«Cuando estemos arriba atacamos, cuando estemos abajo defendemos». Con estas impetuosas declaraciones pretendía el exseleccionador femenino de fútbol, Ignacio Quereda, motivar durante 27 años a sus jugadoras para los torneos internacionales. Con sus «quiero erradicar el lesbianismo y los malos hábitos» y su alevosía al sugerir que «a ti lo que te hace falta es un buen macho», se ganó situarse en el lado opuesto de una guerra que únicamente buscaba aliados. La eliminación de la absoluta femenina del Mundial de Canadá en 2015 fue la cerilla que vació la caja.

Todas las declaraciones anteriores salen a la luz por primera vez en No las llames chicas, llámalas futbolistas (Libros Cúpula), un recorrido por la historia y evolución del fútbol femenino en España que la periodista Danae Boronat (Tarragona, 1985) ha compilado para «dar voz» a las mujeres que pelearon contra barro y prejuicios.

Lastradas por un deporte con tradición y hemeroteca masculina, éstas han tenido que pisar una pasarela de fuego y piedras, mientras que el camino de sus referentes estaba asfaltado. Tras una histórica huelga que pidió amparo y dinamitar unas condiciones paupérrimas, y una lucha para conseguir la profesionalización, el fútbol femenino goza ahora de sus mejores minutos. Desde Movistar, y recorrida al completo por el fervor del deporte que dice mover mundo, Boronat busca, rasca y responde ante una de las mayores polémicas, y lacras, vividas en el deporte en España.

Pregunta.- ¿Qué puntos de referencia te llevan a No las llames chicas, llámalas futbolistas?

Respuesta.– Desde que narré el Mundial de Francia de 2019 me di cuenta de que había muy poca información sobre ellas: conocíamos muy poco sus historias, la vida que habían llevado para llegar hasta donde han llegado, sus trabas o aquellos que las habían apoyado. Pensé en darles voz a ellas, que contaran sus vidas y cómo es ser futbolista en España.

P.– Como periodista deportiva, habrás evidenciado esta lacra informativa de cerca.

R.– Sin duda, el trato por parte de los medios está lejos de ser igualitario. De los hombres se habla siempre, hagan lo que hagan, pero ellas tienen que conseguir grandes éxitos y metas para que se hable de ellas.

P.- Nadie pondría en tela de juicio las intenciones de Leo Messi o Cristiano Ronaldo de cuestionar a un entrenador al que toda la plantilla ha decidido denunciar. ¿Por qué ellas tuvieron que pedir disculpas por la salida de Ignacio Quereda?

De los hombres se habla siempre, hagan lo que hagan, pero ellas tienen que conseguir grandes éxitos y metas para que se hable de ellas»

R.- Cuando ellas lo denuncian en 2015 y hacen la carta pública para que él se marche, la Federación tarda más de un mes en reaccionar. De hecho, no lo querían tirar. Ellas dicen que si él sigue entrenando se marchan de la Selección y la Federación les obliga a disculparse por haberse atrevido a denunciarlo de forma pública. Tuvieron que pedir perdón, pero a ellas nadie les ha pedido perdón. Consiguieron que Ignacio Quereda se marchara, porque ni siquiera le echaron. Hubo, además, un comunicado público en el que se le agradecía todo lo que había hecho por el fútbol femenino, manda narices. Muchas generaciones anteriores se habían quejado, pero sufrieron las represalias. El miedo las había coartado, nadie las escuchaba.

P.- ¿Hubiese ocurrido lo mismo con la absoluta masculina?

R.- Si esto le hubiera pasado a un grupo de hombres, sería portada de todos los periódicos. A nivel generalista le estáis dando mucho más valor e importancia a esos testimonios que a nivel deportivo. Los medios deportivos me han hecho alguna entrevista, están hablando de ello, pero si hubiera sido con hombres estarían buscando los testimonios… de momento no está pasando.

P.- ¿Es el fútbol femenino un reducto más machista que el conjunto social?

R.- Totalmente. He recibido llamadas diciéndome que Quereda no es el único, que hay muchos Quereda en España y me han dado algún nombre importante. Solo hay que fijarse en el nivel del baloncesto o balonmano, mucho mejor considerados y con grandes éxitos en España. Ahí no ha habido tanta resistencia a las mujeres. Ha sido en el fútbol, porque se niegan a repartir el pastel, porque creen que es un deporte de hombres. Todavía hay muchos dirigentes y machos que consideran que las mujeres nunca van a jugar al fútbol como los hombres. Son prejuicios machistas y estereotipos que están totalmente instalados.

