Cochinas es la nueva serie española de Prime Video. La plataforma de Amazon estrenó este viernes 24 de abril los ocho capítulos de su primera temporada. Malena Alterio, Celia Morán y Álvaro Mel son, en la ficción, Nines, Chon y Agustín. El trío Calaveras. Cada uno de su padre y de su madre. Los tres están detrás del videoclub donde transcurre la acción: Valladolid - 1996. La cosa tiene miga, pues el negocio, a finales de siglo, está en el cine para adultas. Hablamos con los creadores y guionistas de Cochinas, Carlos del Hoyo e Irene Bohoyo, que repiten como dúo creativo tras la película Todos los lados de la cama (ya en Netflix). Él fue además uno de los creadores de la serie Señoras del (h)AMPA.

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P.- ¿De qué hablamos cuando hablamos de sexo - porno?

R.- (Irene Bohoyo) Hablamos de liberación, empoderamiento, hermandad, autoconocimiento…

R.- (Carlos del Hoyo) No nos hemos dejado nada para la segunda temporada; si la hay. Hemos quemado todas las naves. Hablamos de porno, pero el porno, en realidad, es el vehículo, la excusa para hablar de otras cosas que nos tocan muy de cerca, como la liberación sexual, la autoexploración; el reconciliarte con tu propio deseo, con tu propio placer, con tu propio cuerpo… Antes de lanzarnos a escribir la serie [Cochinas], nosotros teníamos claro que queríamos hacer una serie que hablara de sexualidad. Nos faltaba todavía en España nuestra propia Sex Education.

Pero Sex Education se centra mucho en los adolescentes, y nosotros queríamos ir más allá y hablar del deseo de las mujeres de cierta edad. Hicimos una lista de temas que rara vez habíamos visto reflejados en la ficción y que nos parecían interesantes de abordar, como el deseo de personas neurodivergentes, el sexo en la tercera edad… Hablamos con sexólogos para que nos nutrieran de historias y de conflictos con los que llegan habitualmente los pacientes a sus consultas; qué es lo que al español medio le perturba respecto a su sexualidad.

P.- Cochinas no es una serie procedimental, pero en cada episodio hay temas que tratar. ¿Cómo meter todo y no hacer un Powerpoint?

R.- (Irene Bohoyo) Estando muy enfocados en la historia de Nines; qué queríamos contar con ella y los dos personajes que la acompañan, y a partir de ahí las cosas fueron encajando. Le dimos muchas vueltas. Trabajamos muchísimo y releíamos [los guiones] muchísimo, pero fue una evolución natural. Teníamos claro qué temas queríamos contar, qué conflictos sexuales queríamos que estuviesen; y luego fue una cuestión de ver cómo iban encajando dentro del arco de Nines y del Dorothy [el videoclub].

R.- (Carlos del Hoyo) Intentábamos que no todas las tramas fueran auto-conclusivas [o sea, que empiezan y acaban en el mismo capítulo]. Por ejemplo: el conflicto de uno con su cuerpo no es una cosa que se pueda solucionar en un episodio porque no funciona así la vida real; o si tienes problemas de pareja o de comunicación. Hay algunos temas que sí se cierran en un capítulo, y otros que se abren y continúan a lo largo de la serie.

También nos diferencia de Sex Education que aquí no hay ningún personaje experto en sexualidad que vaya instruyendo al resto; aquí todos van aprendiendo sobre la marcha. El proceso de aprendizaje es una carrera de fondo. En el capítulo 2, Nines empieza a hacerse preguntas y se pone en plan 'Dora la exploradora' del sexo; empieza a experimentar con la alcachofa de la ducha… Nines debía compartir ese viaje con el espectador, poquito a poquito, como les pasa a todos los personajes.

R.- (Irene Bohoyo) Nos gustaba mucho que fueran descubriendo estas cosas de una manera casi torpe, y cómo Nines desata una revolución sin querer, a pesar de ella.

P.- Me he imaginado cómo hubiese sido la serie [Cochinas] sin mostrar los genitales de los intérpretes. Entiendo que queríais dar naturalidad a los cuerpos; esa Malena Alterio mirándose al espejo, desnuda.

R.- (Carlos del Hoyo) O sea, no podía contarse esta serie [Cochinas] sin esa genitalidad, sin ese nivel de exposición, que es muy exigente y por el que mucha gente no se ha visto capaz de sumarse a este proyecto con todo el dolor de su corazón y que nosotros respetamos; faltaría más. Todos sabían a lo que venían; sabían que contábamos con un departamento de intimidad que les mimó y arropó en todo momento. Para nosotros era impepinable –nunca mejor dicho– este nivel de exposición. Desde el minuto 1 ya hay una declaración de intenciones cuando se muestra ese primer pene. La gente se violenta menos cuando ve unos pechos de mujer, pero cuando ve un pene, de repente, cortocircuita algo en la cabeza. O te quedas [viendo Cochinas] o te vas.

P.- Durante mucho tiempo, la última frontera, incluso en cadenas como HBO, era el pene y los tipos de pene que se mostraban [en pantalla]. ¿Cuál es la nueva última frontera? ¿Mostrar penes erectos?

