Ana Julia Quezada, la autora confesa de la muerte del niño Gabriel Cruz, ha afirmado hoy que vio al menor dirigirse a ella con un hacha en la mano y que le dijo que era «fea», que no quería que estuviera con su padre y que se fuese a su país.

«Le dije, te vas a hacer daño, deja el hacha. Me dijo: Tú a mí no me mandas, que no eres mi madre, que tienes la nariz fea, que no quiero que estés con mi padre, que quiero que te vayas a tu país», ha manifestado Quezada en su declaración. «Simplemente le tapé la boca, no quería hacerle daño al niño, quería que se callara», le puso la «mano derecha en la boca y en la nariz, no recuerdo en la nuca o dónde», afirmando que estaba «muy nerviosa».

En otro momento de la declaración, en respuesta a la fiscal Elena Fernández, Quezada ha explicado que se había encontrado al niño entre unos matorrales, «a la derecha» de la salida de la vivienda de su abuela en Las Hortichuelas Bajas, en Níjar (Almería) y que le había dicho que lo llevaría con sus amigos en «10 o 20 minutos».

«Le dije, qué haces ahí. Me dijo que estaba haciendo tiempo para que comiesen los primos. Le pregunté si quería venirse conmigo a Rodalquilar aunque no pintemos, ventilamos la casa y te traigo en 10 o 20 minutos con tus amigos y se vino conmigo», ha afirmado.

Camiseta y esperanzas al padre

Ana Julia Quezada también ha afirmado este martes que colocó la camiseta del menor que ella misma simuló encontrar porque «quería que me cogieran, porque no era capaz de decirlo con mis propias palabras, yo quería que me atraparan».

Aunque previamente había manifestado que lo hizo para dar «esperanzas al padre del niño, Ángel Cruz, este martes ha sostenido en respuesta a la fiscal Elena Fernández que quería que la «encontraran porque no podía aguantar más ese secreto».

Ha relatado que había guardado la ropa de Gabriel en el cuarto en el que dormía con Ángel y que el 3 de marzo del año pasado le dijo: «Vamos (…) al barranco de Las Negras, por las Agüillas, por esa zona». «Le dije, vamos a dar un paseo. Cogí la camiseta del armario. La metí en la mochila, cogí mi coche. Vamos Ángel y yo a ese sitio. Yo fui a colocar la camiseta allí».

Aprovechó que el padre estaba «hablando por teléfono con un médium o un periodista» y que subió a ver un cortijo para dejar la camiseta en un cañaveral y entonces simuló encontrarla.