Si Leo Messi va a ver un partido del Barcelona femenino, esa imagen da la vuelta al mundo. Un gesto tan simple supone un espaldarazo increíble»

P.- En el libro se recogen testimonios de Borja Iglesias, Antoine Griezmann o Andrés Iniesta. Algunos entonan el mea culpa por la falta de apoyo a sus compañeras. ¿Por qué no ha habido un mayor espaldarazo a éstas?

R.- El por qué creo que apela a razones muy personales e íntimas, casi te diría intrínsecas al ser humano, como es el egoísmo. Cuando se produjo la huelga en 2019, fueron muy pocos los futbolistas que las apoyaron públicamente. Sinceramente, creo que tienen miedo a que se tengan que repartir el pastel. El fútbol masculino es un negocio que se ha deshumanizado completamente y no están dispuestos a repartir esta tarta con ellas, y menos ahora con el Covid, la crisis y con jugadores que se han bajado el sueldo. Si Leo Messi va a ver un partido del Barcelona femenino, esa imagen da la vuelta al mundo. Un gesto tan simple supone un espaldarazo increíble.

P.- ¿Y por parte de tus compañeros periodistas?

R.- En el caso de los periodistas creo que el tema va un poco más allá. Para todo lo que cuesta un poco más de esfuerzo, pues a la hora informar de ellas tienes que estar un poco al día de la actualidad y de los partidos, dicen “mira no, se lo dejamos a las mujeres”. En el Mundial de Francia, de los 30 medios acreditados, 25 eran mujeres. En los torneos masculinos puedes contar con los dedos de la mano las mujeres que lo cubren.

P.- ¿Hay moda o presión social a la hora de impulsar el fútbol femenino?

R.- Hay muchos que lo hacen por postureo, por quedar bien o por responsabilidad social. Sea por el motivo que sea, la cosa es que lo hagan. El Real Madrid ha llegado al fútbol femenino, pero no cree de verdad en él por su forma de actuar, por la política comunicativa totalmente cerrada de sus jugadoras, por no dar entrevistas… no han entendido nada, no saben que el fútbol femenino lo que necesita es promoción y márketing. Muchos esperaban que su llegada supondría un antes y un después, y no ha sido así.

El fútbol masculino es un negocio que se ha deshumanizado completamente y no están dispuestos a repartir la tarta con ellas»

P.- Ser periodista deportiva en redes sociales es un verdadero deporte de riesgo. ¿Cómo lidias con que te llamen golfa en Twitter por opinar de fútbol?

R.- Llevo más de 15 años en el periodismo deportivo y me he enfrentado a todos, a situaciones y personas, a jugadores, a dirigentes, a compañeros, a periodistas, a jefes y a aficionados que me han menospreciado por el simple hecho de ser mujer. En el mundo del fútbol no hay posibilidad de hacer debates reposados o análisis sesudos, es todo visceral. Te vas haciendo la piel más gruesa, cargando todo a la espalda y les dices a tus familiares que no entren a Twitter.

P.- La sociedad está repleta de mujeres interesadas en el deporte, pero dicha tendencia no se refleja ni en los medios, ni en las tertulias. ¿Hay hueco para ellas en un complicado gremio como el del periodismo deportivo?

R.- Vamos avanzando, pero hay muchos trabajos que todavía no nos dejan hacer. ¿Por qué todavía no hay una conductora en los programas nocturnos de radio de referencia? ¿Por qué no hay mujeres dirigiendo las redacciones deportivas? Somos nosotras las que tenemos que seguir empujando. Para narrar, tuve que ofrecerme yo. Tuve que demostrar que me estaba preparando, hacer varias pruebas, lo que no ha hecho ningún hombre. Tenemos que perder el miedo a reclamar esas oportunidades, no esperar a que venga un hombre a dárnoslas. Él no va a decir, ven Cynthia, ven Danae, te voy a convertir en la primera mujer presentadora.

P.- Tu rol en los medios se ha convertido en un altavoz para reivindicar a la mujer en puestos que no suele ocupar.

R.- He tenido la suerte de que me hayan dado la oportunidad, o confianza, de dirigir y presentar un programa en el que todo son hombres. Me siento responsable de lanzar el mensaje de que si estoy aquí, cualquier niña o adolescente puede llegar. Para eso tenemos que no tener miedo a dirigir a hombres, al qué dirán o a tener que demostrar más que ellos.