R.- (Carlos del Hoyo) Efectivamente; esa es la última frontera. Creo que hemos cruzado todas las demás; o lo hemos intentado.

R.- (Irene Bohoyo) No se han utilizado prótesis en esta serie [Cochinas]. Todo lo que se ve es completamente natural. Si estamos hablando de la naturalidad del cuerpo, no vas a andar poniendo prótesis ahí. Esto era muy importante y lo teníamos clarísimo nosotros, Prime Video y nuestros productores. ¿Cuál es la frontera entonces? Pene erecto.

P.- ¿Por qué Valladolid - años noventa? ¿Por qué Pucela?

R.- (Carlos del Hoyo) Años noventa porque era la época dorada del porno antes de que llegara a internet y se produjera la democratización del porno, esa accesibilidad que hay hoy en día. Y porque era una época en la que España estaba todavía viviendo su propio despertar sexual; estaba pasando a la adolescencia. Como país veníamos de una época de muchísima represión. Eran ya los últimos coletazos de la Transición, y nos creíamos muy modernos, pero no éramos tan modernos. Y ya que nos centrábamos en mujeres que rondan los 50 [años], era una generación que se había criado pensando que el placer y el disfrute sexual era cosa de guarras. O sea, el sexo era una obligación más dentro del matrimonio para satisfacer a su marido.

Contar esta liberación sexual por parte de unas mujeres, que de repente abren la puerta al maravilloso mundo del onanismo, tenía mucho más sentido que vinieran de una época de represión. Era una época en la que no existía todavía tantísima educación sexual. La enciclopedia sexual de nuestra generación [nacidos a principios de los años ochenta] era el consultorio de las revistas SuperPop y Bravo, y programas como el de Lorena Berdún, que era maravilloso. Este analfabetismo sexual en los noventa era un caldo de cultivo; tenía un potencial cómico muy guay. De repente, mujeres y hombres hablando de sus dudas sexuales que nunca habían compartido con nadie.

R.- (Irene Bohoyo) Era la época en que el porno estaba en su máximo esplendor. Y también nos permitía volver al universo del videoclub. En un inicio iba a ser Madrid, pero estamos un poco cansados de que todo pase siempre en Madrid. Y era más interesante, y tenía mucho más contraste, que nuestra protagonista fuese una ama de casa, conservadora, en una ciudad de provincias; y si podía ser castellana, mejor. Toda mi familia es de Ávila; tenemos un carácter de aquella manera. Colocar la historia en Valladolid ya te ubicaba en un entorno que no tiene por qué ser, en realidad, tan así, pero está en el imaginario de todos. Fíjate: el Dorothy está en Valladolid.

P.- Cochinas es una serie de época. Parece que fue ayer, pero han pasado casi treinta años. Transcurre en 1996. ¿Cómo dialoga con el presente? Hay conflictos que se abordan en la serie que siguen abiertos.

R.- (Carlos del Hoyo) Han pasado treinta años, pero no hemos evolucionado en muchas cosas; en muchas otras sí. Nosotros, al escribir, hemos tenido que hacer el ejercicio de abordar temas sensibles desde la perspectiva del año 98; los personajes no pueden saber ni estar despojados de prejuicios que hoy en día hemos conseguido despojarnos. Con todo y con eso, nos sorprendía ver que todavía hay temas muy sensibles, que hay mucho tabú, y que nosotros mismos tenemos prejuicios a la hora de abordar ciertos temas para los que nos han echado una mano.

El departamento de intimidad nos ayudó mucho desde el proceso de escritura. Mucha gente piensa que el departamento de intimidad está sólo para coreografiar escenas sexuales, y no es así. Aquí, cada vez que abordábamos un tema sensible que tenía que ver con la sexualidad, ellos nos ilustraban, y nos nutrían de material e historias para no caer en clichés. Por ejemplo: el sexo en personas neurodivergentes. No queríamos ser paternalistas, pero podíamos pecar de serlo.

P.- ¿Hay un riesgo a la hora de ser megadiversos? Quien mucho abarca, poco aprieta.

R.- (Irene Bohoyo) Yo tengo la sensación de que nos hemos dejado colectivos y gente fuera. Hemos sido muy diversos, pero también hemos tenido muy presente que no cabían más. Si esta gente está en nuestro día a día, ¿por qué no va a estar en la serie [Cochinas]? Yo no tengo la sensación de que nos hayamos pasado [de diversos].

R.- (Carlos del Hoyo) No ha sido una cosa impostada. Ha sido una cosa de coger a la gente que vemos en nuestro día a día, a gente de nuestro entorno, a nuestra familia, a nuestros vecinos, a nuestros amigos; y reflejar. Resulta curioso que parezca provocador o transgresor hacer una serie diversa cuando la vida es diversa. Estábamos hartos de ver comedias sexuales donde siempre follan los mismos. Gente con cuerpos de Marvel, tío. ¡La gente folla! ¡Toda la gente folla! No sólo follan los guapos o la gente con cuerpos esculturales. La serie [Cochinas] tiene un punto de reivindicación –casi política, si me apuras– de que el sexo es para todos.