Televisión

Ana Carlota Fernández, de 'Las chicas del cable' a 'Sueños de libertad': "No me hubiera gustado interpretar a una mujer fatal"

A Ana Carlota Fernández la conocerán por Los protegidos, Amar es para siempre, Las chicas del cable… Y por Sueños de libertad. La actriz es una de las varias incorporaciones al serial de época que emite Antena 3 de lunes a viernes a primera hora de la tarde. De hecho, aparece en el póster junto a Natalia Sánchez, Oriol Tarrasón y Dani Tatay. Su personaje, Valentina, llegó a la colonia como amiga de Cloe Dubois (Antea Rodríguez) y nueva dependienta de la perfumería. En estos dos últimos meses, la audiencia de Sueños de libertad ya sabe qué le ocurrió a Valentina antes de llegar a Toledo, y ha presenciado el lento acercamiento entre ella y su superior, Andrés de la Reina (Dani Tatay).

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P.- Cómo es el universo que coincides en la misma serie con otra actriz que también se llama Ana Fernández [Digna].

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R.- Mira, hace diez años compartimos función en el Teatro Español bajo la dirección de José Luis Garci, y ella hacía de mi madre. Yo añado ‘Carlota’ por respeto hacia ella, que es mayor, y por su sabiduría, por supuesto. A mí me pusieron Ana Carlota cuando nací, así que aproveché mi segundo nombre; para eso lo tengo. Cuando coincidimos en algo yo añado el ‘Carlota’.

P.- Ana Fernández tiene un Goya [por Solas, 1999]. O sea, hay mucho nivel en las series diarias.

R.- Claro que hay nivel. Hay un repartazo en esta serie.

P.- ¿Qué tal la incorporación a Sueños de libertad?

R.- Muy contenta. Al principio, acojonadilla, como todos los nuevos que entramos porque es una máquina que ya está funcionando. No es lo mismo empezar un proyecto desde cero donde está todo el mundo asustado. Ahí el 90% no está asustado y el 10% está asustado. Entonces tienes que estar muy atento y ser muy rápido para meterte en la dinámica y no interferir; que los nuevos no demos por saco.

P.- Sueños de libertad no es tu primera serie; hiciste Amar es para siempre.

R.- Hace diez años, cuando estaba haciendo teatro con Ana Fernández, José Luis Garci, Miguel Ángel Muñoz y Gary Piquer, a la vez estaba en Amar es para siempre.

P.- Menudo trote.

R.- También es cierto que yo, en Amar, no me hice la temporada entera. Me llamaron en febrero para entrar. Entramos unos cuantos, de hecho; también entraron Nico Romero, Ana Polvorosa… Entré [para estar] 3 meses, y luego los tres nos fuimos a Las chicas del cable

P.- Y ahora otra época. De Las chicas del cable, que acabó en la Guerra Civil, en los años 30 ó 40, te vas a 1961, a las afueras de Toledo, con esta Valentina que como actriz, al igual que el espectador, vas conociendo poco a poco una vez te llegan los guiones.

R.- Sí. Al final, claro, las series diarias vas poco a poco. Te dan unos primeros rasgos. Evidentemente, al principio, te dicen para qué llega el personaje, con quién va a tener trama… Pero vas día a día, bloque a bloque, en plan: ‘¿Ahora qué le pasa?’. O ‘ahora viene no sé quién y tiene este conflicto’. Lo vas descubriendo y construyendo día a día.

P.- Tu personaje entra a través del de Cloe. Da la sensación de que Valentina va a relacionarse, no solo con sus compañeras de la perfumería, sino también con la familia protagonista, los de la Reina.

R.- Sí, con Andrés. Ahí sí que nos explicaron muy bien desde el principio cómo iba a ir esta trama. Lo han planteado de una manera muy inteligente: el núcleo de la serie es la gran historia de amor de Andrés y Begoña. Su amor es imposible como en todas las series, y como guionista dices: 'Si meto un tercer personaje como el de Gabriel, tiene que ser ultramalo'. Pero Valentina no es mala. Begoña le ha dejado claro a Andrés que no puede estar con él, que le va a querer toda su vida, pero que antepone a sus hijos.

Entonces, Andrés necesita tener una nueva ilusión. Y por cosas de trabajo se cruza con Valentina. Pero, claro, Valentina también tiene su mierda detrás. Ellos conectan a través del trabajo, de la cultura, del teatro, de la pintura… Van a ir  contándose sus heridas, y ayudándose el uno a otro a superarlas, con sus miedos. A mí no me hubiera gustado que me dijeran: 'Vas a llegar a la serie como una femme fatale y vas a decir: 'Andrés, ven que te amo'. A mí no me había molado ese tipo de personaje. Sin embargo, al llevarlo desde ese otro lugar, es tierno; sobre todo para que los espectadores tengan ese debate: ¿cómo no va a rehacer su vida este chico?

P.- El público de la diaria es exigente, y ama u odia a los personajes.

R.- Al final es todos los días. Una serie de plataforma tiene pocos capítulos. Los fans los viven, los analizan, y se acaba; ven otra serie hasta que haya una nueva temporada. Pero esto es todos los días entre semana, a cuentagotas, y van analizándolo.

P.- ¿Da cierta seguridad como actriz formar parte de una serie diaria?

R.- Es un compromiso bestial. Hay que tenerlo muy, muy claro. Yo, de hecho, tuve mi par de días de decir: 'Vamos a ver'. Es un curso escolar. Los actores no estamos acostumbrados a trabajar tanto tiempo seguido en un mismo proyecto, a ese nivel de estudio como nunca y de  compromiso. Es algo que tienes que plantearte y por lo que estar superagradecido y feliz de decir: 'Dios, hasta julio no me tengo que preocupar'.

Son muchos ingredientes: Sueños de libertad es la serie más vista de la televisión, empecé y llevo toda la vida en Antena 3, no te tienes que preocupar hasta julio, la productora se adapta muy bien a si de repente te llama Woody Allen o te quedas embarazada… Son conscientes de que también somos humanos y tenemos planes personales. Al final lo pones sobre la balanza y tiras para adelante. Ya no estamos en ese punto en que los actores de las series diarias no trabajan; mentira. Hay leyendas que han trabajado y trabajan en esta serie.

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