La 78º edición de los premios Emmy pasará a la historia por la contundencia con la que la Academia de la Televisión ha decidido premiar la renovación y relegar sin contemplaciones de su palmarés a los tótems de las últimas ediciones. En una sola noche, la televisión estadounidense certificó un cambio de guardia incontestable: mientras fenómenos globales que marcaron la última década como Euphoria, Stranger Things o la antes intocable The Bear se marchaban por la puerta trasera prácticamente de vacío, una sátira de terror ambientada en una isla encantada se convertía en el nuevo estándar de la comedia norteamericana.
La maldición de Widow's Bay (Apple TV) firmó una noche apabullante. Sus 14 estatuillas –sumando la gala principal y los apartados técnicos entregados la semana previa– no solo han batido el récord histórico de galardones para una serie de comedia en una sola entrega, sino que arrebataron el trono en su temporada de cierre a la gran favorita de la crítica, Hacks. Con los premios a mejor serie, mejor guion (para su creadora Katie Dippold), mejor dirección (para Hiro Murai, quien hace historia como el primer cineasta asiático en ganar en esta categoría) y el doblete interpretativo en reparto para Kate O'Flynn y Stephen Root, la producción tan solo dejó escapar una estatuilla de su género.
La culpa de que Widow's Bay no firmara un pleno absoluto en la comedia la tuvo Jean Smart. La veterana actriz logró su quinto Emmy por encarnar a la implacable diva Deborah Vance en Hacks (el octavo de su carrera), convirtiéndose en la primera intérprete en la historia que gana el galardón a mejor actriz por todas y cada una de las temporadas de una serie. Con este triunfo, Smart comparte ahora el récord absoluto de ocho galardones interpretativos junto a Cloris Leachman, Julia Louis-Dreyfus y la gran sorpresa dramática de la gala, Allison Janney, reconociblemente atónita tras subir al escenario a recoger el premio por La diplomática (Netflix).
El récord de Matthew Rhys
Si la noche tuvo un nombre propio con letras de oro en los libros de historia, ese fue el del galés Matthew Rhys. En una hazaña jamás vista en los 78 años de andadura de los premios, Rhys subió dos veces al escenario para recoger el Emmy a mejor actor principal: primero en el apartado de miniserie por el thriller de Netflix The Beast in Me y, horas más tarde, en el de comedia por su papel como el atribulado alcalde de Widow's Bay. Sumados a su estatuilla de 2018 por The Americans, Rhys se convierte en el primer actor masculino en conquistar la 'triple corona' (drama, comedia y miniserie), un club de leyenda donde hasta la fecha solo figuraba Barbara Stanwyck.
Sin embargo, la victoria del galés certificó un dato demoledor que encendió de inmediato los debates en redes sociales: los diez premios interpretativos entregados en la gala principal recayeron en actores blancos. Este pleno de ganadores caucásicos reactiva el fantasma del movimiento #EmmysSoWhite en la edición con menor presencia de diversidad en los últimos años, tras registrarse una caída del 39% en las candidaturas de intérpretes de comunidades "infrarrepresentadas" –solo 17 nominados frente a los 28 del año anterior y muy lejos del récord de 49 alcanzado en 2021–. La falta de diversidad en el palmarés empañó las bazas latinas de la noche, donde también cayó derrotado el colombiano Carlos Manuel Vesga por Pluribus, dejando los únicos reconocimientos a intérpretes de color en la gala técnica previa para Ernest Harden Jr. (The Pitt) y Octavia Spencer. La única excepción detrás de las cámaras fue la del cineasta de origen japonés Hiro Murai (Widow's Bay), primer director asiático en ganar en la categoría de comedia.
Estabilidad en el drama
En el terreno dramático, la estabilidad se impuso a las sorpresas. The Pitt (HBO Max) revalidó su reinado como mejor serie de drama por segundo año consecutivo –un logro que ninguna producción alcanzaba en sus dos primeras entregas desde que Mad Men lo hiciera en 2009– y le otorgó a Noah Wyle su segundo galardón consecutivo como actor principal. En las categorías femeninas, Rhea Seehorn obtuvo por fin el ansiado reconocimiento como mejor actriz dramática por Pluribus, mientras que en miniseries la aclamada DTF St. Louis (HBO) se alzó como vencedora y una incombustible Sally Field, a sus 79 años, se convirtió en la intérprete más longeva en ganar la categoría de miniserie por Criaturas luminosas.
En la gala celebrada en el Peacock Theater de Los Ángeles hubo espacio para la emoción en los homenajes a las leyendas fallecidas este año –Sally Field y Reba McEntire recordando a Dolly Parton; Macaulay Culkin homenajeando a su "madre en la pantalla" Catherine O'Hara; y Jamie Lee Curtis a Rob Reiner–, alcanzando su cénit con la cerrada ovación en pie a un emocionado Michael J. Fox al recibir en silla de ruedas el premio humanitario Bob Hope por su lucha contra el Parkinson.
Hubo apenas pinceladas de discurso político –más allá del británico Alan Cumming (The Traitors) llamando al voto en las midterms de noviembre y Stephen Colbert pidiendo trabajo para el equipo de su cancelado The Late Show– y abundaron los guiños a la cultura pop, coronados por una parodia de Ley y orden donde la presentadora Mariska Hargitay reclutó por sorpresa a Taylor Swift. La televisión cambia de piel, pero el espectáculo no se detiene.
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