solo con eso, ya sería inmensamente feliz.